La transformación demográfica que acontece en el mundo es vertiginosa, creciente y de consecuencias significativas para la vida de las poblaciones, determinará en gran medida el futuro de los países y del planeta en su conjunto.
El escenario gerontológico cubano se caracteriza por un envejecimiento acelerado que continuará acentuándose en los años venideros. En 2017 la población de Cuba era de 11 230 142 habitantes, de ellos 20,1 % tiene 60 años y más de edad.
Las proyecciones de población de Naciones Unidas señalan que entre 2010 y 2050 la población mundial de mayores de 65 años se multiplicará por tres, pasando de 523 millones a 1,486 millones. De igual modo, serán los países en vías de desarrollo los protagonistas de este proceso de envejecimiento, en tanto su población de mayores de 65 años y más se multiplicará por 3,5; mientras que en los países desarrollados se multiplicará por 1,7.
Las perspectivas de la evolución futura de la población avizoran un decrecimiento absoluto de la población en la cual todo el crecimiento poblacional no alcanzará para compensar las disminuciones por natalidad ocurridas en las décadas precedentes, y las asociadas a un saldo migratorio externo negativo durante más de cuatro décadas. El crecimiento sólo se observará en las poblaciones que arriben a la edad de 60 años y más, resultado de los elevados niveles de esperanza de vida que también caracterizan la dinámica demográfica cubana.
El resultado será una estructura poblacional para los próximos 25 años, con alrededor del 25% de sus integrantes con 60 años y más, pasando de 1,8 millones en 2007 a alrededor de 3 millones en 2025.
Si bien la edad es el criterio básico y el punto de partida para delimitar la etapa conocida como la vejez, los aspectos socioculturales y contextuales son también determinantes. Claramente, el envejecimiento de la población es más que un cambio demográfico; no es una modificación en las cifras con las que se construyen políticas públicas, sino más bien una transformación en la forma como se desarrolla la sociedad en su conjunto y cómo debe enfrentar su desarrollo futuro.
Dadas las condiciones actuales y previsibles del escenario gerontológico en Cuba, es necesaria la definición de una política que permita abordar el envejecimiento demográfico. Dicha política debería preservar los logros alcanzados en el alargamiento de la vida en la mayor de las Antillas; así como incorporar los desafíos propios de la nueva realidad del país.
Mientras en Europa el proceso de envejecimiento demográfico se producía de manera paulatina, en Cuba, se ha transitado en menos de 50 años del 9,4% de ancianos en 1970 al 18,3% en el año 2012. Esta situación impone al Estado determinar los escenarios de acción posibles para sostener el proceso acelerado de envejecimiento de su población, en un corto plazo de tiempo y en circunstancias de subdesarrollo económico, reforzamiento del bloqueo económico, comercial y financiero por parte de Estados Unidos y de una profunda crisis internacional.
El proceso de envejecimiento de la población cubana comparte similitudes con el de otras naciones; pero presenta rasgos distintivos que configuran su actual perfil demográfico, entre los que cabe mencionar: Cuba ostenta niveles muy bajos de fecundidad. La tasa global de fecundidad en la actualidad, y desde hace treinta años, no excede los 1,7 hijos por mujer.
Del mismo modo, el otro rasgo se relaciona con la estructura de los hogares y de las familias. Las familias estructuralmente son menos numerosas y en su composición hay una mayor presencia de miembros ancianos. Existe además un incremento marcado de hogares unipersonales y de aquellos hogares monoparentales de jefatura femenina.
En el contexto cubano la economía se basa fundamentalmente en una producción limitada y de escasos recursos, a diferencia de lo que acontece en los países industrializados, lo cual incide directamente en el nivel de vida de la población. Recordemos que el envejecimiento demográfico en los países industrializados estuvo acompañado por un despegue económico cuyas bases en la actualidad se sustentan en tecnologías de alta productividad, lo que posibilita mayores producciones de bienes económicos y servicios de alta calidad. A pesar de lo anterior, se han logrado alcanzar indicadores de salud equiparables a los de países desarrollados y exhibe una esperanza de vida de 80 años como promedio. Este es un logro atribuible a las políticas sociales implementadas en el país, en particular a las políticas de salud, educación y seguridad social.
