En los últimos trimestres, la palabra “desempleo” ha vuelto con fuerza al debate público en Chile. Más allá de las cifras, la realidad detrás de este fenómeno tiene efectos concretos sobre las empresas, sus trabajadores, y el ecosistema económico en su conjunto. Desde Pluxee Chile, creemos que el empleo de calidad es un pilar del bienestar sostenible y que entender el contexto laboral es clave para tomar mejores decisiones empresariales.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desocupación nacional alcanzó un 8,9 % en el trimestre marzo-mayo de 2025, lo que representa un aumento de 0,6 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior. Fue un dato que generó preocupación entre los economistas. La tasa de desempleo en el trimestre febrero-abril subió por primera vez en 14 meses en su medición anual y se ubicó en 8,8%.

Pero la cifra no solo sirvió para que los expertos prendieran la luz de alerta, sino que también para explicar lo que está pasando en el mercado laboral, que durante los últimos meses ha ido perdiendo dinamismo. Un ejemplo de aquello es que si hace un año se creaban más de 300 mil puestos de trabajo, en el trimestre enero-marzo fueron 80 mil, y ahora en el trimestre febrero-abril se generaron solo 20 mil nuevos puestos de trabajo, siendo la cifra más baja desde febrero-abril del 2021, en plena pandemia.

Además, la tasa de desempleo se ha mantenido en 8% o más por 28 meses, la tasa de ocupación bajó a 56,6% desde 57,1% de hace un año y la tasa de participación se ha mantenido estancada en 62,2%. Una de las explicaciones es que la fuerza de trabajo, es decir, las personas que están buscando trabajo son mayores a los empleos que la economía está generando. En el trimestre febrero-abril, la fuerza de trabajo creció 0,6%, mayor a la presentada por las personas ocupadas (0,2%), lo que presionó al alza la tasa de desempleo.

En el lado “menos malo”, la creación de empleo informal se ido desacelerando durante los últimos seis meses. En este trimestre terminado en abril hubo una baja de 216.807 puestos de trabajo completando seis meses de caídas en la informalidad. Además, la tasa de ocupación llegó a 25,8%, la más baja del actual gobierno. Otro de los datos que preocupa a los analistas es que las personas desocupadas aumentaron 4,3% en el último trimestre informado por INE.

Esa alza estuvo incidida por quienes se encontraban cesantes (4,1%) y aquellas que buscan trabajo por primera vez (5,9%). De esta manera, la población desocupada llegó a las 907.718, un 4,3% más alto que hace un año y en número es el mayor desde febrero-abril del 2021 cuando hubo 924.974. Durante este gobierno, de acuerdo a las cifras del INE, se han creado 590 mil puestos de trabajo.

¿Desempleo estructural?

Para los economistas que siguen de cerca el mercado laboral, el hecho de que la tasa de desempleo se mantenga sobre 8% por 28 meses podría estar generando un cambio de nivel estructural del desempleo, es decir, este sería el nivel más permanente que podría estar la tasa de desempleo dada las condiciones macroeconómicas del país. Pero esta situación para los expertos no es algo normal ni a lo que el país se tenga que acostumbrar, sino que todo lo contrario.

Por ello, urgen por medidas que impulsen la reactivación del mercado laboral. Entre 2010 y 2019, la tasa de desempleo promedió 6,9% siendo la mejor época desde que hay cifras comprables. Luego en 2020 llegó la pandemia que generó diversos efectos en la economía. En un primero momento, es decir, durante 2020, la tasa subió fuertemente y ese año promedio 10,9%, pero estuvo acompaña de un aumento de personas que tuvieron que salir de la fuerza laboral debido a las restricciones que hubo en ese momento.

