En las últimas décadas se ha producido en los países desarrollados una significativa caída de las edades de retiro y de las tasas de actividad de los hombres maduros. Simultáneamente se está produciendo un aumento de la longevidad y mejora de las condiciones de salud de los adultos mayores.
Estas tendencias preocupan por su impacto en las finanzas de los sistemas de seguridad social de reparto. Se plantea entonces la cuestión de si la seguridad social está distorsionando significativamente los incentivos al retiro y, por esta vía, erosionando su viabilidad financiera.
También en la mayor parte de los países de América Latina se observa una caída de la tasa de actividad de los hombres maduros, pero hay algunas excepciones. En este contexto, interesa analizar los incentivos al retiro que están implícitos en los sistemas de seguridad social de América Latina.
En este documento analizamos los incentivos al retiro implícitos en las normas del principal programa de seguridad social de Uruguay, el que es administrado por el Banco de Previsión Social (BPS). Estimamos medidas usuales de incentivos al retiro, como la riqueza pensionarla y el impuesto a seguir trabajando.
Seguimos de cerca la metodología utilizada por Gruber y Wise (1999) en un proyecto que abarcó once países desarrollados. De esta manera, las estimaciones que obtenemos para Uruguay son comparables con las que están disponibles para ese grupo de países. Hacemos las estimaciones tanto para el programa previo a la reforma que se inicia en 1995 como para el programa reformado. Esto nos permite ver si dicha reforma logró modificar sensiblemente los incentivos al retiro.
En primer lugar, en un trabajo paralelo presentamos evidencia de que en Uruguay, como en todos los países desarrollados incluidos en el estudio coordinado por Gruber y Wise y en Argentina, las edades de retiro presentan picos asociados a las edades de acceso a las jubilaciones. Hay entonces evidencia que sugiere que los incentivos generados por la seguridad social han condicionado el retiro de los trabajadores uruguayos.
En segundo lugar, Uruguay inició una reforma estructural de la seguridad social en 1996 que, entre otras cosas, buscó aumentar las edades de retiro, particularmente de las mujeres. En tercer lugar, Uruguay es uno de los países de América Latina con mayor cobertura de la seguridad social, menor informalidad y mayores tasas de aporte a la seguridad social.
Varios trabajos recientes analizan el impacto de los sistemas de seguridad social en la actividad laboral de los trabajadores mayores en diversos países de América Latina. James y Cox (2005) encuentran evidencia de que la reforma de la seguridad social chilena iniciada en 1981 habría inducido mayores tasas de actividad en los adultos mayores y acceso más tardío a la jubilación.
Atribuyen estos cambios fundamentalmente al endurecimiento de las condiciones de acceso a las jubilaciones que se produjo a partir de la reforma. Un argumento similar se ha planteado para el caso de la reforma de la seguridad social de Argentina iniciada en 1993.
Bertranou y Mastrángelo (2003) encuentran que los ingresos previsionales desalientan el trabajo e inducen el retiro en Chile, a pesar de la equidad actuarial del sistema chileno. Cerda (2005) encuentra que tanto el nivel como la varianza de los ingresos previsionales afectan las decisiones de retiro y trabajo de los adultos mayores en Chile.
Mayor ingreso previsional induce adelanto del retiro y menor oferta de trabajo, pero mayor varianza del ingreso previsional tiene el efecto opuesto. Argumenta entonces que la introducción de cuentas de ahorro individual aumentó la varianza de los ingresos previsionales y, por esta vía, indujo postergación del retiro.
Duran et al. (2003) analizan los incentivos al retiro y la evasión en Uruguay haciendo simulaciones en base a un modelo de ciclo de vida. Concluyen que la reforma iniciada en 1996 aportó incentivos para postergar el retiro en la mayor parte de los casos simulados.
Únicamente en el caso de trabajadores formales que pasan a trabajar en el mercado informal después de retirarse del trabajo formal la reforma no aporta incentivos para la postergación del retiro. En todos los otros casos que consideran, la reforma de 1996 parece aportar fuertes incentivos a aumentar la edad de retiro.
Luego de esta introducción, presentamos en la sección 2 una breve descripción del principal programa de seguridad social uruguayo, incluyendo no sólo las normas vigentes actualmente sino las que rigieron a los trabajadores que se retiraron en años anteriores. En la sección 3 presentamos los incentivos al retiro.
Resumimos brevemente los indicadores utilizados en la subsección 3.1 y luego presentamos nuestras estimaciones de incentivos al retiro para el caso uruguayo. Simulamos los incentivos que enfrentan trabajadores de dos cohortes, una nacida en 1930 y otra en 2005. La cohorte nacida en 1930 se rige por las normas contenidas en el acto institucional 9 de 1979 y la de 2005 por las normas aprobadas en la reforma de 1995.
Principales Características del Sistema de Seguridad Social Uruguayo
Desde fines de la década de los setenta hasta la actualidad, el principal sistema de seguridad social uruguayo estuvo regido por dos disposiciones legales fundamentales: el acto institucional 9, que rigió el sistema entre 1979 y 1996, y la ley 16.713, que lo rige a partir de entonces. En el presente trabajo se analizan los incentivos al retiro implícitos en estas dos normas fundamentales, con sus correspondientes disposiciones reglamentarias y normas modificativas.
Incentivos al Retiro
El modelo de simulación
Indicadores de incentivos al retiro
Se estimaron dos indicadores de incentivos al retiro: (i) la riqueza de la seguridad social y (ii) el impuesto implícito a seguir trabajando. La riqueza de la seguridad social consiste en el valor presente neto del flujo de prestaciones que un trabajador adquiere si se retira del mercado laboral, esta cantidad es llamada SSW (Social Security Wealth) y es la que da lugar a los demás indicadores.
Como se presenta en la ecuación (1), la riqueza de la seguridad social se obtiene como la suma del flujo descontado de jubilación y pensión de sobrevivencia (Yjub, Ysob, respectivamente) neto del flujo descontado de contribuciones a la seguridad social (Ycon). Se consideraron tanto los aportes personales como patronales, bajo el supuesto de que los aportes patronales recaen en última instancia en los trabajadores bajo la forma de menores salarios.
En este trabajo, siguiendo a Gruber y Wise, se llevan todos los indicadores al momento en que el individuo cumple los 55 años de edad. Entonces SSWt0(r) representa la riqueza de la seguridad social que se obtiene al retirarse a la edad r a valores del momento t0. Luego son las probabilidades de estar vivo a la edad t dado que lo estaba a la edad t0, de hombres y mujeres respectivamente, p es la tasa de descuento5 y δ es la diferencia entre la edad del hombre y su cónyuge.
Por otro lado Br(t) es el beneficio por jubilación que se recibe a la edad t si se retira a la edad r, Ap(t) son los aportes a la seguridad social a la edad t y S(t/t) representa la pensión de sobrevivencia que cobra el cónyuge a la edad tf si el aportante muere a la edad t. Una vez obtenido el SSW, se puede calcular el segundo incentivo antes mencionado, el impuesto implícito a seguir trabajando.
En las siguientes ecuaciones Acrt0(r) es la adquisición de derechos pensionarios (Acr por accrual, su nombre en inglés) e Impt0(r) es el impuesto al trabajo y Wt0(t) son los ingresos salariales del trabajador en el año t descontados al momento t0 y λper es la tasa de aportes personales a la seguridad social.
Para comprender el impuesto a continuar trabajando se debe entender la adquisición de derechos pensionarios (el accrual), ya que el impuesto representa el accrual con signo negativo como proporción de los ingresos salariales netos anuales. A partir de las ecuaciones anteriores se presenta el accrual en términos generales con el objetivo de identificar los distintos elementos que deberían ser tomados en cuenta para la decisión de retiro. El mismo está calculado descontando todos los valores al momento en que el individuo cumple 55 años.
Si el trabajador decide retirarse en r + 1 y no en r el signo del accrual resulta del balance entre pérdidas y ganancias. Al retrasar el retiro un año se incurre en una pérdida porque comienza a cobrar jubilación en tr+1 en vez de en tr6, además se deben pagar los aportes a la seguridad social por un año más.
Por otro lado se incurre en una ganancia ya que al trabajar un año más, puede permitir acceder a una jubilación mayor desde tr+1 en adelante y lo mismo pasa con la pensión de sobrevivencia. que representa los aportes pagados en el año de retiro r. Por otro lado Br*(t) es la suma de dos componentes, una proporción del SBJr y una renta vitalicia asociada al pilar de ahorro individual.
En las simulaciones realizadas en este trabajo se supuso que el salario del individuo evolucionaba igual que el IMS. Esto implica que el salario actualizado según IMS es constante, por lo que es igual para todas las edades de retiro. Llamando a a la tasa legal de reemplazo, la diferencia de retirase en r o en p + 1 en este componente es .
En la ecuación (8) los tres primeros componentes representan las ganancias por retrasar el retiro un año. El primer término es la ganancia asociada al aumento de las jubilaciones que surgen del pilar de solidaridad intergeneracional, mientras que el segundo corresponde a la pensión de sobrevivencia y el tercero al pilar de ahorro individual.
Por otro lado, los dos últimos componentes representan pérdidas, uno por retrasar el cobro de la jubilación durante un año, y el otro por el pago de aportes a la seguridad social durante el año r. Esta fórmula es válida en la medida que el perfil salarial evoluciona con IMS por lo que el SBJ* es constante.
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