Superada la época de menosprecio en la formación corporal, hemos entrado en otra en la que el deporte y todas las manifestaciones de actividad física, sobre todo las vinculadas con la ocupación del tiempo libre, ocupan un lugar significativo en nuestras vidas.
Uno de los problemas que se encuentra el profesional del área es conocer en qué aspectos del alumno puede influir dado que la educación, hoy en día, pretende una formación global, relativa a conocimientos, procedimientos y actitudes. Por tanto, es necesaria una educación moral del alumno, siendo el profesor de Educación Física uno de los mayores afectados por esta educación, por lo que no le falta fundamentación al hecho de considerar a la E.F.
A partir de las aportaciones de Bloom (1972) comienza a entenderse la necesidad de una formación integral de las personas, en todos los dominios o ámbitos que él identifica: cognitivo, afectivo y psicomotriz. La formación corporal es necesaria en una educación integral.
Ya de esta triple consideración de lo que supone la educación del movimiento, subyace la idea de la necesidad, para una formación integral a través de la educación física, de la utilización de los tres tipos de contenidos existentes (B. Vázquez, 1989; Gutiérrez Sanmartín, 2003; Contreras Jordán, 1998). El currículo así lo entiende y las funciones que otorga a la E.F. como área obligatoria se corresponden con el movimiento "biológico" (función anatómico funcional, función higiénica), el movimiento "psicológico" (función de conocimiento, función agonística, función hedonista, función compensadora, función catártica) y el movimiento "sociológico" (función estética-expresiva, función comunicativa y de relación), aunque la mayoría no se refieren a uno solo de ellos.
Tras la reforma LOGSE, se considera el tratamiento del dominio o ámbito afectivo a través de los temas transversales y de contenidos introducidos en el currículo pero son necesarias, de acuerdo con Devís Devís (1996), propuestas claras que vayan más allá de la formalidad burocrática. Superar la barrera entre ilusión y realidad se convierte en un objetivo ya no solo propiedad del profesorado, sino también de los legisladores.
En este sentido aparece la obra de Arnold (1991; citado por Arnold, 1997) y las tres dimensiones de la Educación Física que consideran sus funciones intrínsecas e inherentes (dimensiones "acerca" y "en") y extrínsecas (dimensión "a través"), o sea, que servirían a otras funciones ajenas a la escuela. No olvidemos que aunque no venga recogido dentro de ningún currículo de E.F. Cabe preguntarse ahora si estas funciones son propias de la educación física.
La educación no es neutra. Y por tanto, toda conducta de un profesor o profesora incidirá en el desarrollo psicológico del receptor y por consiguiente influirá en su formación integral, en su desarrollo personal. No olvidemos que, sobre todo en las primeras edades, el/la alumno/a aprende por imitación y el profesor/a, es un modelo para él/ella.
Si el profesor constantemente ofrece refuerzos negativos y críticos, siendo poco cordial con el alumnado "torpe" (con problemas de autoestima, normalmente), rápidamente éste aprenderá su propia incompetencia. La competencia percibida del alumno (ver en este sentido a Ruiz Pérez, 1994) depende, en gran medida, de lo que aprenda del profesor. El refuerzo positivo no solo aumentará la competencia percibida del alumnado, si no que también aprenderá el valor hedonístico de la práctica físico - deportiva.
Y así no se imponen los valores en el profesor, si no que éste los adquiere durante su vida, tanto profesional como personal. Una vez clarificados cuáles son los que éste considera para la E.F. y el deporte, debe realizar las propuestas educativas oportunas.
La formación del alumnado será más coherente si existe coherencia entre ideales, valores, normas, actitudes, del profesorado, y lo que éste plantea en sus sesiones. Por ejemplo, un profesor espera del alumno que cumpla con sus obligaciones, respetando las reglas de un deporte, a los alumnos/as, siendo puntual,...
Conseguir que el alumnado vea a las sesiones de nuestra área no como un medio de demostrar superioridad sobre los demás, evitando que la agresividad sea una cualidad valorada. Las clases serán el lugar ideal para fomentar la colaboración y solidaridad, respetando no solo la opinión del resto, sino también los diferentes niveles de habilidad existentes. Los conflictos son inherentes a las relaciones humanas y éstas deberán ayudar a clarificar posturas, intereses y valores.
Evitar planteamientos que favorezcan o permitan cualquier tipo de discriminación, ya sea sexista, racial o física. Para ello será necesario considerar los contenidos típicamente femeninos a un mismo nivel que los masculinos. Actuar con coherencia, como ya se ha comentado, evitando, por ejemplo, ser intransigentes en un momento y permisivos en otro para la misma situación.
Estaremos de acuerdo que la transferencia de los valores educativos de la Educación Física y el deporte no se hacen espontáneos; están supeditados a la pedagogía. Se debe educar en sentido amplio, educar para que los alumnos y alumnas se conviertan en ciudadanos capaces de alcanzar un sentido de realización personal (Gutiérrez Sanmartín, 1995). De manera que no es suficiente con poner a practicar A.F.
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