Hace más de cuatro décadas, se produjeron cambios importantes en la sociedad chilena que transformaron la estructura familiar, abriendo oportunidades para que la mujer se insertara en el mundo laboral y generando conflictos entre la vida laboral y familiar. A pesar de estos avances, la incorporación masiva de las mujeres en el mercado laboral no ha implicado una reestructuración en la dinámica familiar, ya que no se percibe una redistribución de tareas y responsabilidades hacia los miembros varones.

Al contrario, las mujeres ven sobrecargadas sus labores y se hace necesaria la ayuda de otros integrantes del núcleo familiar y de las redes de apoyo primarias. De hecho, la tasa de participación en la fuerza de trabajo femenina en Chile en la actualidad no supera el 45% en ninguno de los 3 quintiles de menores ingresos.

El objetivo de esta investigación es caracterizar el conflicto familia-trabajo que experimentan las mujeres, analizando las estrategias, redes de apoyo, dificultades en la inserción laboral, tiempo destinado al trabajo y la familia, y el cumplimiento de las tareas domésticas de las mujeres trabajadoras en el cuidado de sus hijos e hijas. Específicamente, se trabajó en las Comunas de Paillaco y Purranque, de la región de Los Ríos y Los Lagos, sur de Chile.

La red de apoyo principal para estas madres trabajadoras implica a los jardines infantiles, pues estos suplen en parte el rol asumido por la mujer.

Paralelamente, se produjeron cambios en los modelos familiares, incorporándose la mujer en el campo laboral. A pesar de los avances sociales, el cuidado y la crianza de los hijos han sido y siguen siendo tradicionalmente encargados a la mujer. Las mujeres que trabajan lo hacen por diferentes motivos, desde necesidades financieras hasta satisfacción personal (Espinoza, 2014). Muchas de ellas deben dejar a sus hijos solos mientras cumplen con sus jornadas laborales o salen del hogar, una realidad preocupante que se masifica en nuestro país. De hecho, las estadísticas recientes muestran que los niños quedan solos varias horas al día.

La incorporación femenina en el mercado laboral ha provocado múltiples y profundas consecuencias y conflictos, tanto en el interior de los grupos familiares como en las propias mujeres, las cuales desarrollan diversas estrategias para compensar la ausencia de servicios públicos y privados de cuidado de niños, siendo insuficientes ante los cambios en el mercado de trabajo y en la estructura de las familias (Gutiérrez, 2009). Además, destacan la lucha de las mujeres por la igualdad y la posibilidad de compatibilizar tiempos con responsabilidades, desafíos y compromisos.

Esto se explica por un cambio cultural y también por la inclusión de las mujeres en áreas que antes eran exclusivas para los hombres, como por ejemplo el rubro minero (Ayala, 2014). Sin embargo, a pesar de este logro social muchas de las empresas en que mujeres trabajan no las apoyan para que puedan ser madres y profesionales a la vez. Las propias familias no parecen estar de acuerdo, reclamándoles constantemente la ausencia en el hogar (encuesta Sitio de Empleo, 2012).

Está claro que la discusión por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres les ha permitido a estas el acceso al mundo laboral, sin embargo esto ha significado un cúmulo de responsabilidades, desafíos y compromisos que van generando tensiones y dificultades en cuanto a la compatibilización de tiempos (Carrario, 2008). Los cambios en cuanto a las condiciones laborales y la mayor participación de la mujer en la fuerza laboral obliga a éstas, si son madres, a tener que recurrir a la familia o instituciones para el cuidado infantil (Castilla, 2009).

Tobío (2002) menciona que las trabajadoras utilizan distintas estrategias para superar la contradicción familia-empleo: estrategias principales, complementarias, extremas e indirectas. Entre estas, las que más ayudan a la mujer trabajadora a hacer compatible el trabajo y la familia son: la red familiar, la ayuda doméstica remunerada, vivir cerca del trabajo o del colegio de sus hijos, el horario de trabajo y los servicios que ofrecen los centros escolares.

Complementando lo anterior, Bloch y Buisson (1996) han señalado el hecho de que la ayuda de la generación precedente se recibe generalmente a través de la línea femenina, aunque la ayuda a través de la línea masculina puede ser importante en ocasiones.

Para ser partícipes de esta investigación las entrevistadas debían cumplir los siguientes criterios: a) ser madres trabajadoras dependientes, con trabajo remunerado y jornada diurna; b) estar en una relación de pareja, ya fuera matrimonial, de unión consensual o en condición de madre soltera; c) tener entre 25 y los 45 años; d) tener hijos(as) en edad pre-escolar.

