La informalidad sigue siendo uno de los temas que más preocupa a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Las tasas de América Latina son las más altas a nivel mundial. Se estima que más del 53% de la población ocupada en América Latina permanece en el empleo informal.
Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el principal problema de los mercados de trabajo en el mundo es la mala calidad de los empleos. “Tener empleo no siempre garantiza condiciones de vida dignas”, señaló Damian Grimshaw, director del Departamento de Investigaciones de la OIT.
Un informe de tendencias laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indicó que si bien el país está por sobre la media de la región, casi la mitad de los trabajadores se emplean sin regularizar situación. En cuanto a las tendencias que marcarán 2019, la precariedad de los empleos es de las más preocupantes. La cifra más impactante: 700 millones de personas en el mundo son pobres, pese a tener trabajo.
Las conclusiones de la OIT están en línea con lo ocurrido en Chile durante el año pasado. Se estima que un 27% de los trabajadores en Chile se encuentran en situación de empleo informal. Para Mauricio Muñoz, Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales y coordinador del Observatorio Laboral de la Universidad de O’Higgins (UOH) se puede afirmar que la informalidad en Chile se distribuye de forma relativamente equitativa entre aquellas personas que se vinculan laboralmente a una empresa y aquellas que realizan labores de manera independiente.
Mauricio Muñoz añade que, en comparación con los mercados laborales de Latinoamérica en general, la informalidad en Chile es relativamente baja, aunque persistente. “La tasa de informalidad del país, durante los últimos años, dependiendo de la temporada, oscila entre el 26 y 29%.
Las últimas cifras del INE muestran una informalidad laboral al alza, llegando en el trimestre móvil enero-marzo 2024 a un 28,1% del empleo total en el país. En Chile, según el INE, aproximadamente 2 millones 600 mil personas tienen un empleo informal, definición que considera a trabajadores que no cotizan para el sistema de seguridad social (pensiones, salud, seguro de cesantía), como también incluye a aquellos independientes sin actividad en el SII. La tasa de informalidad es de un 28%, es decir casi un tercio de los ocupados se desempeña de manera informal, tasa que disminuyó hasta un 22% durante el periodo más álgido de la pandemia.
Tradicionalmente, se ve la informalidad como algo negativo para el mercado laboral por buenos motivos. Los empleos informales no aportan recursos al sistema de seguridad social, y se desarrollan en empresas de baja productividad que usualmente pagan menos y ofrecen condiciones precarias. Trabajadores y empleadores informales usualmente evaden patentes municipales, IVA e impuestos a la renta, entre otros. Con estos antecedentes, parece razonable generar políticas públicas orientadas a reducir la informalidad.
Sin embargo, un empleo informal muchas veces está más al alcance de una persona desempleada, especialmente cuando es más vulnerable. Por ello, además de considerar si alguien es informal o no, es necesario tener una noción de cuánto tiempo en promedio permanecerá en esta condición. Si los empleos informales son un refugio temporal del desempleo mientras encuentran mejores puestos de trabajo y posiblemente formales, entonces la reducción de la informalidad debe ser mucho más cauta.
En una reciente investigación, a partir de los datos del panel rotativo de la Encuesta Nacional de Empleo, se muestra que la duración de la informalidad en Chile tiene una duración media de 16 semanas (con mucha dispersión), y es sustancialmente inferior a la observada en otras economías, como Argentina, Brasil y México. La razón más importante de la baja duración promedio es la transición relativamente alta del desempleo a la informalidad, especialmente antes de octubre de 2019.
Se encuentra, además, que los trabajadores con estudios superiores tienden a persistir más en la informalidad, al igual que las mujeres y los trabajadores más jóvenes. En suma, la informalidad en Chile es más bien temporal, a menudo para trabajadores provenientes del desempleo, que probablemente necesitan tomarse un respiro antes de encontrar una fuente de ingresos más permanente.
La informalidad nos preocupa por diversas razones. Primero, porque está asociada a empleos más precarios, a menores ingresos, a un mayor riesgo de caer en pobreza y a una mayor inestabilidad económica y financiera, siendo el grupo de trabajadores más vulnerables ante crisis económicas. Segundo, la informalidad implica una menor recaudación tributaria y por ende mayor gasto público, especialmente en pilares solidarios de la seguridad social.
Evidenciamos que los trabajadores formales tienen mayores logros en casi todas las dimensiones estudiadas, teniendo más herramientas para hacer frente a una crisis y a las necesidades económicas de sus hogares, como también, presentan una mayor satisfacción con la vida.