La dinámica demográfica actual de la población cubana y sus perspectivas futuras avizoran que para 2030 las personas de 60 años y más dupliquen a los menores de 15 años, y a mediados de siglo se ubicará entre los países de menos capacidad de renovación de su población, con valores aproximados de 283 personas de 60 años y más por cada 100 menores de 15 años. Para ese entonces, solo Japón y Alemania superarán a la mayor de las Antillas.
Varias son las derivaciones del envejecimiento que el Estado cubano deberá asumir. Como apremiantes desafíos se avistan con mayor claridad la presión o sobrecarga sobre el sistema de salud y de seguridad social, asociadas al aumento de las necesidades de este colectivo social, pues las redes familiares quedarán sobre exigidas. En la esfera económica, el gasto social se incrementa por concepto de jubilación.
De acuerdo con las precisiones del último Censo de Población y Vivienda (2012), el grupo de mayor crecimiento en la isla es el de los llamados “viejos más viejos”; es decir, aquellos que poseen 75 y más años.
La Primera Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional en Cuba arroja resultados notables sobre el estado de salud de los ancianos, resaltan entre las enfermedades crónicas más frecuentes la hipertensión arterial, artritis, reumatismo o artrosis, diabetes, cardiopatías y padecimientos nerviosos. En cambio, en la ejecución de actividades instrumentadas de la vida diaria, las cuales suponen una mayor complejidad cognitiva y motriz e implican la interacción con el entorno, los resultados evidencian que 71,0% de los mayores de 60 años no presentan ninguna limitación para el desarrollo de actividades como cuidado de la propia salud, manejo de dinero, uso de medios de transporte y cuidar de otros.
El Estado cubano despliega importantes acciones y recursos en prevención, protección y atención de salud a las personas mayores. Entre sus programas priorizados cuenta con el Programa de Atención Integral al Adulto Mayor, ejecutado y rectorado desde el propio Ministerio de Salud Pública.
Retomando lo anterior, los servicios de salud en Cuba quedarán desbordados ante las necesidades de atención que sobrevienen en un periodo inmediato, sin disponer aun de la infraestructura y los recursos suficientes. “La consecuencia más visible de la crisis económica que aún afecta al país ha sido el déficit de recursos financieros para invertir en sectores clave del desarrollo, verificándose escasez de medicamentos y tecnología en el sector de la salud, así como de educación, seguridad y asistencia social. Esta situación causa carencias importantes de recursos para invertir en la reanimación de instalaciones hospitalarias y educacionales, así como para la adquisición de material diverso”.
Un ejemplo en el que pudiera avanzarse sería abrir a la iniciativa privada, con ciertas regulaciones y supervisión profesional, las tareas de cuidado a las personas mayores. En Cuba, la mayoría de los servicios que brindan atención y apoyos a las personas mayores son de titularidad pública (estatal). Existe un conjunto minoritario de servicios gestionados y dirigidos por diversas instituciones religiosas (Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Carmelitas Misioneras, Hermanitas de los ancianos desamparados), quienes ofrecen servicios asistenciales y de cuidados con cierto respaldo gubernamental.
El Estado cubano en condición de país subdesarrollo deberá en primer lugar, preparar su economía, diseñar e implementar un sistema de gestión económica flexible, descentralizado, para aprovechar las oportunidades propias del contexto entre las que se encuentra la dinámica demográfica de su población con presencia de un capital humano envejecido, pero calificado, con uno de los más altos potenciales científicos en la región, con índices de salud y esperanza de vida elevados.