Por ello, los inactivos potencialmente activos superaron por varios meses el millón de personas. En 2021, ya comenzó levemente a recuperar terreno el empleo y disminuir la tasa de desempleo. Ese año promedió 8,9%. Luego en 2022, se comenzó a recuperar el empleo y el desempleo se redujo a una tasa promedio de 7,9%. Al año siguiente, el escenario comenzó a cambiar, la tasa de desempleo subió en el trimestre diciembre 2022-febrero del 2023 a 8,4% y en el trimestre enero-marzo a 8,8%.

Desde fines del 2022, cuando la tasa de desempleo volvió al 8% y hasta la última cifra informada por el INE, la tasa de desempleo promedia un 8,6%. Patricio Rojas, economista de Rojas y Asociados, afirma que el país tiene “un problema de desempleo estructural. La tasa de desempleo en Chile está estabilizada en un nivel sobre 8% y lamentablemente no se ven señales que la puedan hacer disminuir, sino más bien con tendencia a seguir elevándose. Hoy estamos en 8,8%, en un mes donde no hay estacionalidad, por lo que se espera que no sea el más alto del año. Es probable que en julio-agosto la tasa podría superar el 9%”.

Alejandro Fernández, economista de Gemines, menciona que “si estamos en un problema estructural del desempleo, pero lo importante es que este desempleo estructural ha subido respecto del existente antes de la pandemia. La situación es particularmente grave porque la tasa de participación sigue siendo inferior a la normal antes de la pandemia, lo que indica que, a pesar que hay menos personas participando en el mercado laboral, la tasa de desempleo es persistentemente más alta que la que había antes de 2020”.

Otra mirada entrega la economista de Clapes, Carmen Cifuentes: “Lo que estamos observando es una señal clara de un problema estructural: la economía no está generando suficientes empleos formales de calidad ni logra absorber de manera adecuada a la fuerza laboral disponible”. Una mirada más crítica a la respuesta que ha tenido el gobierno la entrega el director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC, David Bravo, quien afirma que hay dos indicadores relevantes que están marcando “claramente la fiebre” en el mercado laboral.

El primero, según menciona Bravo es la tasa de ocupación de 56,7% que “sigue bajo la tasa prepandemia de 58,2%, faltando aún 242 mil empleos para volver a dicho nivel. Incluso, si se saca a los jóvenes, el déficit de empleos considerando a las personas de 25 o más años, es de 215 mil. La tasa de ocupación actual es equivalente a la que teníamos en 2010, un retroceso de 15 años”.El segundo indicador que releva el economista es la tasa de desocupación, que lleva 28 meses por sobre el 8%. “Nuevamente, en el periodo prepandemia debemos retroceder a 2010 saliendo de la crisis subprime y el terremoto, para encontrar tasas de 8%. Nuevamente, un retroceso de 15 años en el mercado laboral”.

Otro punto de vista entrega la directora de la Escuela de Gobierno de UC, Andrea Repetto, quien señala que “la composición etaria de la participación laboral también ha cambiado, con menos relevancia de personas en edad de estudiar y de trabajadores mayores. Ello puede ser estructural si las personas más jóvenes están accediendo a mejores oportunidades de estudio y los mayores a los beneficios que significa la PGU. Si este es el caso, entonces estos aspectos no son una mala noticia”.

Desde el gobierno, Nicolás Ratto, jefe de la División de Políticas de Empleo del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, comenta que “sin estar satisfechos, el mercado laboral ha mostrado capacidad para crear puestos de trabajo, aun cuando sigue sin poder absorber todo lo que se le requiere por parte de los buscadores de empleo”. En ese punto entrega un par de cifras: “La participación laboral ha aumentado en casi tres puntos desde inicios del gobierno, lo que se traduce en que más de 700 mil personas han ingresado al mercado laboral. De estos nuevos participantes, tres cuartos han encontrado trabajo y 160 mil lamentablemente no han podido. Ese es el desafío, poder generar las condiciones para que el mercado laboral produzca esos puestos de trabajo”.