Se trabajó con el apoyo de las docentes en la selección de las madres trabajadoras que presentaban alto índice de dificultades respecto del cuidado y crianza de sus hijos(as), delimitándose el tiempo para efectos de convocatoria y realización del taller “Madres trabajadoras, la maternidad en un mundo moderno”. La muestra del estudio se definió a través del nivel de saturación, aplicándose una entrevista a un total de 18 mujeres trabajadoras.

La recopilación de la información se obtuvo mediante observaciones directas, entrevistas individuales semiestructuradas y cuestionarios aplicados mediante metodología activa y colaborativa con el apoyo de tecleras o clickers, evaluando los resultados obtenidos mediante la escala Likert con frecuencia de 1 a 5, en la cual 1 es nunca y 5 siempre.

Finalmente, la información que se obtuvo se posicionó en una matriz de doble entrada que permitió reconocer ciertos ámbitos de análisis: a) desempeño y cumplimiento de las tareas domésticas: se entiende como tarea doméstica la actividad diaria dentro del hogar, para el cuidado y mantención de este y del grupo familiar. Limpieza de la vivienda, lavado de ropa, preparación de alimentos, recoger la mesa después de cada comida, retirar basura, aseo del baño, etc.; b) principales conflictos: aquellos que se generan en el grupo familiar desde el momento en que la madre se inserta en el campo laboral. Principalmente, el cuidado de los hijos(as), dificultades con la pareja, cumplimiento de tareas domésticas y dificultades para la formación y educación de los hijos; c) estrategias: respecto a esta categoría, y tras el proceso de investigación, podemos definir como estrategias las diversas opciones que deben utilizar las madres para superar la contradicción familia-empleo, sean principales o complementarias, en el cuidado de sus hijos.

En relación con esta categoría y el equilibrio entre el trabajo y las tareas domésticas, existe una diferencia entre ambas comunas, encontrándonos con que en la comuna de Paillaco más del 50% de la muestra establecida realiza con frecuencia el cumplimiento de las tareas domésticas, exceptuando la realización del aseo en el baño, las compras en el supermercado y retirar la basura. No ocurre lo mismo en la comuna de Purranque debido a que la frecuencia de las tareas domésticas no logra superar el 40% de su cumplimiento.

En la comuna de Paillaco se asume la desigualdad en una de las tres categorías. Además, se identificó el cumplimiento de las tareas domésticas con un 25.5%, evaluándose como un conflicto que casi siempre ocurre y desencadena discusiones y conflictos con la pareja, siendo identificado con un 15,3% y evaluado como casi siempre.

Otra estrategia identificada en la comuna de Paillaco es la de responsabilizar a los hijos mayores de sus hermanos menores, con un 16,6%, evaluándose como mala haciendo referencia a que los hijos no están capacitados para al cuidado de sus hermanos menores, ni para tomar responsabilidades, provocando inseguridad en las madres.

En la comuna de Purranque se identificó, con un 23%, la estrategia de cambiar horarios laborales, evaluada con un 35% como relativamente mala. Respecto de estas últimas estrategias (cambiar sus horarios laborales, trabajar esporádicamente), se reconoce un equilibrio entre la vida laboral y familiar en Purranque, no así en Paillaco, donde no se encuentran grandes similitudes en los horarios establecidos.

Sin embargo, en ambas comunas la principal red de apoyo para las familias estudiadas es la vinculada a los jardines infantiles. También se destacan redes de apoyo no institucionales, siendo la segunda más recurrente los abuelos maternos, con un 22%, evaluada como una red de apoyo muy buena, al igual que en la comuna de Purranque, con un 16%, siendo evaluada como buena. En la comuna de Purranque la tercera red de apoyo más utilizada se vincula con las parejas, con un 13%, siendo evaluada como muy buena.

En cuanto a los resultados obtenidos, es posible señalar que en la dimensión desempeño y cumplimiento de las tareas domésticas existen diferencias entre la comuna de Paillaco y Purranque. Ante esto, se puede indicar que las madres trabajadoras de la Región de los Lagos presentan un nivel más bajo respecto del cumplimiento de estas tareas en comparación con las mujeres de la Región de los Ríos.

La diferencia se genera porque existen problemas en los componentes que ayudan a lograr el ajuste y equilibrio, en otros términos, en el tiempo y nivel de compromiso. Por su parte, en la dimensión principales conflictos, en ambas comunas se observa que las mujeres trabajadoras identifican como conflicto más recurrente el cuidado de los hijos. Esto se debe a que cuando ellas se encuentran trabajando y los hijos, por diversos motivos, no asisten al jardín, no cuentan con red de apoyo estable que se adecue contantemente a los tiempos requeridos para ello, sintiéndose limitadas en su proceso laboral.