Asimismo, a medida que aumenta la edad promedio de los trabajadores, comienza a disminuir la fuerza de trabajo en aquellas plazas que requieren mayor esfuerzo físico, fundamentalmente en sectores básicos como la agricultura, la construcción y la industria. Como ya reconocen algunos investigadores una estructura demográfica como la cubana demanda una economía tecnológica, de alto valor agregado, sustentada en un aparato productivo con capacidades productivas, que imposibilite la desindustrialización, la pérdida de empleos industriales, la expansión desmedida de los servicios, el déficit comercial persistente y la erosión del capital humano en su mayoría envejecido.
En segundo lugar, otro desafío significativo radica en el tiempo. La economía cubana -dependiente del sector externo- deberá afrontar en un corto plazo los costos sociales y económicos inherentes al envejecimiento, pero en un escenario social más complejo y precarizado. De allí que las respuestas institucionales a la dinámica demográfica del país muchas veces están en correspondencia con las posibilidades presupuestarias.
Cuba se encuentra en un proceso de actualización y conceptualización de su modelo económico y social de desarrollo. Ello es imprescindible y posible a partir de las fortalezas y potencialidades del país, preservando y consolidando las conquistas sociales alcanzadas.
Transitar hacia una economía basada en el conocimiento a partir de las oportunidades que posee Cuba, o sea, diversificar las ramas de la economía donde el conocimiento es el principal recurso. El sector de la biotecnología y la industria farmacéutica constituyen dos ejemplos que consolidan el desarrollo endógeno de la isla.
Diversificar la formación de profesionales con conocimientos específicos sobre personas mayores para contribuir a disminuir la prevalencia de enfoques parcializados en la atención salubrista, los cuidados médicos y la mirada asistencialista.
Adecuar viviendas, medios de transporte y ciudades para las personas mayores. Es una exigencia retadora para el Estado cubano con una economía de escasos recursos.
Renovar la cobertura y calidad de los servicios estatales de atención y difusión de información relacionada con personas mayores. Lo que comprende el acercamiento de los distintos servicios del Estado a las personas, evitando largos tramos de desplazamiento para dar respuesta a sus necesidades.
Priorizar y diversificar las investigaciones en temas relacionados con el envejecimiento y la vejez. Promover en el país la investigación multidisciplinaria de un tema que en Cuba se ha convertido también en una preocupación pública.
El envejecimiento demográfico en Cuba se ha constituido en un tema de agenda pública. En el modelo de desarrollo social que actualiza el Estado cubano se reconoce la necesidad de implementación -de manera gradual- de una política para atender los elevados niveles de envejecimiento, que a su vez garantice los logros alcanzados en materia de protección a las personas mayores.
Cuba, país con elevados niveles de envejecimiento demográfico y en condiciones económicas subdesarrolladas, tendrá que delimitar en su modelo de desarrollo la calidad de vida que prevé garantizar para sus mayores en el futuro inmediato, en correspondencia con las características propias y reales que su contexto condiciona. El Estado tendrá que reajustar y/o diseñar nuevas políticas de protección social al colectivo de mayores, atemperadas a las singularidades de este grupo etario.
La gran heterogeneidad que distingue a este colectivo etario: expresada en las múltiples situaciones de independencia funcional y autonomía, de apoyos familiares, nivel socioeconómico y educacional, zona de residencia (rural o urbana) y biografía personal.
Los entornos sociales: la movilidad espacial de las personas ancianas se ve afectada por factores personales y también ambientales, la oferta de servicios debe potenciar el nivel comunitario, lo que fomentaría la responsabilidad de las comunidades con sus personas mayores y acercaría los servicios a sus lugares de convivencia.
Servicios adaptados a las diversas condiciones y etapas de la vejez: para la atención de salud, los cuidados (transitorios y/o de larga duración e incluso los cuidados al final de la vida), para la inclusión e interacción social y el esparcimiento.
TAG: #Empleo

