La situación educacional chilena en 2023 fue de pocas luces, lo que es grave tras el severo impacto negativo experimentado en pandemia, del cual estamos aún lejos de recuperarnos.

Políticamente, la actual crisis se sitúa en la segunda fase de un gobierno con problemas en varios frentes, pero que puede aún avanzar adecuadamente en el tema educativo si se concentra en algunas tareas relevantes e indispensables, ojalá imprimiendo un actuar alejado del ideologismo doctrinario y de la soberbia de algunos que no quieren escuchar.

Un soporte importante y no menor es que el presupuesto 2024 del Ministerio recupera su vigor, demandando ahora efectividad (oportunidad y pertinencia) en su ejecución.

La siguiente es una lista de cuestiones clave que debiesen aunar tanto a los gremios de trabajadores de la educación como de sostenedores (empresarios) en la construcción de una alianza potente publico/privada que nos beneficiaría a todos.

  1. Recuperar en los estudiantes los aprendizajes no logrados o muy deficitarios con programas flexibles.
  2. Estos deben combinar los aprendizajes tecnológicos desarrollados en pandemia, e incorporar nuevas responsabilidades y mayor autonomía de las escuelas, para así decidir sus estrategias en este plano.
  3. Cambiar el actual sistema de financiamiento escolar vía subsidio por uno que reconozca en toda su dimensión y participación los costos fijos de operación de un establecimiento y sus costos variables, relacionándolos con la matrícula (trimestral/semestral/anual) de la escuela y el contexto socioterritorial y de caracterización sociocultural de los estudiantes en el cual se inserta.
  4. Analizar y transformar el sistema de financiamiento de los estudiantes de educación superior; es decir, sincerar que la gratuidad, tal como ha sido diseñada y proyectada, es insostenible financieramente, y que debiese ajustarse a criterios de impacto social y económico de la formación que se cursa, combinados con las características socioeconómicas del estudiante, materias donde hay experiencias importantes que pueden nutrir esta situación.
  5. Rediseñar completamente el Ministerio de Educación.

Dada la complejidad de su tarea y de la inadecuación de sus estructuras, en la actualidad es una máquina muy pesada que más entraba que apoya las respuestas que se requieren. En esta perspectiva, sería práctico dejar todo lo que es Educación Superior -profesional y técnica- bajo otro ministerio (asociada a Ciencia y Tecnología), y centrar al MINEDUC en la tarea de dirección de la educación nacional inicial y escolar (pública y privada) que implique un rediseño también de sus cuerpos territoriales.

Se trata de tareas de enorme complejidad y magnitud, que debiésemos abordar con políticas de Estado, pues en tanto más se prolongue su transformación, más se agudizan sus efectos negativos sobre toda la educación nacional.

No hay razones suficientes ni argumentos sólidos que, al tenor de la evidencia que hoy contamos, avalen que a fines del 2024 volvamos a concluir que se trató de un año perdido para la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes.

La Unidad de Estadística entre sus diversas actividades, interviene, ya sea como actor principal o colaborativo, en un conjunto de publicaciones, tanto nacionales como internacionales.

Entre las primeras se encuentra la edición anual de Estadísticas de la Educación, la cual resume información del sistema educacional chileno, por medio de cuatro agentes que participan en él: Prestadores de Educación; Estudiantes; Docentes y Asistentes de la Educación; Sostenedores.

Entre las internacionales, destaca la participación de la Unidad de Estadística en Educación at a Glance, publicación anual que pertenece a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Esta ofrece un conjunto de indicadores sobre el estado de la educación en el mundo, proveyendo información de los resultados educacionales y el impacto del aprendizaje en los distintos países, por ejemplo.

Esta semana la OCDE público un nuevo informe, llamado ¨Estudiantes de bajo rendimiento: Por qué se quedan atrás y cómo ayudarles a tener éxito¨.

El informe describe los factores que causan la desmotivación y el bajo rendimiento escolar y proponen posibles política para ayudar a romper con los círculos viciosos que exacerban el bajo rendimiento.

Hoy, un número elevado de alumnos se quedan atrapados en periodos de bajo rendimiento escolar y desmotivación lo cual tiene repercusiones importantes a largo plazo, tanto para el alumno como también para el resto de su país.

Además, aquellos que no rinden a un nivel adecuado a los 15 años, tiene un riesgo más alto de desertar sus estudios completamente.

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) del 2012 muestra que en promedio, uno de cada cuatro estudiantes de 15 años en los países que integran la OCDE, no alcanzó un nivel básico en por lo menos una de las tres asignaturas que evalúa la prueba- ya sea en lectura, en matemáticas o en ciencia.

