Discutir sobre el actual mercado laboral no es sólo un asunto de alzas o bajas de cesantía, sino también de la calidad de esos trabajos y las características de quiénes los ejercen. Dos investigadores ponen lupa sobre los últimos años de empleo en nuestro país y llegan a conclusiones reveladoras.

Contexto Macroeconómico y Laboral en América Latina

América Latina fue la región en desarrollo más afectada por la pandemia a nivel global, considerando mortalidad, caídas en la producción y destrucción de empleos. Esto se debe a que el escenario macroeconómico, social y sanitario de la región previo a 2020 era sumamente frágil.

El PIB regional creció en promedio tan solo en un 0,3% entre 2014 y 2019. Según datos de la CEPAL la tasa de pobreza regional aumentó de 27,8% en 2014 a 30,5% en 2019; es decir, previo a la pandemia existían 187 millones de personas viviendo bajo la línea de la pobreza en Latinoamérica.

Si bien en Chile no existió un incremento en las tasas de pobreza durante 2014-2019, ha habido una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción estableciendo un panorama laboral complejo y frágil frente a la irrupción de la pandemia. Esto se reflejó en el incremento de las tasas de desocupación, como también en la creación de empleos de baja productividad caracterizados por la presencia de precarias condiciones laborales.

El Aumento del Desempleo en Chile

La tasa de desocupación a nivel nacional tuvo un leve incremento, pasando de 6,2% en 2013 a 7,3% en 2019. Sin embargo, puede ser relevante e ilustrador observar la cantidad de desocupados en vez de las tasas. Este aumento de tan solo un punto porcentual representa un aumento en casi 180 mil personas que buscan activamente empleo y no logran encontrarlo.

Adicionalmente, debemos tener claro que la tasa de desocupación considera solamente a personas que no trabajaron en la semana en que se tomó la encuesta pero que buscaron activamente empleo en dicho período. Si ampliamos la definición e incorporamos a todas las personas que trabajan en horarios part-time y desearon trabajar más horas pero por razones ajenas a su voluntad no logran hacerlo, la tasa de desocupación promedio entre 2014 a 2019 se eleva del 7% al 16%.

Esto implica que el sistema económico no solo ha sido incapaz de crear los puestos de trabajo necesarios para la población dispuesta a trabajar, sino que adicionalmente no ha sido capaz de crear las horas de trabajo requeridas por los trabajadores ya empleados.

Deterioro de los Indicadores de Empleo

No solamente existió un aumento en la desocupación en el periodo 2014-2019, sino que los indicadores de empleo en dicho período también sufrieron un deterioro. Los mercados laborales en los países en desarrollo se caracterizan por su dualidad.

Existe un porcentaje de la población que debe emplearse en trabajos por cuenta propia para subsistir, ya sea en la agricultura o en servicios informales, y otro porcentaje de trabajadores asalariados que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

A nivel global, existe una correlación positiva entre el PIB per cápita de las economías y la participación del empleo asalariado en el empleo total. Esto quiere decir que en los países más ricos el porcentaje de trabajadores por cuenta propia es muy bajo y el de asalariados es alto.

Durante el sexenio 2014-2019 el tipo de empleo que creció con más fuerza en Chile fue el trabajo por cuenta propia (en promedio, a 3,8% anual), mientras que el empleo asalariado creció en menos de la mitad (1,6%). Esto tiene implicancias directas en la composición del empleo, ya que podemos evidenciar un aumento en la participación del trabajo por cuenta propia en el empleo total en dicho periodo.

La situación se vuelve más preocupante si es que consideramos que el empleo asalariado privado creció solamente en 1,1% en promedio durante dicho período vs. un 4,3% del empleo asalariado público.

Si bien la composición del empleo en Chile ha sufrido pequeñas variaciones, esto tiene implicancias directas en la calidad del empleo, ya que el trabajo por cuenta propia cuenta con menor estabilidad laboral, menores ingresos laborales mensuales ($358.000 vs. $623.000 que recibieron los asalariados en promedio en 2019), menor protección frente al desempleo, menor acceso a derechos laborales como los beneficios por maternidad, accidentes de trabajo, etc.; como también falta de acceso a la seguridad social contributiva (contribución al sistema de pensiones).