Bajo crecimiento y ausencia de medida proempleo

En la argumentación, los expertos señalan que el escenario actual se debe principalmente al bajo crecimiento económico, la ausencia de medidas proempleo y a las leyes que se han impulsado bajo esta administración, como el alza del salario mínimo que llegará a enero a $539 mil y la reducción de la jornada laboral a 40 horas, lo que han elevado los costos de las empresas.

Bravo define esta situación como “crisis laboral” y afirma que se debe “al bajo crecimiento de la economía y a la falta de medidas especiales, como habría sido el caso si se evaluaba que nos encontrábamos en una situación de emergencia”. No obstante, critica el hecho de que se haya preferido generar un “entorno antiempleo, desde la incertidumbre política del primer proyecto constitucional hasta las medidas adoptadas que han incrementado costos en el mercado laboral como salario mínimo, 40 horas y el anuncio del proyecto de negociación por rama”.

Cifuentes subraya que “esto responde no solo a un bajo dinamismo económico, sino también a la ausencia de una agenda proempleo capaz de adaptarse a los profundos cambios que ha experimentado el mercado laboral, especialmente aquellos derivados de la transformación tecnológica”. Y Repetto ve como factores el crecimiento de la economía que, si bien “ha estado creciendo algo por sobre a su potencial, que no es alto, lo que impacta la creación de empleo”.

También dice que hay rezagos en algunos que son intensivos en la mano de obra. “Mientras la minería se ha recuperado, la construcción sigue rezagada. Ello tiene impacto en el empleo y desempleo, el cual persiste en una tasa bastante más alta que la que había en 2019 y años previos”. Y también suma como un elemento a considerar “algunas regulaciones que pueden haber tenido efecto, como el mayor salario mínimo y la reducción gradual de la jornada laboral. A ello se va a sumar prontamente la mayor cotización previsional, que se irá elevando con gradualidad”.

Ratto dice que “con o sin desempleo estructural”, el gobierno está avanzando en medidas para el mercado laboral importantes y que por lo mismo esperan que cuenten con apoyo transversal. Ahí menciona el proyecto de ley de Subsidio Unificado de Empleo, “que devuelve la potencia y suma nuevas poblaciones beneficiarias a las herramientas de subsidio ya existentes”.

El Desempleo de Larga Duración: Una Crisis Silenciosa

Las puertas del trabajo no están abiertas para todos en Chile. Así lo evidencian las últimas cifras: en el último año, el número de personas desempleadas aumentó 37.479 más, y casi todos -el 95,8%, es decir, 35.894- forman parte de un grupo atrapado en la cesantía prolongada. La tasa de desocupación de larga duración creció un 69,1% en el trimestre de febrero a abril respecto al mismo periodo del año anterior, el mayor salto desde octubre de 2021.

El incremento no es repentino, sino un síntoma de la debilidad persistente del mercado laboral chileno. El desempleo escaló hasta el 8,8% en febrero-abril de este 2025 -el primer incremento tras 14 meses sin alzas-, mientras que la creación de nuevos puestos de trabajo fue de 20.011, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Juan Bravo, director del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, asegura que “esta combinación inevitablemente lleva al fenómeno del desempleo de larga duración”. En total, hay 147.768 personas en esta situación en el país sudamericano. Es un grupo minoritario si se compara con el total de desempleados: 907.718. Sin embargo, es especialmente vulnerable debido a las consecuencias de estar sin trabajo durante un tiempo tan largo.

“Los efectos son múltiples. Es un fenómeno que repercute en una depreciación del capital humano, porque las personas que están tiempos demasiado extensos sin empleo empiezan a perder destrezas. Por otro lado, está el riesgo de caer en pobreza debido a que los afectados gastan sus ahorros y medios de financiamiento. Finalmente, eleva la prevalencia de enfermedades como ansiedad y depresión, y también la probabilidad de enfermedades físicas. Es algo que no solo afecta a nivel individual, sino a todos porque, en algunos casos, lleva a la posibilidad de realizar conductas socialmente indeseables como caer en drogadicción o cometer delitos”, explica Bravo.