La OCDE afirma que ¨Reducir el número de alumnos con bajo rendimiento no solamente es un objetivo legítimo de por sí, sino que además es una manera efectiva de mejorar el rendimiento de conjunto de un sistema educativo (y la equidad, ya que los alumnos con rendimientos bajos provienen, con mayor frecuencia, de familias desfavorecidas socioeconómicamente)¨.

En el periodo entre 2003 y 2012, Alemania, Brasil, la Federación Rusa, Italia, México, Polonia, Portugal, Túnez y Turquía lograron reducir la proporción de sus estudiantes con bajo rendimiento en la prueba de matemáticas.

La gran diversidad de estos países muestra que la reducción del bajo rendimiento y la desmotivación es posible en contextos culturales y socioeconómicos muy diversos.

El informe destaca que las causas del bajo rendimiento no se basan en un factor de riesgo; los análisis muestran que se trata de múltiples factores de riesgo que actúan simultáneamente.

Se observa que es la combinación y/o acumulación de obstáculos y desventajas de las vidas de los estudiantes hace la diferencia en el rendimiento escolar.

Además, los estudiantes con bajo rendimiento, tienen actitudes menos positivas hacia el colegio y el aprendizaje en general.

Muestran menos perseverancia, motivación, y confianza en sí mismos.

Por otro lado, estos mismo estudiantes tienen una probabilidad más alta de faltar a clases regularmente.

Sin embargo, el informe muestra que los estudiantes que exhiben un bajo rendimiento en matemáticas pasan una cantidad de tiempo similar a los con mejor rendimiento realizando actividades matemáticas.

Por otro lado, los alumnos que tienen peor rendimiento tienden a recibir menos apoyo de parte de profesores y de sus escuelas.

En los colegios donde los profesores apoyan más a sus estudiantes y los ayudan a mantener la moral alta, tienen menos probabilidad de tener estudiantes con bajo rendimiento.

En los países OCDE donde los recursos escolares están distribuidos de forma más equitativa entre recintos, hay un mayor rendimiento en matemáticas.

El informe termina haciendo recomendaciones de políticas para la disminución del bajo rendimiento en los colegios.

Identifica que el primer paso que deben dar los gobiernos es darle una alta prioridad al problema del rendimiento escolar.

El enfoque que se toma para dar estas recomendaciones es multidimensional y debe ser adaptado a las circunstancias nacionales y locales.

El sistema escolar de Chile no funciona bien, ni siquiera a nivel de la élite.

Hoy nadie pone en duda que existe una amplia e importante brecha entre la economía de Chile que es muy avanzada y su desempeño educativo que es bastante pobre.

Esta agrupación incluye las naciones más desarrolladas del planeta, pero también aquellas emergentes como México, Chile y Turquía.

Andreas Schleicher, director de Educación de esa entidad, estuvo recientemente en nuestro país, ocasión en la que participó en el seminario internacional “Reforma Educacional: Reglas del juego para la inclusión y calidad”, organizado por la OCDE y el Ministerio de Educación.

Fue enfático: “la educación en nuestro país ha mejorado considerablemente, pero no sólo seguimos estando lejos de los niveles de los países desarrollados, sino que además hay sistemas destacados, como el de Shanghai, que avanzan mucho más rápido.

“Tal vez lo más sorprendente, según los estándares mundiales, es que el sistema escolar de Chile no funciona bien ni siquiera a nivel de la élite, para quienes fue diseñado -señaló en una reciente conversación con Revista de Educación-.

El 10% de los estudiantes más desfavorecidos en Shanghai supera al 10% de los estudiantes más privilegiados de Chile.

La diferencia clave entre estos dos sistemas de educación es que Shanghai ofrece a todos sus alumnos el tipo de oportunidades educativas que Chile se reserva para sus niños más ricos.

Es por eso que la mejora de la calidad y la equidad de la educación deben ir de la mano.

La buena noticia es que sí se puede lograr.

La segregación social en Chile ha provocado, según el experto de la OCDE, una concentración de escuelas en desventaja y por otra, una extraordinaria complacencia entre las escuelas que atienden a niños privilegiados de Chile.

“Lo que es más preocupante -aseguró Schleicher- es lo que la segregación social ha hecho en la mentalidad de los escolares.

En un momento, PISA preguntó a los alumnos qué creen que los hace exitosos en matemática.

La mayoría de los jóvenes chilenos respondió que el éxito depende del talento, algo así: “Si yo no soy un genio en matemática, entonces será mejor estudiar otra cosa”.