Sin embargo, la existencia de una relación asalariada de trabajo tampoco garantiza condiciones laborales decentes ni acceso a la protección social. El promedio de empleados informales en Chile en 2017 a 2019 fue de un 29%. Esto implica que casi uno de cada tres trabajadores en Chile no cuentan con cotizaciones de salud ni con previsión social (en el caso de los trabajadores asalariados), o que sus actividades no están registradas en el Sistema de Impuestos Internos (para los trabajadores por cuenta propia).

La informalidad laboral también impacta a los grupos más vulnerables como a las mujeres, que tienen tasas de informalidad más altas que los hombres (30% vs.

Sectores Económicos y Crecimiento del Empleo Informal

El aumento en la tasa de desempleo, la presencia del empleo informal y la creación de empleos precarios han sido características fundamentales de los mercados laborales en Chile previo a la irrupción de la pandemia. El empleo total de la economía creció en promedio casi 2% por año durante 2014-2019.

Los sectores económicos que explican este crecimiento son principalmente las actividades de Hotelería y Restaurantes que representan un 17% de dicho crecimiento, el comercio (16%), la construcción (10%) y servicios de enseñanza y salud (28%). Adicionalmente, son estos tres sectores: comercio, construcción, hotelerías y restaurantes justamente los que cuentan con las tasas de ocupación informal más altas de todos los sectores económicos.

El crecimiento del empleo en Chile durante 2014-2019 se ha basado en la creación de empleos en sectores de baja productividad, con altas tasas de informalidad y concentrando principalmente a población vulnerable en determinados sectores productivos.

El Impacto de la Pandemia en el Empleo

La pandemia ha generado la crisis económica más grave y generalizada que haya sufrido Latinoamérica desde que existen registros estadísticos. En términos generales existió en Chile una destrucción de casi dos millones de empleos entre el último trimestre de 2019 al segundo trimestre de 2020.

Sin embargo, se debe considerar que la contabilización de empleo considera a los trabajadores ausentes o con reducción de la jornada laboral a los cuales se les aplicó la Ley de Protección al Empleo (principalmente, trabajadores asalariados formales). Un indicador complementario vendría a ser la pérdida total de horas de trabajo producto de la pandemia.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Latinoamérica y el Caribe fue la región con la mayor pérdida de horas de trabajo en todo el mundo (en relación con las horas totales trabajadas en 2019) con una reducción del 16% anual vs. una pérdida mundial de 8.8%. Chile tuvo una reducción anual del 17% lo que equivale a una pérdida anual de 1.373.000 empleos de jornada completa.

Pérdida de Empleos y Efectos Heterogéneos

La pérdida de empleos tuvo efectos heterogéneos entre distintos tipos de trabajadores. Los empleos asalariados formales, que están asociados a mejores condiciones laborales e ingresos, fueron la categoría de empleo menos afectada por la pandemia. Los tipos de empleos más afectados fueron aquellos asociados a peores condiciones laborales y menores ingresos.

La crisis no solo se caracterizó por la pronunciada caída en la producción y la pérdida de empleos de los trabajadores más vulnerables, sino también por la pérdida masiva de ingresos laborales de los ocupados. Según datos del INE, un 28% de los ocupados declaró una reducción de sus ingresos laborales durante 2020 (casi dos millones de trabajadores).

De hecho, la masa salarial -que es la suma de todos los ingresos salariales del empleo principal de todos los ocupados de la economía- pasó de $5,4 billones en 2019 a $4,8 billones en 2020, lo que implica una reducción de 11%.

La pérdida masiva de empleos y de ingresos laborales durante la crisis implicó un aumento en los niveles y tasas de pobreza sin precedentes en las últimas décadas en Chile. Es relevante destacar que los ingresos considerados para calcular las tasas de pobreza consideran otros tipos de ingresos no laborales (arriendos, subsidios y bonos, alquiler imputado, transferencias privadas, etc.); he ahí la relevancia de las transferencias que realizó el gobierno en conjunto del retiro masivo de los fondos de pensiones para amortiguar la caída de los ingresos laborales.

Recuperación Económica y Estancamiento del Empleo

Una de las principales características del proceso de recuperación económica es que desde el último trimestre de 2020 Chile logró recuperar y mantener los niveles de producción pre-pandémicos. Sin embargo, este no ha sido el caso del empleo y la fuerza de trabajo, los cuales se han mantenido por debajo de sus niveles previos a la pandemia.

De hecho, existió una recuperación de los indicadores laborales durante el tercer y cuarto trimestre de 2020; pero desde entonces los niveles de empleo se han estancado. En primera instancia, un estancamiento de la fuerza de trabajo puede conducir a reducciones en las tasas de desocupación, si es que existe un estímulo en la demanda de trabajo por parte de las empresas y se relajan las restricciones de movilidad para los trabajadores por cuenta propia.

La pérdida masiva de empleos durante la pandemia no se vio reflejada en incrementos en las tasas de desempleo; de hecho, está se elevó a un 11% de la fuerza de trabajo durante 2020.

Una de las características distintivas de esta crisis es que la pérdida de empleos se vio reflejada en la salida masiva de personas de la fuerza de trabajo, reduciendo las tasas de participación laboral y volviendo más complejo el regreso de las personas al mercado del trabajo. Si bien ha existido una recuperación tanto del empleo como de la fuerza de trabajo esta se ha estancado durante 2021.

Cambios en el Consumo y la Demanda Agregada

La caída en los ingresos laborales y los consecuentes incrementos en los niveles de pobreza y desigualdad durante 2020 han tenido repercusiones en la composición del gasto total de la economía alterando tanto la composición de la demanda agregada [el gasto total efectuado por todos los agentes de la economía en la adquisición de bienes y servicios nacionales en un período de tiempo] como de la producción total de la economía.

Estas variaciones en el gasto y la producción explican, en parte, la brecha entre la recuperación del PIB y el empleo durante 2021. Durante 2018 y 2019 el consumo total de los hogares representó un 64% de la demanda agregada, siendo el componente más relevante del gasto total, mientras que desde 2020 hasta el segundo trimestre de 2021 este cayó a 59%.

No solamente existió un cambio en la participación del consumo en el gasto total, sino que los componentes del consumo también sufrieron un cambio, especialmente en el consumo de servicios y en el de bienes durables (autos, electrodomésticos, etc.). Esta última categoría ha sido la más dinámica en el proceso de recuperación económica.

El Rol de los Retiros de Fondos de Pensiones

De hecho, el crecimiento anual del consumo real (aislado del incremento de los precios) de los bienes durables ha sido de un 50% y un 130% en el primer y segundo trimestre de 2021, respectivamente. Este fenómeno se explica, en parte, por el efecto de los retiros masivos de los fondos de pensiones.

Debemos tener claro que a medida que se enriquecen los hogares, la fracción de su ingreso destinada a consumo disminuye. Adicionalmente, también debemos considerar que los retiros de los fondos de pensiones fueron regresivos, ya que los hogares de mayores ingresos accedieron a montos mayores que los hogares más pobres. Al conjugar estos dos factores podemos explicar que la participación del consumo agregado de la población no haya retornado a sus niveles pre pandémicos.

Inactividad Laboral y Razones Familiares

Como se ha destacado anteriormente, una de las características principales de esta crisis es que la destrucción masiva de empleos se tradujo en una fuerte contracción de la fuerza de trabajo. Si en el primer trimestre de 2020 las personas inactivas fueron 5,9 millones, en el siguiente trimestre de 2020 este número se elevó a 7,5 millones de personas.

Al observar la composición de la inactividad en Chile podemos destacar que la pandemia «desalentó» a setenta mil personas de participar en el mercado laboral. Aún existen veinte mil desalentados para volver a los niveles pre pandémicos; y esto tampoco representa un buen referente, ya que contar con más de cien mil personas que están desalentadas por participar en el mercado del trabajo refleja, en parte, la precariedad de las condiciones laborales.

Si nos ceñimos a las razones de inactividad en las encuestas de empleo, el argumento de que no se han recuperado los niveles de empleo porque las personas prefieren el ocio y disfrutar de los beneficios del gobierno y otros, no tiene sustento.

Dentro de las categorías más relevantes al momento de explicar la inactividad laboral está el fuerte incremento en 300 mil personas inactivas extras por razones familiares permanentes. Este grupo tiene la particularidad de ser, casi en su totalidad, mujeres.

La crisis económica-sanitaria incrementó la inactividad de mujeres por razones familiares de 1,3 millones a 1,6 millones. Por ende, tenemos que recalcar el hecho de que la pandemia tensionó y sobrecargo el trabajo no remunerado de millones de mujeres, y que este nuevo escenario crea la necesidad de repl...

Problemas Estructurales de la Economía Chilena

La rapidez con la cual un país puede enfrentar las crisis económicas depende, en parte importante, de la capacidad que tenga para modificar estructuras y comportamientos económicos y sociales. La desigualdad de ingresos es el reflejo de un sistema de relaciones sociales surgido en los inicios de la República en Chile y que se ha extendido hasta hoy, traspasando la esfera productiva y desencadenando un cúmulo de consecuencias que reconocen como pilar una diferencia abismante en la distribución de los ingresos.

Chile tiene uno de los niveles de desigualdad más altos del mundo. Durante los últimos 16 años hemos reducido la pobreza a más de la mitad y sin embargo, la desigualdad se mantiene inalterada.

Desigualdad y Movilidad Social

Con niveles tan altos de inequidad es difícil pensar que existan reales oportunidades para que los ciudadanos y ciudadanas logren mejorar sustancialmente su nivel de bienestar. En efecto, al observar las perspectivas de desarrollo humano en el largo plazo, el concepto de movilidad se torna fundamental para entender las enfermedades de la economía chilena.

La desigualdad social es la cara en el espejo de las desigualdades económicas que surgen de la creciente concentración que opera en determinados ámbitos de la economía. La concentración puede reducir la presión de la competencia, pero también reduce el número de actores que capaces de resistir la productividad, la capacidad creativa y la innovación.

En ese sentido, es preocupante la caída en la inversión en capacidad productiva de Chile y, en consecuencia, se está comprometiendo la posibilidad futura del país de generar mayor ingreso y empleo. Esto se hace patente en las cifras de crecimiento de la economía chilena después de la crisis asiática: Chile es considerado como una “economía emergente” y sin embargo, ostenta tasas de crecimiento potencial (5%) muy menores a las de economías clasificadas en dicha categoría.

Concentración del Poder Económico

Parte de esos problemas son provocados por la concentración del poder económico que está presente en diversos sectores, dentro de los cuales destacan dos:

  • El primero está asociado a la distribución minorista (retail) (supermercados, tiendas por departamento y mercado ferretero) que está en manos de tres grupos, que dominan cadenas de tiendas y supermercados, con claras señales de colusión y prácticas poco transparentes y competitivas con sus proveedores.
  • El segundo al sector financiero: tres bancos concentran el 70% o más de las colocaciones, y la tasa de interés que aplican tiene un tope ejercido por la regulación que es extremadamente elevado.

A estos sectores se suma la concentración existente en las farmacias, con el conocido escándalo reciente de colusión, aerolíneas, salud privada, Administradoras de Fondos de Pensiones, televisión privada, telefonía (fija y celular) y elaboración de lácteos, por nombrar algunos.

A su vez, si se miran los grandes grupos económicos, se aprecia que estos tienen una presencia transversal en diversos sectores de la economía chilena, forestal, minería, pesca, agro exportación, energía, comerció minorista y bancario lo que aumenta la concentración.

Debilidad del Estado y la Regulación

El problema de la concentración no sólo se remite aspectos económicos, sino que es la demostración de problemas políticos asociados: el aumento del poder político de las grandes empresas, que deriva el traspaso de poder desde Estado a las empresas; en la dificultad para revertir los altos grados de concentración; y en último término, en la debilidad del Estado para regular la actividad económica.

Así, el Estado queda atado de manos esperando, ingenuamente, que la autorregulación, derivada de los movimientos de la mano invisible, permitan corregir las irregularidades y las fallas de mercado.

En resumen, Chile tiene una institucionalidad de regulación bastante débil que dispone de muy limitadas herramientas para poder contrarrestar este poder de mercado en manos de pocos agentes privados.

Problemas Específicos Recientes

A los problemas estructurales, debe agregarse dos problemas vividos durante el último año. El primero es la inflación. Si bien parte importante del alza de precios experimentada durante 2008 era importada, proveniente del alza del petróleo y los alimentos, los incrementos en mercados regulados -servicios básicos- potenciaron dichas alzas. Esto derivó en problemas de costos y asignación de recursos en el mercado interno.

El segundo problema fue la caída del tipo de cambio que se vino a incrementar por problemas de asignación de recursos. En efecto, el fortalecimiento del peso chileno provocó el incremento de las importaciones, el desplazamiento del consumo en el mercado interno, sustituidos por productos extranjeros, y debilitó la posición de los productores chilenos que colocan sus productos en mercados extranjeros.

En el fondo, la caída del tipo de cambio -y la tardía utilización de la política cambiaria por parte del Banco Central- fue la primera causa de debilitamiento de la inversión que afectó a los sectores exportadores no tradicionales y que hoy se ve potenciada por la caída en la demanda mundial.

Con estos elementos -estructurales y de coyuntura- se configuró un mal escenario para enfrentar la crisis mundial: nos paramos ante ella con una economía concentrada, desigual, que creció durante 2008 gracias a las importaciones baratas, con alta inflación interna y con sectores productivos debilitados por la mala combinación de tipo de cambio bajo, y altos costos de los insumos energético, ¿algo más?

Política Económica y Respuesta a la Crisis

Las políticas públicas, tanto la fiscal como la monetaria están gestionadas por equipos que han tomado medidas con bastante rezago, especialmente por parte del Banco Central, y aún se sigue pensando que Chile tendrá un crecimiento bajo, pero que no habría recesión.

El Central cometió dos errores que hoy se ven reflejados en las magras cifras económicas de crecimiento. Por un lado, permitió la caída del tipo de cambio a niveles que están desalineados con el precio del dólar de largo plazo, generando incertidumbre en los sectores productivos y en segundo término, sobre-reaccionó ante las alzas de la inflación, aumentando la tasa de interés en 2 puntos porcentuales durante 2008, (desde 6,5% a 8,5%) desalineándose completamente de lo que ocurría a nivel internacional donde los países, reconociendo que la inflación era un fenómeno global no asociado a demanda interna, decidieron bajar los tipos de interés.

Por cierto, esta diferencia de tasas potenció -aun másla caída del tipo de cambio. El Central, se cobijó en la incierta situación internacional para justificar una posición conservadora en materia económica, lo que se ha reflejado en una acción tardía por parte de las autoridades monetarias para bajar la tasa de interés. Recién en la reunión de enero 2009 se inició la baja de tasas de interés, pero ya será demasiado tarde.

Medidas Gubernamentales y su Impacto

El gobierno reaccionó más rápido ante la crisis que el Banco Central, pero las políticas siguen siendo limitadas, considerando los problemas mencionados anteriormente. El parlamento aprobó un plan de 4 mil millones de dólares para reactivar la economía, pero es dudosa la capacidad del plan para generar empleo y actividades productivas.

Esto porque la eliminación del impuesto de timbres y estampillas, la reducción de los pagos provisionales y la devolución anticipada de impuestos pueden ser una forma de generar más liquidez en las empresas, pero no fomentan la demanda agregada. Tampoco aseguran la retención de trabajadores o la generación de nuevos empleos.

En tanto, el bono -entregado en marzo - de 40 mil pesos (unos 65 dólares) por carga familiar que benefició a más de un millón 700 mil familias, permitió mitigar en parte los impacto de la crisis. A éste se agrega el Bono extraordinario de invierno, anunciado por la presidenta el 21 de mayo, que será del mismo monto, pero con una cobertura más amplia ya que llegará a más de 4 millones de personas. Ambos bonos son un gran alivio, pero lamentablemente no revierten la precaria situación laboral de los sectores menos capacitados.

También se espera que los US$700 millones, que vas a ser destinados a inversión pública, tengan un impacto limitado, sobre todo considerando que no se puede olvidar que la incidencia del Estado en la economía se ha reducido, en ámbitos como la inversión. La participación del gasto público no representa más allá del 8 15%, y en materia de gasto corriente este bordea el 12% del gasto de consumo total.

Los mecanismos de protección social son también muy restrictivos, y no están pensados más que para proteger al trabajador cesante por seis meses como máximo. Es decir, es un sistema de protección que apoya a los trabajadores inmersos en el mercado laboral formal, no a los sectores informales que son los más necesi...

Indicadores Clave del Mercado Laboral en Chile (2014-2019)
Indicador 2014 2019 Variación
Tasa de Desocupación Nacional 6.2% 7.3% +1.1%
Crecimiento Promedio Anual del Empleo por Cuenta Propia 3.8% N/A
Crecimiento Promedio Anual del Empleo Asalariado 1.6% N/A
Ingreso Laboral Mensual Promedio (Trabajadores por Cuenta Propia) $358.000 N/A
Ingreso Laboral Mensual Promedio (Trabajadores Asalariados) $623.000 N/A

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