Al descomponer los 35.894 desocupados de larga duración que se agregan durante este último año, 24.800 son personas con educación superior completa. Para Bravo hay dos posibles causas: “En ciertas áreas de estudio hay un exceso de profesionales, que no son demandados por el mercado laboral. Es decir, existe un descalce entre la oferta formativa y las demandas del mundo productivo. Asimismo, cuando este grupo educativo trabaja accede a mayores niveles de ingreso y tiene mayor capacidad de ahorro. Eso significa que, en comparación con otros grupos, tiene más tiempo para dedicar a la búsqueda de un empleo adecuado”.

Jorge Gaju, director ejecutivo de Fundación Emplea, que capacita a personas sin trabajo, indica que la desocupación duradera afecta a los grupos más vulnerables, en particular a las mujeres, que independiente de su edad, muchas veces deben postergar su desarrollo profesional por el cuidado de otros. “El problema también se agrava entre las personas migrantes, que demoran años en regularizar su situación y solo acceden a empleos informales precarios, y en las personas con discapacidad”, señala.

Testimonios

Paulina Salinas, ingeniera en gestión: “Siempre estás con la frustración en la garganta”. Paulina Salinas, madre de tres hijos, renunció a su empleo en febrero de 2024. Lo hizo para realizarse un tratamiento oncológico, pero una vez se recuperó quiso volver a trabajar y no ha podido reinsertarse en el mercado laboral. Es ingeniera de gestión y tiene 39 años, pero en los últimos meses se ha ofrecido para otras labores, incluso realizar aseo. “Me dicen que no porque tengo estudios y probablemente en un mes los vaya a dejar. Pero como jefa de hogar no tener ingresos es una situación que agota y frustra, porque se convierte en sinónimo de estancamiento”. Durante meses ha intentado sin éxito retornar a su antiguo trabajo, en la Municipalidad de Puente Alto. “El desempleo, el que dura mucho tiempo, es una realidad que se vive en silencio. Ver que las oportunidades no llegan es desesperante. Me acuesto pensando en las necesidades que no puedo cubrir de mis hijos. Como jefa de hogar siempre estoy con la frustración en la garganta, porque no puedo ofrecerles la estabilidad que merecen”.

Matías Hozven, publicista: “Entré en un periodo de estrés muy grande”. Unos meses antes de que se declarara la pandemia en el mundo, en 2020, el publicista y periodista Matías Hozven quedó sin empleo y desde ese momento no ha podido entrar encontrar uno formal. “Todo fue muy duro, al principio por lo emocional porque el argumento que me dio la empresa para desvincularme fue insípido”. Sin ahorros, Matías inició la búsqueda de un nuevo trabajo: “Metía mi currículo en toda página web que existiera y recurría a mis redes de contacto”. Cuando lo entrevistaban le decían que “cobraba mucho”, que estaba sobre calificado y ocasionalmente que sus estudios estaban desactualizados. Se ajustó a lo que le pedían los reclutadores laborales, pero tampoco hubo grandes avances. Debió trabajar como repartidor en los momentos más duros de la pandemia. “Fue un periodo corto, lo hice para ganar plata. Luego entregué servicios profesionales freelance, como asesor comunicacional, a distintas empresas y personas, pero nada estable”. Hoy, a sus 44 años, dice que estar desempleado durante tanto tiempo ha impactado su mundo personal: “Entré en un periodo de estrés muy grande. Eso afectó mis relaciones interpersonales y la confianza sobre mí mismo”.

Ximena Orias, asistente educacional: “Es muy difícil encontrar un empleo en regiones”. Ximena Orias trabajó como asistente de aula en una escuela en Concepción, ubicada aproximadamente a 450 kilómetros al sur de Santiago, hasta diciembre de 2022. “Es muy difícil encontrar un empleo en regiones y más en el área de educación, donde se suelen abrir vacantes una vez al año. Tengo colegas que se han ido a otras ciudades para buscar oportunidades laborales, pero tengo un hijo y no quiero irme”, dice. Sin otro medio de sustento, esta chilena de 46 años comenzó a preparar pasteles para vender entre sus vecinos y en ferias. Pero no todos los días logra vender lo suficiente para cubrir sus gastos. Cree que lo más complejo de estos tres años sin un empleo formal ha sido lidiar con la ansiedad: “La angustia se apodera de alguna forma de ti y empiezas a deprimir, porque no tienes plata y debes pagar cosas. Ya no piensas a largo plazo, sino el día a día, en qué y cómo haré, de dónde sacaré dinero”.

Diego Castillo, diseñador gráfico: “Comienzas a sentirte excluido”. Cuando Diego Castillo quedó desempleado, en marzo de 2021, se apoyó económicamente con un seguro de cesantía y las ayudas gubernamentales otorgadas durante la pandemia. Pero estos beneficios desaparecieron en unos meses y él, un diseñador gráfico, seguía sin encontrar un trabajo a pesar de haber postulado a decenas de vacantes. Al principio, su mayor preocupación fue no poder mantener un seguro de salud: “Pasé al peor tramo de Fonasa [Fondo Nacional de Salud] y debía pagar cualquier consulta como particular”. Luego, la falta de una fuente de ingresos también afectó sus relaciones más cercanas: “Ya no te invitan a salir por no tener tanto dinero y comienzas a sentirte excluido”. Pero uno de los mayores choques lo vivió cuando no era contratado: “Siempre había una excusa. De cada 10 currículos enviados, en nueve casos me decían que estaba sobre calificado, que no cumplía con el perfil. Y yo sabía que todo era por la edad, porque en mi profesión después de los 35 años no eres contratado y yo ahora tengo 39. Sé que no soy tan viejo, pero tampoco tan joven. Socialmente, está visto que si estás cerca de los 40 años y no estás estable monetariamente o sin trabajo, empiezas a quedar atrás”. Diego dice que, en ocasiones, ha querido desistir de la búsqueda de empleo: “A veces es duro insistir, porque sabes la respuesta”. Con el tiempo dejó de postular solo para ejercer como diseñador gráfico, y también apostó por otros puestos como vendedor o atender un negocio con remuneraciones inferiores a las que recibía en su antiguo empleo. Pero encontró una nueva barrera. “Me decían que no tenía experiencia, por lo que quedaba automáticamente fuera del proceso de selección de personal”.

Datos del INE y Perspectivas de Expertos

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en su última Encuesta Nacional de Empleo (ENE), el desempleo en el país se ubicó en 8,5% en el trimestre octubre-diciembre de 2023, y mantiene la tendencia al alza que viene desde hace más de un año. Según el informe, esta cifra representa un incremento de unos 0,6 puntos porcentuales (pp.) en doce meses. Desde el INE indicaron que, en comparación con el trimestre móvil anterior, existe un registro de 84.718 nuevos puestos de trabajo, con un total de ocupados de 9.223.135. Y en comparación con los indicadores del año anterior, la tasa de participación se ubicó en 61,8% y la de ocupación en un 56,6%, y crecieron 1,5 pp. Si se realiza un zoom a las cifras, el INE informó que en la Región Metropolitana la tasa de desocupación alcanzó un 9,4%, aumentando 0,5 pp. Por otro lado, la tasa de ocupación informal se ubicó en 27,5% y presentó un incremento de 0,1 pp. en un año.

Carmen Cifuentes, investigadora de CLAPES UC, explica que “la tasa de desempleo persiste en niveles elevados, cerrando 2023 en un 8,5%. Esta cifra es 0,6 puntos porcentuales más alta que la registrada el mismo trimestre de 2022”. La experta menciona que esto se debe “a que la creación de empleos no ha sido suficiente para cubrir el incremento de las personas que se incorporan al mercado laboral. En tanto, Cifuentes, explica que “el desempleo puede tener diversas consecuencias socioeconómicas, en especial cuando es prolongado. El efecto más directo e inmediato se relaciona con caídas en los ingresos laborales.

El director del Instituto de Economía de la Universidad Católica, Tomás Rau, está preocupado por el estado actual del mercado laboral. Subraya que no debemos naturalizar una tasa de desempleo superior al 8%, y que la falta de crecimiento económico está obstaculizando la creación de empleos de calidad. Agrega que “seguimos enredados con la permisología y la judicialización. Una sola persona puede detener un proyecto de Data Center de millones de dólares con argumentos espurios”.

Tomás Rau indica que “tenemos una tasa de desempleo de 8,7% y llevamos casi 2 años con una tasa de 8% o más. Entre enero de 2010 y febrero de 2020, la tasa de desempleo promedio fue de 6,9%. Faltan 278 mil empleos por recuperar. Luego, me parece que en 2 años se debería al menos haber intentado medidas pro empleo, como incentivos a la contratación y no al revés”.

Además, menciona que “la orientación de la legislación laboral está aumentando los costos de contratación. Es innegable que algunas medidas han encarecido la contratación de mano de obra. La identificación “causal” de los efectos de cada medida en el empleo es difícil de calcular porque ocurren simultáneamente y hay otros cambios ocurriendo también, como la gratuidad de la educación superior, PGU, entre otros. Sin embargo, es evidente que cuando un insumo productivo se encarece las empresas pueden sustituir parcialmente dicho insumo por otro, como el capital. Eso tiene un efecto en el empleo en el mediano y largo plazo”.

Finalmente, concluye que “el salario mínimo afecta a trabajadores menos calificados y muchos trabajadores jóvenes entre 18 y 24 años tienen poca calificación y experiencia laboral. Hoy el desempleo juvenil está en 21,4%, pero para las mujeres (en este segmento) alcanza el 23,4%. Por otro lado, la PGU significó un ingreso no-laboral para muchas personas con 65 años o más que antes no tenían. Un resultado de los modelos de oferta de trabajo es que un aumento en el ingreso no-laboral desincentiva la participación laboral y es lo que está ocurriendo con las personas de 65 o más años”.

Aunque a simple vista pueda parecer que más desempleo significa “más oferta de trabajadores”, lo cierto es que el efecto real del desempleo prolongado y estructural puede ser altamente perjudicial para tu empresa.

Efectos del Desempleo en las Empresas:

  1. Reducción del Consumo: Cuando las personas no tienen ingresos o viven en la informalidad, su capacidad de consumo se reduce. Esto afecta directamente a empresas de todos los rubros, especialmente en retail, alimentos, servicios y entretenimiento.
  2. Pérdida de Habilidades: Las personas que llevan muchos meses (o años) fuera del mercado laboral pierden habilidades, experiencia y motivación. Esto significa que, aunque haya más postulantes, muchos de ellos no cuentan con las competencias que hoy requieren los cargos.
  3. Temor y Ansiedad en los Equipos: Cuando los equipos ven que hay más despidos o escuchan que “afuera está difícil”, el temor y la ansiedad aumentan. Esto genera menor productividad, peor ambiente interno y un círculo vicioso donde el bienestar emocional se ve afectado.
  4. Rotación Involuntaria: En un mercado laboral deprimido, la rotación se vuelve involuntaria y defensiva. Las personas cambian de trabajo por necesidad y no por proyectos motivadores.
  5. Impacto en la Legitimidad Empresarial: Hoy más que nunca, la sociedad observa el rol que las empresas juegan en el desarrollo económico y social. Las organizaciones que no promueven empleos de calidad, diversidad o bienestar pierden legitimidad.

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