En cambio, cuando hicimos la misma pregunta a estudiantes de China, 9 de cada 10 nos decían que si estudian duro y confían en el apoyo de sus profesores, tendrán éxito.

En muchas escuelas chilenas, los estudiantes aprenden por lo general de forma individual y al finalizar el año escolar, se evalúan sus logros.

Cuando se recibe a un alumno que proviene de un sector desaventajado no se le hace la vida fácil, sino que se le exige igual que a otros estudiantes que provienen de realidades más acomodadas.

La diferencia está en que los profesores redoblan los esfuerzos para que salga adelante y, al mismo tiempo, el sistema se preocupa de aumentar las inversiones para estos alumnos y de asignarles los mejores docentes para que tengan éxito.

“Los profesores entienden que esos niños no tienen la misma forma de aprender y les entregan un feedback o retraolimentación constante, todos los días -explicó Schleicher-.

No basta con hacerles una prueba a fin de año, hay que darles un feedback diario.

De esta forma, se asegura que todos los alumnos se sientan valiosos.

En un mundo que se vuelve cada vez más globalizado e interdependiente, el rol del profesor ha cambiado y es más demandante.

“La educación de hoy necesita poner énfasis en otros aspectos: las maneras de pensar, lo que involucra la creatividad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de tomar decisiones; las formas de trabajo, incluida la comunicación y la colaboración; las herramientas de trabajo, el poder reconocer y aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías; y, por último, pero no menos importante, la capacidad de vivir en un mundo de múltiples facetas como ciudadanos activos y responsables.

Explicó que el dilema actual al que se enfrentan los educadores es que el tipo de cosas que son fáciles de enseñar y de evaluar son aquellas que son fáciles de digitalizar, automatizar y externalizar.

“En resumen, la economía mundial ya no le paga a la gente por lo que sabe, Google sabe todo, sino por lo que pueden hacer con lo que saben y eso constituye una diferencia tremenda.

Pero para que exista un sistema de educación de calidad no basta sólo con el esfuerzo de los profesores y un enfoque adecuado de lo que hoy significa enseñar.

Es fundamental contar con una educación pública fuerte.

“No creo que el sector público tenga que estar a cargo de todas las escuelas, pero prácticamente todos los sistemas de educación de alto rendimiento tienen una visión educativa coherente que se extiende a todas las escuelas y tiene la capacidad de movilizar y asignar recursos en todo el sistema para que cada estudiante pueda beneficiarse de un excelente aprendizaje -afirmó Schleicher-.

Se necesita un sistema público fuerte para desarrollar y distribuir el talento docente.

Más importante aún, la educación pública puede atraer a los profesores más talentosos a las aulas más desafiantes y a los directores más capacitados a las escuelas más difíciles.

Destacó en que aun cuando nuestro país tiene escuelas sólidas y estables, es urgente construir un sistema educativo más fuerte alrededor de las escuelas para asegurar que los profesores y directores trabajen con un alto grado de autonomía profesional, pero en una cultura de colaboración.

Al preguntarle al director de Educación de la OCDE si la Reforma que se está llevando a cabo en Chile contribuirá a mejorar la calidad de la educación, aseguró que está convencido de que así será, ya que permitirá poner a todas las escuelas y liceos del país en igualdad de condiciones y entregar a todos los estudiantes las mismas oportunidades educativas.

“Esto es la base para la mejora. La Reforma tiene el potencial para lograrlo. No hay que olvidar que para que esta Reforma sea exitosa, se requiere fortalecer la profesión docente.

Tal como señaló el Informe McKinsey de 2007, en ninguna parte del mundo la calidad de un sistema escolar supera la calidad de sus profesores.

“Los sistemas escolares de alto nivel prestan atención a cómo se selecciona y capacita a su personal docente.

Observan cómo mejorar el desempeño de aquellos que tienen dificultades y cómo estructurar sus remuneraciones.

Proporcionan un ambiente en que los maestros trabajan juntos para formular y desarrollar buenas prácticas y proporcionan vías inteligentes para que avancen en sus carreras profesionales.

Los sistemas de alto desempeño se han movido de un control administrativo y de rendición de cuentas hacia nuevas formas de organización del trabajo profesional; apoyan a sus maestros para realizar innovaciones pedagógicas, mejorar su propio desempeño y el de sus colegas, y alcanzar un desarrollo profesional que lleve a una práctica educativa superior.

Su objetivo es conocer los resultados educativos de los establecimientos, evaluando el logro de los contenidos y habilidades del Currículum Nacional, con pruebas en diferentes asignaturas o áreas de aprendizaje.

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