La transición de la vida estudiantil a la profesional es un momento crucial en la vida de los jóvenes universitarios. Este proceso no solo representa la culminación de años de esfuerzo académico, sino también el inicio de una nueva etapa llena de oportunidades y desafíos. Sin embargo, a pesar de los avances en la educación y el creciente número de jóvenes que ingresan a la universidad, la integración laboral de los recién graduados continúa siendo un desafío importante en muchas regiones del mundo.

En México, esta situación es especialmente complicada debido a diversos factores económicos, sociales y estructurales que afectan la empleabilidad juvenil. De acuerdo con un informe de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno, al cierre del segundo semestre de 2023 había un total de 5.1 millones de jóvenes desempleados, ya sea disponibles o no para trabajar. Además, 8.2 millones de jóvenes no tienen un ingreso adecuado o acceso a seguridad social, o carecen de ambas condiciones. Por último, 3.1 millones de jóvenes que cursan la educación media superior viven en condiciones de pobreza (Alianza JTD, 2023).

Por otra parte, datos del Instituto Mexicano para la Competitividad reflejaron que la tasa de informalidad para los jóvenes en el primer trimestre de 2022 fue del 67.4%, muy por encima del promedio nacional (55.2%). Por otra parte, al cierre de 2022 en el país el 33.4% de los graduados universitarios estaban desempleados, y el 24% trabajaba en empleos precarios o en condiciones laborales desfavorables. Solo el 10% tenía su propio negocio o empresa.

Además, seis de cada 10 jóvenes no participan en el mercado laboral, y de ellos, el 83% no están disponibles para trabajar debido a su concentración en la educación. Entre los jóvenes que buscan empleo, dos de cada 10 no lo hacen porque no creen tener posibilidades de encontrar un trabajo adecuado. Hay más de 9 millones de jóvenes en el mercado laboral, con la mayoría trabajando entre 35 y 48 horas semanales y ganando menos de $5,186 pesos mensuales.

Los jóvenes con estudios universitarios enfrentan una menor informalidad (51.9%) en comparación con aquellos que solo terminaron la secundaria (76%). Un mayor nivel educativo también se traduce en mayores ingresos, ya que por cada 100 pesos que gana un joven con carrera profesional, uno que solo terminó la secundaria recibe 78. A pesar de esto, muchos jóvenes con educación superior aún enfrentan condiciones laborales precarias al ingresar al mercado laboral.

En la Ciudad de México, el panorama es igualmente preocupante. La capital del México siendo un centro económico y cultural, atrae a numerosos jóvenes en busca de mejores oportunidades laborales. Sin embargo, la competencia por empleos es feroz y muchos jóvenes enfrentan barreras significativas para ingresar al mercado laboral. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 26,452 jóvenes de 15 a 24 años se encontraron desocupados para el último trimestre de 2023.

Con base en lo expuesto anteriormente, el presente artículo identifica el desempleo juvenil en México como problema de investigación. Este planteamiento da lugar a la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuáles son los factores que más influyen en la tasa de desempleo entre los jóvenes universitarios en la Ciudad de México?

La pertinencia de este estudio radica en que, a pesar de la abundante literatura existente sobre el desempleo juvenil a nivel mundial y nacional, hay una escasez de estudios específicos que analicen los determinantes del desempleo entre los estudiantes universitarios en contextos urbanos como la Ciudad de México. Este artículo se centra en la UPIICSA del IPN, un caso representativo de la diversidad y complejidad de la población universitaria en la ciudad.

A partir de la aplicación del instrumento de investigación, se evaluarán factores como el nivel educativo, la experiencia laboral previa, la condición socioeconómica familiar, la región o estado de residencia, el sexo, las habilidades tecnológicas de los/las jóvenes, las expectativas salariales de los/las jóvenes y su disposición de trasladarse de su zona de residencia para trabajar.

Para el propósito de esta investigación, se definirá el desempleo juvenil como la situación en la cual los individuos de entre 15 y 24 años que están disponibles para trabajar y están en busca activa de empleo no logran conseguir un trabajo remunerado. Esta definición sigue los estándares internacionales establecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2015).

El estudio se estructura de la siguiente manera: la primera sección corresponde a la introducción. La segunda sección abarca el marco teórico, donde se esclarecen los temas relevantes para la investigación. En la tercera sección, se detalla la metodología empleada para llevar a cabo el análisis. La cuarta sección se dedica al análisis de los resultados obtenidos mediante el modelo econométrico utilizado.

En esta sección se realiza un análisis de diversas variables que pueden incidir en el desempleo de los jóvenes universitarios. Este análisis se fundamenta en la recopilación y comparación de múltiples estudios previos que han investigado la incidencia de estas variables en la condición de estar empleado o desempleado. Las variables examinadas incluyen la edad, el nivel educativo, la experiencia laboral, la condición socioeconómica familiar, la alcaldía de residencia, las habilidades tecnológicas, la movilidad, la expectativa salarial, el intento de emprendimiento, la formación emprendedora y los recursos para emprender.

Esta revisión de literatura proporciona una base teórica sólida para comprender las diferentes variables que influyen en el desempleo juvenil entre los estudiantes universitarios, enfatizando la necesidad de abordar múltiples factores en la investigación.

Factores que Influyen en el Desempleo Juvenil

Edad

La edad es un factor fundamental en el análisis del desempleo juvenil entre los estudiantes universitarios. Numerosos estudios han explorado cómo la edad puede afectar las oportunidades de empleo, reflejando diferencias en la experiencia laboral, la madurez y la percepción de los empleadores (Albert el al.,2023). En este sentido, Mncayi y Meyer (2022) encontraron que los estudiantes universitarios más jóvenes enfrentan mayores dificultades para encontrar empleo en comparación con sus compañeros mayores, quienes generalmente poseen más experiencia laboral y habilidades desarrolladas. Este hallazgo indica que la edad puede ser un indicador de madurez profesional y empleabilidad.

En otro estudio realizado por Egessa et al. (2021), se examinó la relación entre la edad y las tasas de desempleo juvenil. Los resultados mostraron que los estudiantes universitarios en sus últimos años de estudio tienen mayores probabilidades de conseguir empleo. Los autores atribuyen esto a una mejor preparación académica y a la disposición de los empleadores a contratar individuos que están próximos a graduarse. De manera similar, Jackson (2024) investigó cómo la edad influye en las expectativas salariales y la disposición de aceptar trabajos temporales o a tiempo parcial. En este sentido, encontró que los estudiantes universitarios mayores son más propensos emplearse en lugares menos deseables a corto plazo, lo que incrementa sus tasas de empleo en comparación con los estudiantes más jóvenes.

Sexo

El sexo es un factor determinante en el análisis del desempleo juvenil entre los estudiantes universitarios, dado que existen diferencias significativas en las tasas de desempleo entre hombres y mujeres. Según un estudio de Bennett et al. (2023), las mujeres jóvenes enfrentan mayores barreras para acceder al mercado laboral en comparación con sus pares hombres. Esto se debe, en parte, a la persistencia de la división sexual del trabajo y a la cultura machista patriarcal históricamente heredada.

Además, las mujeres suelen estar sobrerrepresentadas en sectores con mayores tasas de desempleo y menor estabilidad laboral, lo que agrava aún más la brecha de género en el empleo juvenil. Olivetti y Petrongolo (2016) también coincidieron en que, a pesar de que las mujeres jóvenes suelen tener niveles educativos similares o incluso superiores a los de los hombres, enfrentan mayores dificultades para encontrar empleo debido a la carga de responsabilidades familiares y domésticas. Los resultados también muestran como las mujeres jóvenes tienden a interrumpir sus carreras profesionales con mayor frecuencia que los hombres, afectando negativamente sus oportunidades de empleo y progresión laboral. Estas barreras estructurales y sociales subrayan la necesidad de políticas que apoyen la igualdad de género en el acceso y la permanencia en el empleo.

Nivel Educativo

El nivel educativo también es un factor a considerar en el análisis del desempleo juvenil entre los estudiantes universitarios. Según Albert et al. (2023), un mayor nivel educativo generalmente se asocia con mejores oportunidades de empleo y salarios más altos. De igual manera, en un estudio realizado por Akcan et al (2023), se encontró que los jóvenes con educación universitaria tienen una tasa de desempleo significativamente menor en comparación con aquellos que solo completaron la educación secundaria. Además, Gadjo (2021) indicó que los graduados universitarios tienen mayores probabilidades de encontrar empleo en sus respectivos campos, subrayando la importancia de la educación superior en la mejora de la empleabilidad juvenil. Estos hallazgos sugieren que la inversión en educación superior puede ser una estrategia efectiva para reducir el desempleo juvenil.

La correlación entre el nivel educativo y las oportunidades de empleo también resalta la necesidad de políticas educativas que promuevan el acceso y la finalización de estudios superiores. No obstante, es importante señalar que la educación por sí sola no siempre garantiza el empleo inmediato. Según el estudio de Mncayi y Meyer (2022), factores adicionales como la calidad de la educación y la adecuación de los programas académicos a las demandas del mercado laboral también juegan un papel crítico.

Experiencia Laboral Previa

La experiencia laboral previa es fundamental para entender las tasas de desempleo juvenil entre los estudiantes universitarios (Lorente y Clares, 2016). La investigación de Blau y Kahn (2017) revela que los estudiantes que participan en prácticas o trabajos a tiempo parcial durante sus estudios tienen una ventaja competitiva en el mercado laboral. Esta experiencia permite a los jóvenes desarrollar habilidades prácticas y establecer redes profesionales, mejorando sus perspectivas de empleo post-graduación.

Gad (2021) encontró que los jóvenes con experiencia laboral relevante tienen una tasa de desempleo considerablemente más baja, ya que los empleadores prefieren candidatos con habilidades comprobadas y experiencia previa. También, en un estudio realizado por Bennett et al (2023) destacaron que los estudiantes universitarios que adquirieron experiencia laboral durante sus estudios tenían mayores probabilidades de obtener empleo rápidamente después de graduarse. Los estudios presentados para la variable experiencia laboral subrayan la importancia de fomentar oportunidades de trabajo durante los estudios universitarios.

Condición Socioeconómica Familiar

La condición socioeconómica familiar puede influir en las oportunidades de empleo de los jóvenes universitarios. Blanden y Gregg (2004) y demostraron que los estudiantes de familias con mayores ingresos tienen mejores oportunidades para acceder a recursos educativos y redes profesionales, lo que incrementa sus probabilidades de empleo. Björklund y Jäntti (2012) encontraron que los jóvenes de familias con menores recursos económicos enfrentan barreras adicionales para conseguir empleo, como la falta de acceso a pasantías no remuneradas y redes de contactos. Estas barreras estructurales pueden perpetuar el ciclo de pobreza y limitar las oportunidades de movilidad social para los jóvenes de bajos ingresos.

La desigualdad en el acceso a recursos y oportunidades laborales destaca la necesidad de intervenciones políticas específicas. Lo anterior advierte sobre la viabilidad de implementar políticas públicas que aborden estas desigualdades socioeconómicas para mejorar la empleabilidad juvenil.

Alcaldía de Residencia

La alcaldía de residencia es un factor relevante en el desempleo juvenil, ya que las tasas de desempleo pueden variar significativamente entre diferentes áreas urbanas. Sánchez-Soto y Bautista León (2020) encontraron que los jóvenes que residen en alcaldías con mayores niveles de desarrollo económico en la Ciudad de México, como Benito Juárez y Miguel Hidalgo, tienen mejores oportunidades de empleo en comparación con aquellos de alcaldías con menor desarrollo, como Iztapalapa o Xochimilco. Esta disparidad puede atribuirse a la concentración de empresas y oportunidades laborales en ciertas áreas, lo que subraya la importancia de considerar la localización geográfica en los análisis de desempleo juvenil.

Adicionalmente, un informe del Instituto Mexicano de la Juventud, en colaboración con el Consejo Nacional de Población y el Fondo de Población de las Naciones Unidas en México en la Ciudad de México destacó que los jóvenes en alcaldías periféricas enfrentan mayores desafíos de transporte y acceso a oportunidades laborales, afectando negativamente sus tasas de empleo (IMJUVE, 2021). En este sentido, es importante que las políticas urbanas se enfoquen en desarrollar infraestructura y fomentar el crecimiento económico en las áreas menos favorecidas.

Habilidades Tecnológicas

Las habilidades tecnológicas son cada vez más importantes en el mercado laboral actual. Egessa et al. (2021) mostraron que los jóvenes con habilidades avanzadas en tecnologías de la información tienen una ventaja significativa en la obtención de empleo. La demanda de competencias digitales está en aumento, y los estudiantes universitarios que desarrollan estas habilidades tienen mayores tasas de empleo y mejores perspectivas salariales.

Por otro lado, Gad (2021) destacó que la demanda de competencias digitales no solo mejora la empleabilidad, sino que también permite a los jóvenes adaptarse a diversos roles y sectores, ampliando sus oportunidades laborales. La capacitación en habilidades tecnológicas se ha convertido en un componente esencial de la educación superior, y los programas académicos deben reflejar esta necesidad. Además, Egessa et al. (2021) encontraron que las habilidades tecnológicas no solo mejoran la empleabilidad, sino que también incrementan la capacidad de los jóvenes para innovar y emprender. Por ende, fomentar la educación en tecnología y proporcionar acceso a recursos tecnológicos es crucial para preparar a los estudiantes universitarios para el futuro laboral y garantizar su competitividad en el mercado global.

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