Otra similitud se genera respecto de las tareas domésticas, identificándose como factor determinante la falta de tiempo para ello, debido a que finalizan su jornada laboral remunerada para regresar al hogar a cumplir con otras labores como dueña de casa y madre a la vez.

El cuidado sistemático y la dedicación a horario completo del cuidado y crianza de niños y niñas es un trabajo único, algo que no tiene precio. Más allá de la romantización del rol de madre, y aunque se haga por voluntad propia y con todo el amor del mundo, las labores de cuidado de niños y niñas, al ser realizados mayoritariamente por mujeres, está significando no solo una dependencia económica para ellas, sino también una barrera a la igualdad de participación en el mercado laboral y a la incrementación de la brecha salarial.

Según la última encuesta del INE sobre uso del tiempo, las mujeres, sin importar el estado de ocupación, edad o nivel educativo, realizan más trabajo de cuidados que los hombres, con un promedio nacional de 3 horas más al día. Esto se traduce en que tienen menos tiempo para dedicar al trabajo remunerado o combinan estos roles como pueden. Un trabajo diario gratuito -y realmente 24/7- que sostiene las economías familiares y de los países; según el Banco Central equivale a un 25% del PIB, lo que supera a la contribución de todas las otras ramas de actividad económica. Específicamente, el cuidado de niñas y niños de 0 a 4 años, corresponde al 13,9%, una de las actividades que concentran el mayor número de horas de trabajo no remunerado en la población de 15 años o más.

Para Alejandra Sepúlveda, Presidente ejecutiva de ComunidadMujer, el trabajo de cuidado no remunerado es una de las brechas de género más invisibles y que a la vez más inciden en las oportunidades de acceso y desarrollo en el mundo laboral por parte de las mujeres. Entender su valor económico y sus implicancias, dice, es urgente. “El gran peso del trabajo de cuidado no remunerado en la economía no se condice con la poca valoración social que tiene y con la ausencia de políticas para mejorar las condiciones en que se realiza, ni con la falta de esfuerzos destinados a desproveerlo de los sesgos de género que aún imperan”.

Alejandra explica que la actual organización de los cuidados en Chile deposita la responsabilidad de manera casi exclusiva en las mujeres, teniendo consecuencias muy costosas para ellas. “En primer lugar, un notorio déficit de tiempo para dedicarse a su propio autocuidado, al descanso o al ocio, pero también pierden la oportunidad de dar continuidad a sus estudios superiores, aumentar su capital humano y desarrollar una actividad remunerada que les dé autonomía económica y realización personal, lo que por cierto tiene un impacto positivo importante en las familias. También se traduce en lagunas previsionales y en menores recursos para su vejez. La desventaja de esa mayor sobrecarga y ausencia de corresponsabilidad social y parental, es enorme para ellas y repercute en su ciclo de vida”.

Para Alejandra sí. “Son muchos los países que han implementado iniciativas que buscan, con mayor o menor éxito, reconocer social y económicamente el trabajo de cuidados no remunerado, cuya experiencia puede enriquecer el debate en Chile”. Entre las formas en que esta valorización económica podría ocurrir, la primera ya presente en las propuestas gubernamentales y las otras ya sugeridas por ComunidadMujer, se encuentra un sistema nacional de cuidados, “de carácter integral, universal, accesible, suficiente, interseccional y con pertinencia cultural, que debe articular las prestaciones y promover la corresponsabilidad al interior de la comunidad”; una cuenta satélite de hogares, complementaria a las cuentas nacionales, para el mejor diseño de políticas públicas que en definitiva reconozcan, reduzcan, redistribuyan y remuneren el TDCNR (Trabajo doméstico y de cuidado no remunerado) según estándares internacionales” y “el reconocimiento del TDCNR a través de los llamados créditos jubilatorios por cuidados, que reconocen las lagunas propias del tiempo en que ellas dejan de trabajar para dedicarse a la crianza y a la familia”.

Cuadro N° 1: Estrategias para compatibilizar trabajo y familia
Estrategia Comuna de Paillaco Comuna de Purranque
Pedir ayuda a la red familiar Principal Principal
Responsabilizar a los hijos mayores Identificada No identificada
Cambiar horarios laborales No identificada Identificada

TAG: #Trabajo

Lea también: