Islandia, reconocida por sus políticas de bienestar social e igualdad de género, ha experimentado cambios significativos en su mercado laboral, especialmente en relación con la inmigración y el desempleo. Este artículo analiza las estadísticas de desempleo en Islandia y las causas subyacentes, con un enfoque particular en el impacto en la población inmigrante.

Contexto Económico y Laboral en Islandia

En los años transcurridos desde la primera crisis económica global del siglo XXI, se ha escrito mucho sobre sus perniciosas consecuencias en los niveles de vida de la población. La referencia a ese otro gran cisma económico global no es fortuita: su magnitud y devastadoras consecuencias suscitan más de una remembranza.

Lo cierto es que, como consecuencia de ese despegue, el mercado de trabajo islandés está necesitado de mano de obra. "La mayor parte del flujo es una migración económica.

Pero la mala época no duró mucho. El PIB repuntó en tres años y, con él, la llegada de nuevos residentes extranjeros en busca de empleo. También la oleada de turistas, que se triplicaron entre 2010 y 2017, curiosamente después de que la espectacular erupción del volcán Eyjafjallajökull pusiera a Islandia en el mapa de destinos turísticos por descubrir.

Impacto de la Crisis en el Desempleo

Uno de los rasgos destacados entre los analistas de la reciente crisis económica ha sido el mayor impacto negativo sobre la fuerza de trabajo masculina. La alta concentración de los hombres en sectores muy sensibles a los vaivenes económicos -como la construcción por ejemplo- eleva su vulnerabilidad ante eventuales shocks económicos, sean estos endógenos o exógenos.

En contraste con lo que acontece en el sector productivo, el sector servicios es bastante menos sensible a los vaivenes del ciclo. En una coyuntura recesiva puede incluso ampliarse, ya sea de forma “espontánea” o como producto de políticas expresamente contra cíclicas encaminadas a paliar las secuelas del quiebre económico.

Además de los hombres, entre los grupos poblacionales más vulnerables a los embates económicos en el contexto estadounidense figuran los afroamericanos y los hispanos, en los que las tasas de desempleo y los niveles de pobreza escalaron de forma vertiginosa, en parte por tratarse -como es sabido- de grupos con condiciones preexistentes de vulnerabilidad.

Tradicionalmente, en el contexto de la sociedad estadounidense los inmigrantes han mostrado mayor sensibilidad que los nativos a los altibajos económicos, tanto en la fase de declive como de recuperación; en breve, han tendido a comportarse de forma procíclica. De acuerdo con datos proporcionados por estos autores, en el lapso comprendido entre el tercer cuatrimestre de 2007 y el tercero de 2009, el desempleo creció con mayor celeridad en los inmigrantes que en los nativos en al menos doce de diecinueve países europeos, y en Estados Unidos.

El Caso de la Población Inmigrante Latinoamericana

El objetivo de este artículo es describir los efectos de la Gran Recesión y el subsecuente período de escaso dinamismo económico que le sucedió, sobre la fuerza de trabajo inmigrante latinoamericana. El acentuado énfasis en el impacto sobre la fuerza de trabajo masculina ha dejado a la sombra la comprensión cabal de las consecuencias sobre las mujeres trabajadoras; en particular las inmigrantes, una parte de la cuales ha exhibido tradicionalmente condiciones laborales bastante más precarias que los hombres.

En referencia a la experiencia de los latinoamericanos, algunos autores se preguntan si puede hablarse de una Hispanic Recession, evocando una suerte de paralelo con la Man- cession. Entre otros aspectos, se destaca que el desempleo, el subempleo y los trabajadores desalentados crecieron de forma dramática en ellos, en contraste con los nativos y los asiáticos.

De acuerdo con Parella (2015), las mujeres latinoamericanas habrían sido el único grupo que mostró un leve incremento en las tasas de participación económica entre 2007 y 2012, producto sobre todo del desempleo. Al controlar estadísticamente por ciertas características individuales y por factores contextuales (metrópoli de residencia), algunos estudios señalan que en el entorno de la recesión las inmigrantes latinas fueron más afectadas de cara a la probabilidad de encontrar empleo, a diferencia de sus pares masculinos y de las mujeres nacidas en Estados Unidos.

Desafíos y Oportunidades para los Inmigrantes

La remota isla nórdica, reconocida por sus logros en materia de bienestar social e igualdad de género, es la primera entre los países más abiertos a aceptar inmigrantes, según la consultora Gallup. "La inmigración de hispanohablantes no era mucha hasta hace unos años, salvo excepciones: alguno que venía siguiendo a un amor, un científico en una investigación puntual...", apunta Lluent, que es autor de dos libros sobre historia islandesa. "Fue a partir de 2014 que se incrementó".

En una isla remota, el arribo incesante de inmigrantes como él supone toda clase de desafíos. El primero, el de jaquear creencias y presupuestos de una sociedad en la que, en parte por causa del aislamiento, todos son bastante iguales.

El idioma - con cuatro declinaciones, infinitas irregularidades, diez letras adicionales en su alfabeto y una pronunciación inextricable para el oído poco entrenado- es el eje de la cultura y las tradiciones que los islandeses defienden a capa y espada. En otras palabras: es indispensable para quien quiera sentirse parte de la sociedad, aún cuando la mayoría de los locales aprende inglés en la escuela y es perfectamente bilingüe.

Muchos de los recién llegados se quejan precisamente de que, aunque el empleo abunda, los que se ofrecen a los extranjeros sin islandés avanzado son poco calificados -en la industria de la pesca, por ejemplo, que es clave para la economía- y mal remunerados.

Los extranjeros, además, se han convertido en un factor de presión para que el gobierno islandés ajuste las políticas migratorias y las leyes de naturalización que se mantienen casi sin cambios desde 1950.

Según proyecciones de la confederación empresarial, el número de inmigrantes se duplicará de aquí al 2040. "Islandia ahora necesita migrantes, pero la pregunta es si realmente los quiere.

Políticas para Fomentar el Empleo en Adultos Mayores

Según un estudio realizado por PWC el país oceánico es el segundo país en el mundo con mejor valoración del potencial de sus ciudadanos con más de seis décadas de vida. Los neozelandeses de la tercera edad que quieran mantener su empleo, o seguir aportando su experiencia desde jornadas más flexible, tienen la posibilidad de encontrar su lugar. El aporte de los mayores de 60 años en el crecimiento económico es valorado por la OCDE, ya que permite complementar pensiones y elevar los estándares de salud.

Es por ello que Nueva Zelandia, en consideración de los gastos que implicaría el envejecimiento de su población y el impacto que tendría en su crecimiento económico, tomó una serie de decisiones para que sus trabajadores sobre los 64 años que quieran mantenerse en la fuerza laboral puedan hacerlo sin barreras.

Una de las primeras medidas ha sido la retención de los trabajadores adultos en las compañías. Las empresas reciben estímulos para mantener a los sexagenarios -aunque no siempre en los mismos cargos- ya sea en cargos con responsabilidades menores u otros puestos que les permita la realización de un régimen más flexible.

Por este motivo el gobierno neozelandés desarrolló un programa de retiro dividido en fases graduales, donde además de disminuir las responsabilidades se prepara a los trabajadores para llegar paulatinamente a su retiro.

El éxito neozelandés se explica en parte por la existencia de leyes laborales que protegen a los trabajadores mayores de ser segregados o discriminados por causas relativas a su edad, pero también por tener derechos que les permiten cambiar su estatus laboral, es decir, si quieren nuevas formas de flexibilidad en la jornada.

  • Promover el retiro tardío: A través de una reforma a las pensiones o a la creación de incentivos financieros, se fomenta a los trabajadores para que continúen produciendo luego de la edad oficial de jubilación.
  • Mejorar la empleabilidad: La promoción de cursos de capacitación y programas de educación continua no solo se reducen las posibilidades de desempleo, sino también mejorar las capacidades de los trabajadores.
  • Reducir las barreras para los trabajadores de mayor edad: Mediante una política pública se puedan fortalecer las medidas de inclusión, pero también eliminar las barreras discriminatorias en contra de las personas más viejas.

El Índice de Mujeres en el Trabajo de PwC

El informe constata que el progreso mundial en el avance hacia la paridad de género en el trabajo continúa a un ritmo lento. En este escenario cada vez más complejo, nuestro Women in Work Index de PwC busca medir los progresos realizados hacia la igualdad de género en el trabajo en 33 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El Índice se compone de cinco indicadores que enmarcan nuestro análisis y miden varios indicadores clave de la igualdad de género en el lugar de trabajo. Este año, encontramos que la brecha salarial media de género en toda la OCDE aumentó del 13,2% en 2021 al 13,5% en 2022.

Nuestro trabajo previo en este ámbito -tanto en lo que se refiere a nuestras publicaciones económicas como al trabajo realizado por nuestro equipo de Diversidad, Equidad e Inclusión- ha demostrado que no hay una solución fácil. Las causas de las disparidades salariales entre hombres y mujeres son múltiples y los distintos grupos de la sociedad se enfrentan a retos diferentes.

"De acuerdo al índice y considerando los resultados desde 2011 a 2022, se necesitan más 50 años para cerrar la brecha salarial en los países de la OCDE. La única manera de romper con este pronóstico es buscar nuevas formas de enfrentar el tema aprovechando el cambio de la fuerza laboral post pandemia, sin embargo, para ello se requiere de un cambio de paradigmas desde el interior de las organizaciones fomentado el liderazgo femenino”.

El Modelo de Bienestar Nórdico

La historia de la modernidad ha demostrado que una de las cosas más difíciles es consolidar un mercado de trabajo que garantice, al mismo tiempo, protecciones sociales y niveles elevados de eficiencia y competitividad. El segundo compromiso destacado por el sociólogo fue garantizar un elevado nivel de cobertura contra los riesgos del mercado.

Otra de las claves del modelo de bienestar nórdico es la prestación de servicios públicos gratuitos, pero de calidad. Elementos asociados a la corrupción tienen que ser borrados para que funcione el estado de bienestar. Por eso no se pueden separar los notables estándares de vida alcanzados por los países nórdicos, de la calidad de sus instituciones democráticas.

El estado de bienestar no deja de ser un gran pacto social entre capital y trabajo, y entre socialdemócratas y socialcristianos, que en los países nórdicos tiene un arraigo previo al del resto de Europa, desde principios del siglo XX.

Pero la religión no es el único factor que ha favorecido resultados sociales tan óptimos en estos países. También hay que tener en cuenta que son poblaciones pequeñas.

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