Exponer los rasgos característicos del concepto de acción social clásica es un ejercicio fundamental para la teoría sociológica, al permitir mejorar la claridad conceptual, realizar una evaluación crítica de las diferentes teorías, promover el desarrollo teórico y tener aplicaciones prácticas en la comprensión de los fenómenos y la intervención social. En este sentido, exponer los supuestos analíticos de la noción de acción social clásica es crucial para la teoría sociológica, debido a que permite identificar las bases sobre las que se han construido las diferentes teorías de la acción social.

Igualmente, facilita la comprensión de las similitudes y diferencias entre las distintas perspectivas, además de ayudar a evitar confusiones y ambigüedades en el análisis de la acción social. Por otra parte, permite examinar la validez y pertinencia de los supuestos analíticos de cada teoría, facilita la identificación de las fortalezas y debilidades de las diferentes perspectivas y permite evaluar la capacidad de cada teoría para explicar la acción social en diferentes contextos.

Mismamente, ayuda a identificar nuevos supuestos analíticos y desarrollar nuevas teorías de la acción social, facilita la integración de diferentes perspectivas en una teoría más comprensiva de la acción social y promueve el avance del conocimiento sociológico sobre la acción social y la sociedad en general.

La Teoría de la Acción Social Clásica

Una de las disertaciones más brillantes sobre el esquema de la acción social, se encuentra en Talcott Parsons (1902-1979) en su famoso libro Estructura de la acción social (1937). En esa obra, Parsons define la acción social “como un acto unidad donde confluyen una interconexión entre el acto, el fin de la acción y las condiciones y medios de la acción” (Parsons, 1980, p. 83). Así, Parsons muestra la existencia de una pre-configuración de un actor racional utilitario que, en primera instancia, se mueve por un cálculo racional entendido de acuerdo al cálculo del fin planteado, para ello identifica que el dilema utilitario consiste en las uniformidades tanto de “las relaciones medio-fin como en las leyes económicas del mercado” (Parsons, 1980: 433) y en segundo, debido al condicionamiento estructural, el actor es una representación individual creada independientemente de la existencia de las relaciones sociales, en este sentido, la orientación racional está configurada bajo una concepción uniforme volviéndose inherente tanto del contexto como de “la estructura de su esquema conceptual” (Parsons, 1980: 452).

De este modo, basándose en el estudio de Talcott Parsons, La Estructura de la Acción Social (Parsons, 1968: Vol. I y II), se realiza la exposición de tres modelos sociológicos de acción; el utilitarista, el durkheimiano y el weberiano. Con el fin de hacer una revisión crítica de los modelos de acción que Parsons distingue, para la construcción de su propuesta “Voluntarista de la acción”.

El Modelo Utilitarista

Así, el primer modelo sociológico que se analiza, es el utilitarista, el cual, se expone a través de la propuesta de los economistas Marshall y Pareto, que mediante su explicación costo- beneficio de la sociedad dan muestra de los elementos de una interpretación que ha sido dominante en la lógica de la acción; por otra parte, el análisis de este modelo utilitarista es complementado con la crítica de Talcott Parsons sobre la propuesta analítica de Émile Durkheim, al identificar como los elementos estructurales abordados bajo la distinción analítica de la noción de individuo, expresan un tipo de acción individual normativa que aunque Durkheim nunca desarrollo, su lógica teórica muestra aspectos que marcaron la interpretación estructuralista de la sociología. El tercer modelo sociológico analizado se expone en la propuesta de Max Weber, el creador de la teoría de acción social, uno de los autores más representativos de la sociología, esté se expone tratando de evidenciar la importancia de la racionalidad.

La exposición del modelo utilitarista debe ser vista como una herencia intelectual de la construcción epistemológica del individuo racional, que resulta significativo para la explicación de los análisis de la acción social. El elemento utilitarista tradicionalmente se encuentra tanto en las exposiciones que aparecen en la filosofía política representada en Hobbes y otros, como también, en las posturas económicas del siglo XIX y XX (Marshall y Pareto), que al contar con el elemento empirista dotan al utilitarismo clásico de elementos concretos. Parsons establece como referencia del modelo utilitarista que se utiliza generalmente en los análisis de la acción social en las ciencias sociales, los fundamentos analíticos que parten de las características racionalistas y voluntaristas.

Basándose en dos de los principales expositores del empirismo utilitarista, por un lado, Marshall inclinado a observar de manera lineal la realidad subjetiva del individuo, y, por el otro, Pareto, con una propuesta innovadora (Parsons, 1980). De este modo, para el análisis del modelo utilitarista, Parsons, se centra en la observación de dos elementos fundamentales: por un lado, en la conceptualización de libre empresa, y, por el otro, en los supuestos empíricos y metodológicos (Parsons, 1980). Es en estos puntos en los que se muestra la forma en que Marshall y Pareto (representantes para Parsons del utilitarismo) elaboraron un esquema analítico que, al partir de los postulados economicistas, manifiestan a un individuo independiente, en el cual, la noción de libertad para realizar una libre empresa se vuelve una referencia importante.

La noción epistemológica del utilitarismo se aborda en el concepto de libre empresa, que es propuesto por Marshall como un elemento de análisis que trata de describir la relación subjetiva del individuo con la definición racional de su situación de acción (Marshall, 1931; 1936), es vista como motivada, por una voluntad utilitaria, formada por una relación entre el supuesto de un individuo racional (que a través del cálculo busca la mayor utilidad de la acción) y la libre voluntad de acción que subjetivamente el individuo se propone (Marshall, 1931, 1936). En este sentido, Marshall unifica la necesidad individual, con la postura positivista del orden orgánico de la sociedad, que racionalmente es construida por expectativas organizadas (Marshall, 1936).

Por su parte, en Pareto, el empleo de este supuesto de libre empresa se ubica en la forma de acción en una situación concreta, a diferencia de la idealización de un individuo que comparte las expectativas socialmente creadas, como en Marshall. En Pareto, la noción de libre empresa se encuentra subsumida a su lógica analítica, ya que al observar a un individuo que identifica de forma subjetiva los medios para alcanzar el fin de mayor utilidad en sus acciones futuras (Pareto, 1996), localiza un entendimiento de la acción motivada voluntariamente por un individuo con dos distintos fines (el objetivo y el subjetivo), donde ambos se encuentran reunidos en el supuesto de la acción. “Pareto utilizo una distinción entre fin objetivo y subjetivo, haciendo de su coincidencia el criterio de logicidad” (Parsons, 1968: 251). Así, Pareto, establece una unión lógica entre el elemento subjetivo y la utilidad objetiva de las expectativas individuales, lo que expresa un tipo de acción, donde la racionalidad es el motor de la definición subjetiva, al crear un elemento analítico que dota a la acción de un movimiento lógico (el éxito o fracaso).

En general, la manera en que Marshall y Pareto encuentran una libertad individual socialmente determinada es de una importancia sustancial, debido a que expresa una necesidad de autonomía, que solo se encuentra bajo contextos de libertad, lo que promueve que el status de los fines parta de una idea economicista (Parsons, 1968). Por lo tanto, el hombre solo se mueve en una lógica mercantil, donde se expresan intereses asociados entre sí, en la búsqueda de la mayor utilidad y ganancia en su voluntad de acción. Empero siempre observando que la acción concreta solo se explica viendo en su racionalidad la voluntad del individuo y en sus resultados su referencia lógica.

Acción Lógica

Para la explicación metodológica de la propuesta analítica de Marshall y Pareto, Parsons parte por identificar una unión lógica entre estos dos autores, al entender a la acción individual (Parsons, 1968). De este modo, los aspectos metodológicos que se extraen de la propuesta de Marshall y Pareto, se centra en la identificación de dos elementos: en primer lugar, en su percepción del tiempo, y, en segundo lugar, en el tipo de acción lógica que proponen, al señalar con mayor atención la contribución que ve en la propuesta de Pareto, ya que, “al unir la sociología con la economía sobre el modelo de las ciencias físicas” (Parsons, 1968: 42), establece un esfuerzo teórico que muestra una aserción de la acción que presenta al individuo en una forma racional autónoma y libre de decisiones socialmente creadas.

Por su parte, Pareto al proponer un esquema analítico bajo una lógica racionalista que, unida a su propuesta empirista, da pie a un supuesto analítico, que trata de ver al individuo como potenciado de una acción voluntaria y cíclica (Parsons, 1986). Es, en la repetición de los sucesos subjetivamente creados, donde se mueve la acción, pues, para Pareto, los elementos sociales se encuentran presentes en las expectativas futuras que son necesidades cíclicamente definidas por conseguir. Del mismo modo, estas solo se obtienen después de una selección de los medios y fines racionalmente planteados y voluntariamente asumidos de principio a fin del proceso de acción, y, que constantemente se van repitiendo.

Un segundo elemento en Pareto, es la acción lógica, esta se deriva de su perspectiva donde el éxito y la eficacia de los medios elegidos para la satisfacción de necesidades, se encuentra motivada por una racionalidad que enseña un sistema lógico de voluntad de acciones, qué se encuentran determinados en lo que clasifico, como fines objetivo y subjetivo. Así, ve en los fines subjetivos la idealización futura del individuo que selecciona los medios pertinentes para la realización de una acción con repercusiones, y, en la cual, la principal referencia se sustenta en un resultado exitoso, es decir, si lo logra es racional y si no lo hace es irracional.

La Intervención Social

En la actualidad en diversos campos de las ciencias sociales se discute sobre los alcances teóricos, epistemológicos y éticos del concepto de intervención social, siendo sus aspectos prácticos los que han sido objeto de mayor atención en las últimas décadas. Así, por ejemplo, la psicología social establece sobre este concepto una vía para emplear sus perspectivas teóricas propias, las cuales aportarán desde este campo disciplinario a la resolución efectiva de problemas sociales.

Con todo, siguiendo autores como Ezequiel Ander-Egg, Nidia Aylwin, Natalio Kisnerman, entre otros, en el caso particular del trabajo social es importante destacar que la intervención social se concibe tradicionalmente como una actividad práctica propia de esta profesión. A pesar de lo anterior, en las últimas décadas surgen nuevas perspectivas que expresan puntos de vistas diferentes sobre la intervención, en los que se exhortan otros razonamientos teóricos que admiten posicionamientos novedosos, sobre la base de convicciones emergentes en torno a la naturaleza del concepto.

Estas perspectivas recogen distintas formas en las cuales se define la intervención social, de cuya lectura es posible distinguir sus usos en varios de los campos disciplinarios de las ciencias sociales en los que la noción es referida. Se aprecia que en este debate los encasillamientos de los autores y sus perspectivas se centran en un conjunto más bien definido de hilos comunes que conectan dichas proposiciones y que, a nuestro juicio, se dirigen a constituirse en cuatro núcleos de argumentaciones sobre la intervención social.

Argumentación como epistemología aplicada

Apoyarse en la noción de argumentación, en vez de otras acepciones tales como corrientes o enfoques, es relevante para distinguir ópticas diversas sobre el asunto de la intervención social. Esta opción no es neutra, pues implicará asentar una forma de aproximación epistemológica aplicada en los términos expuestos por Santibáñez (2012). La argumentación, en su sentido más generalizado, designa una actividad discursiva en la cual se busca persuadir o convencer.

Con todo, en la lectura de los autores de la intervención social se evidencia que existe una interesante discusión en este campo, la que desde luego abarca a quienes defienden la centralidad disciplinaria de esta noción versus quienes critican el fundamento teórico y ético de su utilización. Así, por ejemplo, las opiniones de Olga Vélez y Pablo Suárez son críticas al uso del concepto en el marco del trabajo social. Entonces, reconociendo que el uso del término intervención social está legitimado por un conjunto de disciplinas de las ciencias sociales, es importante aclarar que no existe unanimidad sobre su conceptualización.

Volviendo a la posición de Santibáñez, quien recoge postulados de la obra de Toulmin de 1958, los argumentos conjugan una dinámica organicista para sostener que, en campos como las ciencias sociales, las estructuraciones de conocimiento "justifican sus pretensiones y respaldan sus juicios" (Santibáñez 2012:32). En este sentido, lo que está detrás de las posiciones sobre la intervención no sólo es la divergencia epistémica, sino que la posibilidad de influir en los encasillamientos teórico-metodológicos de las comunidades disciplinarias que resignifican la intervención social en sus prácticas y marcos teóricos.

A nuestro juicio las principales líneas argumentativas localizan a la intervención social en: a) el ámbito de la actuación o acción de ciertas profesiones, b) como una forma de interpretación de la complejidad social, c) la que por extensión también aplica a la distinción funcional de los sistemas sociales y que finalmente se expresa en d) los términos de dispositivos de intervención. A continuación, profundizaremos en cada una de estas argumentaciones.

La intervención social como acción práctica

Para esta argumentación, la intervención constituye una forma de actuar de una categoría de profesiones del mundo social, orientada a la resolución de problemas sociales. Desde este punto de vista, la intervención es conceptualizada como una forma de actividad que integra aspectos políticos, filosóficos y procedimentales, evocando la idea de kinesis. Este hacer está vinculado con saberes teóricos y técnicos, pero especialmente con actitudes, valores y creencias que anteponen eticidad a la acción.

En este sentido, Ander-Egg señala que la intervención social designa "el conjunto de actividades realizadas de manera más o menos sistemática y organizada, para actuar sobre un aspecto de la realidad social con el propósito de producir un impacto determinado" (1995:161). Desde la óptica de este autor, la intervención social es tributaria de las perspectivas psicosociales que en Europa visibilizan el problema de la acción técnica-profesional en la sociedad, tomándose como ejemplo la definición de la intervención elaborada por el Colegio de Psicólogos Sociales de España de 1984, según la cual corresponde a una actividad profesional que surge como respuesta a la necesidad de analizar y actuar sobre los problemas de las interacciones personales en sus diversos contextos sociales.

En general, la argumentación práctica de la intervención se enfoca en el carácter organizado de la acción y su capacidad para resolver problemas sociales. Tributaria de esta argumentación está la opinión de Fernando Fantova, quien señala que la intervención social es una actividad que intenta responder a necesidades sociales, siendo su propósito la integración, autonomía, bienestar y participación de las personas en relación a su entorno.

La intervención social como interpretación de la complejidad social

Una segunda línea de argumentación sostiene que la intervención es antes que todo una interpretación de la complejidad de lo social. En otras palabras, hay intervención social desde el momento en que se interpreta la complejidad del entramado que manifiesta un ámbito conflictivo o problemático de lo social. En esta perspectiva, la intervención es concebida desde una relación dialógica, en la cual la aproximación tanto hermenéutica como a la vez compleja a los fenómenos sociales es la adecuada para interpretar los ámbitos de expresión de los problemas sociales, teniendo en cuenta que para ello el "fenómeno social se comprende de entrada como complejo, y por consiguiente, no simple y llanamente como un agregado de partes" (Maldonado 2011:149).

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