En el diseño de políticas públicas para disminuir la informalidad, la clave está en comprender su heterogeneidad. Si bien la mayoría de los trabajadores de ese grupo tiene bajos ingresos y representan en mayor proporción a mujeres, jóvenes y adultos mayores, el sector informal presenta diferencias sustanciales por tipo de empleo. De acuerdo con un diagnóstico de Pivotes, alrededor de 1 millón 300 mil de los informales son cuenta propia, mientras que 1 millón son asalariados, es decir que cuentan con un empleador. Para algunos, no es una decisión ser informal, sino más bien es la única alternativa para subsistir, mientras que para otros responde a un ejercicio de evaluar los beneficios y costos asociados al tránsito hacia la formalidad. Cada uno de estos grupos tiene distintos desafíos e incentivos para formalizarse, por lo que se requiere de distintas agendas.
Por un lado, es fundamental una mayor fiscalización, como también disminuir los costos asociados y la burocracia en torno a la formalización, especialmente para aquellos trabajadores más vulnerables y para las micro y pequeñas empresas. Finalmente, tal como sugiere el estudio realizado, se requiere avanzar en distintos frentes para que el mercado laboral formal entregue mayor capacidad de compatibilizar la vida familiar y personal. Por ejemplo, a través de mayor adaptabilidad laboral y dejando de una vez de castigar la maternidad, como ocurre hoy con la actual legislación de sala cuna, la cual asigna en la contratación de mujeres formales los costos de estos cuidados.
Tabla: Comparación de Informalidad Laboral en Algunos Países
| País | Tasa de Informalidad (Estimada) |
|---|---|
| Chile | 26-29% |
| América Latina (Promedio) | Más del 53% |
«Tener un empleo asalariado no es en sí mismo una garantía de buenas condiciones laborales. Primero, porque los contratos a plazo fijo representan del 20% al 30% de todos los empleos asalariados en varios países, incluidos Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
El panorama actual es incierto. «En general, en 2019 y 2020 la tasa de desempleo mundial debería mantenerse aproximadamente al mismo nivel. Los resultados son contundentes en cuanto a la brecha de género: la tasa de participación laboral femenina fue del 48% en 2018, muy inferior a la masculina, que fue del 75%.
El informe pone en relieve algunos aspectos positivos, en caso de que la economía mundial logre evitar una desaceleración. «La mayor expectativa está puesta en que el crecimiento económico, siempre y cuando los pronósticos más pesimistas en cuanto a una crisis mundial no sean ciertos, implique una mejora del empleo. Se espera que la fuerte recuperación del crecimiento económico tenga algún impacto positivo en el empleo, en la creación de este, aunque no en una escala masiva. En consecuencia, el número de personas con empleo debería poco a poco ir hacia arriba, aumentando aproximadamente un 1,4%o anual hasta 2020. Como resultado, en la subregión se pronostica que la tasa de desempleo disminuirá gradualmente del 8,0% en 2018 al 7,8% en 2020. El ritmo relativamente lento de la reducción del desempleo es dictado por las diferentes perspectivas de mercado para países individuales.
Agrega que, en el caso específico de los trabajadores dependientes, esto puede estar asociado a subterfugios que utilizan las empresas, empleando a personas de manera informal, para evitar los costos asociados a la formalización, tanto económicos (cotizaciones o indemnización por años de servicio), como de gestión.
Puntualiza también en la inestabilidad del mercado del trabajo. Por último, el sociólogo señala que las bajas remuneraciones son otra de las razones por la cual las personas optan por la informalidad. “Según datos de la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE, en Chile el 50% del total de personas ocupadas tienen una remuneración mensual líquida por debajo de los 503 mil pesos.
Si bien en Chile el empleo informal se encuentra al alza, el debate al respecto debe considerarse cuán duradera es esta situación para quienes la afrontan, precisa la siguiente columna para CIPER de un académico e investigador: «Además de considerar si alguien es informal o no, es necesario tener una noción de cuánto tiempo en promedio permanecerá en esta condición».
Para llegar a este resultado, es importante considerar el «sesgo de agregación temporal», es decir, que puede haber múltiples transiciones entre empleos formales, informales, desempleo e inactividad que no observamos en la frecuencia trimestral de los datos del INE. Si no consideramos este punto, la duración de la informalidad media es de 2,5 trimestres, casi el doble del tiempo reportado antes.
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