La crisis económica derivada de la pandemia ha impactado fuertemente a los jóvenes, transformándolos en una "generación perdida", según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Muchos jóvenes han visto su futuro laboral truncado debido a la modalidad online o suspensión de sus estudios, o la desaparición de sus trabajos. El efecto de la pandemia puede ser aún más a largo plazo para quienes planificaban ingresar al mundo laboral o se mantenían en trabajos informales.
Según el último informe sobre trabajo juvenil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el sector de población más afectado con la crisis económica tras la pandemia son los jóvenes, lo que los transforma en una especie de generación perdida. En una nueva encuesta a escala mundial realizada por la OIT y varios asociados de la Iniciativa Global sobre Empleo Decente para los Jóvenes, se muestra que 1 de cada 6 jóvenes encuestados ha dejado de trabajar desde que surgió la crisis de la COVID‑19.
Impacto en la Educación y el Empleo Juvenil
Para los jóvenes que estudian, la misma encuesta dice que la mitad afirma que terminarán sus estudios con retraso y el 10% cree que no terminará sus estudios. Signos de deserción universitaria ya han sido percibidos por las universidades.
En una nota de El Mercurio de este sábado, la Universidad de Tarapacá señala que ya han desertado más de mil alumnos de sus carreras, mientras que 1.350 jóvenes lo hicieron de la Universidad de Magallanes. A esto se suma que muchos de ellos han perdido beneficios estudiantiles, como becas y trabajos esporádicos.
Según señala este organismo, “los sectores más gravemente afectados por la crisis (por ejemplo, restaurantes, hoteles e industria de conciertos) a menudo son ocupados por jóvenes que ahora enfrentan un mayor riesgo de pérdida de empleo e ingresos”. Además, señala que “el 35% de los jóvenes (de 15 a 29 años) están empleados en empleos mal pagados e inseguros”, en comparación con los trabajadores de mayor edad.
El Endeudamiento como Factor Agravante
Algunos de estos elementos han sido investigados por la académica Lorena Pérez-Roa, de la carrera de Trabajo Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, y además investigadora del centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías del Poder. En particular, Pérez-Roa ha estudiado las condiciones financieras de los jóvenes que han tenido que endeudarse con créditos como el CAE (Crédito con Aval del Estado) y el crédito Corfo, de tal forma que son jóvenes que han tenido que iniciar el tránsito al mundo adulto y a los proyectos personales de antemano con una pesada y agotadora carga financiera.
“Hay una promesa de movilidad social que está asociada a una mejor posición económica y que efectivamente es lo que impulsó a muchos jóvenes a endeudarse e iniciar estos procesos educativos a costas de un tipo de endeudamiento que tiene tasas de interés elevadas, y cuyas condiciones como crédito no eran las mejores”, señaló la académica en conversación con INTERFERENCIA. Además, señala Pérez-Roa, “al ser muchos de ellos los primeros profesionales de la familia juegan un rol muy importante respecto de las expectativas económicas que tienen estas familias sobre ellos”.
Estas deudas determinan a estos jóvenes trabajadores, pues deben iniciar su vida autónoma con una carga muy fuerte en relación a las posibilidades de salario que tienen, además de lo costosa que es la vida en ciudades como Santiago, por ejemplo. Otra situación que resalta Pérez-Roa es que estos jóvenes suelen quedar aislados de las políticas públicas, debido a que por ser profesionales son considerados una élite a la que estos beneficios nunca llegarán.
De esta forma, estos jóvenes trabajadores están sobreexigidos, pues “tienen que hacerse cargo de su propia vida, de su educación, de sus deudas, de precariedades familiares, y todo esto prácticamente sin nada de protección social, porque no son objeto de política pública, que es exclusiva para gente pobre, y este grupo no cabe dentro de esas categorías clásicas”. Según la académica, es plausible que esta situación de indefensión genere mucha rabia en esta población, y muy posiblemente esto está relacionado con las manifestaciones de octubre de 2019.
Salud Mental y Perspectivas Futuras
A todo esto, se suma el efecto que tiene la cesantía y la falta de oportunidad en la salud mental de los jóvenes. Según el estudio de fines de mayo de la OIT, “más de la mitad de los jóvenes encuestados han pasado a encontrarse en situación de vulnerabilidad frente a episodios de ansiedad o depresión desde que comenzó la pandemia”. Un estudio de Jobteaser con datos de más de 7 mil jóvenes egresados de la universidad recientemente en Europa, arrojó que el 40% de los jóvenes graduados está bastante preocupado, si no muy preocupado, sobre sus perspectivas profesionales, y que casi un tercio de los estudiantes y recién graduados ha modificado sus expectativas profesionales tras la pandemia.
Para la estudiante de periodismo, Pia Ibarra, todo lo que le ha ocurrido tras la pandemia ha sido “super triste”.
“Los lazos que uno tiene con los compañeros de la universidad se rompen en cierto sentido, porque es imposible comunicarse con ellos presencialmente, uno antes en la universidad llegabas y hablabas con ellos, podías conversar, ahora no, tienen que ser cosas muy concertadas, puntuales. Encuentro que es mecánico todo, se pierde la fluidez de las relaciones humanas. Yo he escuchado a compañeros que se arrepienten de no haber ido a todos los carretes o de conversar más, y eso ya no se podrá hacer, nosotros salimos el próximo año y se termina la universidad. Y lo peor es que siento que todo el final de la carrera va a ser online. Es super triste”, reflexiona.
Respuestas y Soluciones Propuestas
“La OIT aboga por que se adopten a la mayor brevedad posible medidas de respuesta a nivel político a gran escala, para evitar que los jóvenes padezcan consecuencias adversas a largo plazo en los planos educativo, formativo y profesional. Para afrontar esos retos, los gobiernos deben ofrecer soluciones integrales que conjuguen elementos de los cuatro pilares del marco general de políticas de la OIT para hacer frente a la crisis de la COVID‑19”, recomienda la organización.
La organización asegura que en ese sentido, en países desarrollados, los jóvenes tienen mejores expectativas laborales, ya que en esos países el trabajo informal es menor. Esa comparación entre un país desarrollado, y uno que no lo es, la puede hacer bien Evelyn Morales, periodista de 27 años.
Desde fines de 2018, trabaja en la capital germana realizando labores de aseo en hogares particulares y delivery en bicicleta. Por lo tanto, es menos inversión de tiempo y por lo tanto gano más por hora. Con estos trabajos estoy mucho mejor que en Chile”, dice Morales. Sobre la pandemia de Coronavirus ve con preocupación la realidad chilena en comparación con la alemana, donde la presencia del Estado entrega niveles de seguridad social abrumadoramente diferentes a la realidad de Chile.
"Acá si tú no trabajas las horas que dice tu contrato debido a la pandemia, el Estado se hace cargo del 60% del sueldo que le falta a esos empleados. Por tener contrato todos acceden a ese beneficio. En Chile hay que estar muriéndose de hambre para recibir un bono que es de 50 lucas", dice Evelyn.
También destaca otra iniciativa estatal que ha permitido que miles de personas que se desempeñaban como trabajadores independientes pudieran mantener sus emprendimientos: "A los autónomos se les donaron 5 mil euros. A mi me los depositaron de hecho, por los trabajos que he hecho de freelance, pero como no tengo ahora ningún emprendimiento tuve que devolver esa donación. Pero muchos han podido mantener sus negocios gracias a ayudas de ese tipo", dice Morales.
Riesgos Considerables para los Jóvenes
Según el informe “Youth and Covid-19”, publicado por la OCDE el 15 de junio, la crisis social y económica relacionada con la pandemia planteará riesgos considerables para los jóvenes, y especialmente aquellos más vulnerables, principalmente en cuatro ámbitos: “la educación, el empleo, la salud mental y los ingresos disponibles”.
En el contexto de la pandemia, Pérez-Roa, señala que la respuesta del Estado no ha sido transversal, de tal forma que no ha comprendido el fenómeno que experimentan estos jóvenes que han tenido inestabilidad laboral, necesidad de realizar emprendimientos para compensar la precariedad financiera, y también situaciones de autoempleo.
“Esta falta de respuesta transversal termina siendo muy indolente con la situación que vive el otro, lo cual genera mucha rabia y acumula mucha más frustración. Por lo mismo, es plausible pensar que vaya a haber una fuerte movilización social cuando el confinamiento pare”, señala la académica de la Facso.
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