Las labores domésticas -cocinar, limpiar, lavar, planchar, cuidar mascotas y plantas, hacer pequeñas reparaciones en el hogar, abastecerlo y administrarlo- y de cuidado -de personas enfermas, discapacitadas, de niños/as, adolescentes, jóvenes, personas adultas y adultas mayores- son muy importantes para la generación de riqueza, son labores críticas para el bienestar social y el devenir de la economía del país. En simple, sin ellas, nada funciona.

La Invisibilidad del Trabajo Doméstico

Si bien el perfil de quienes suelen comentar en este tipo de portales no necesariamente es representativo de las mayorías o los promedios, es innegable que, en general, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado no es reconocido en su valor productivo, es decir, como parte de las actividades necesarias para que funcione el sistema social y económico, de manera de generar riqueza. Esta subestimación no solo encuentra su origen y perpetuación en el orden sexo-género imperante en nuestra cultura, sino también en la institucionalidad que nos rige. ¿Quién definió que las labores domésticas y de cuidado no son trabajo? ¿Quién decidió tildarlas de “inactividad” en las estadísticas de empleo?

Probablemente a un grupo de hombres muy similar al que inventó el Sistema de Cuentas Nacionales -donde desde EE.UU. lideraba el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets-, que no considera los “servicios domésticos y de cuidado no remunerado, producidos para el propio hogar o para hogares de terceros” dentro del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, estos servicios no se miden dentro del principal instrumento estandarizado mundialmente para hacer seguimiento al desarrollo de los países. Con esta decisión, este grupo invisibilizó la labor que realizan millones de mujeres cada día y dieron pie a comentarios como los reseñados y que lleva a las propias mujeres que son dueñas de casa a responder que “no trabajan”, cuando se les pregunta sobre su ocupación. Subyace la idea tanto o más absurda de suponer que no existieran responsabilidades domésticas o de cuidado durante el día, o peor aún, asumir que solo las mujeres las tienen.

El Valor Económico del Trabajo Doméstico

Un estudio de ComunidadMujer estimó en $44 billones al año el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado que no es remunerado en Chile. Un 67% de este valor es aportado por mujeres. Según esta metodología, el valor del Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado suma 44 billones de pesos al año. Esta cifra es gigantesca. Con este trabajo gratuito y despreciado, millones de mujeres subsidian el desarrollo de nuestro país. Tanto es así, que si esta cifra se suma al PIB del año correspondiente (2015), este crece en un 28%. De este “PIB Ampliado” el Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado equivale al 21,8%, transformándose en la actividad económica más importante de Chile, superando con creces al aporte de la minería (6,7%), el comercio (8,8%), la industria (9,1%) y los servicios financieros y empresariales (11,8%).

Pese a la importancia económica de este trabajo, quienes hacen las políticas públicas en nuestro país, hasta ahora habían sido ignorantes de este valor, contribuyendo a su escasa valoración social y a la falta de programas destinados a mejorar las condiciones en que se realiza. Por otro lado, esta invisibilización se ha traducido en muy pocos esfuerzos por desnaturalizar los sesgos de género asociados y promover la corresponsabilidad. La economía no es neutral al género y aquí tenemos un ejemplo nítido.

Por demasiados siglos las mujeres hemos estado fuera del diseño del mundo. No nos ha quedado más opción que adaptarnos. Casi nada está hecho a nuestra medida. El traje calza perfecto para los hombres del grupo dominante. Cuando los hombres monopolizan los espacios de decisión, las necesidades de las mujeres no son consideradas.

La Situación en Argentina

La Encuesta Permanente de Hogares que publicó el Indec a mediados de 2012, contabilizaba 803.436 empleadas domésticas, que representaban el 17% del total de las trabajadoras del país. El 84% de esas mujeres trabajan en negro, al margen de los beneficios del nuevo Régimen Especial. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una de cada diez mujeres trabaja como empleada doméstica. Son en total 69.500 y el 64,5% de ellas desarrolla sus tareas en negro. Así surge de un informe de la Dirección General de Estadística y Censos porteña, difundido en marzo de este año.

En opinión de Carina Lupica, directora de la ONG Observatorio de la Maternidad: “La imagen que ha persistido por mucho tiempo es que las trabajadoras domésticas efectúan a cambio de un salario el trabajo que le corresponde llevar a cabo, sin remuneración, a sus empleadoras”. En esta afirmación, que sin dudas es la visión generalizada que se tiene del tema, la mujer es la poseedora del dominio exclusivo de las tareas domésticas, obteniendo dinero a cambio o no. Las trabajadoras en empleo doméstico están situadas en la jerarquía más baja de la escala laboral. Varios factores confluyen para que esto sea así: la baja remuneración, las condiciones de empleo, la ausencia de beneficios como vacaciones, aguinaldo, licencia por maternidad. Son mujeres que en su mayoría tienen hijos, son migrantes, con pocos años de educación formal, que viven en una situación de pobreza que hace que tomen las tareas domésticas como salida para generar un ingreso, que aunque magro, es el único que tendrán ella y su núcleo familiar.

Por tratarse de una actividad que se hace en el ámbito privado, en las casas, el vínculo que establecen con sus empleadores dificulta la delimitación de sus ocupaciones, y en muchos casos se ven obligadas a realizar el doble de tareas porque “se sienten parte de la familia” o porque “ayuda a su patrona con su hija”.

Organización y Lucha por los Derechos

Desde el siglo XX, el servicio doméstico ha sido una de las principales actividades asalariadas ejercidas por mujeres, grupo al que se le han reconocido distintas características socioculturales. A pesar de su importante presencia, no fue sino hasta la década del sesenta cuando las trabajadoras domésticas comenzaron a organizarse de manera más constante. Frente a las desigualdades laborales que eran denunciadas por la clase trabajadora, ellas sintieron la necesidad de conformar un colectivo tendiente a promover mejores condiciones de trabajo, mejorar los sueldos, los contratos, definir la jornada laboral y obtener seguridad social, todos asuntos que permitirían una mayor valoración social de su actividad y su reconocimiento legal.

Si bien existen antecedentes anteriores de organización y lucha en el marco del movimiento general de trabajadores -principalmente a través de sindicatos como la Federación de Empleadas de Casa Particular que expresaba sus ideas por medio de su publicación Surge- un hito relevante de este proceso lo constituye la creación de la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular o ANECAP en el año 1964, la que se mantiene vigente en la actualidad. La ANECAP, junto a la acción de otras asociaciones que durante 1980 se agruparon en la Comisión Nacional de Sindicatos de Casa Particular, logró decisivas reivindicaciones.

Hitos Históricos en la Lucha por los Derechos de las Trabajadoras Domésticas en Chile

A continuación, se presenta una tabla con algunos hitos históricos relevantes en la lucha por los derechos de las trabajadoras domésticas en Chile:

Año Descripción
1833 Se decreta la Constitución de 1833, cuyo artículo 10 excluye el servicio doméstico de la ciudadanía activa.
1855 Se dicta el Código civil, cuyos artículos 1987 a 1995 se refieren a las relaciones laborales entre el "amo" y el "criado doméstico".
1931 Se dicta el Código del Trabajo, cuyo título VII incorpora al servicio doméstico, por primera vez, a una legislación laboral y reconociendo su actividad como asalariada.
1964 Es creada la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular (ANECAP).
1990 Se dicta la Ley N° 19.010 que reconoce a las trabajadoras de casa particular una indemnización por despido sin importar motivo, equivalente al 4,11% de su remuneración mensual.
1998 Se dicta la Ley N° 19.591 que reconoce a las trabajadoras de casa particular como beneficiarias del fuero maternal.
2008 Se dicta la Ley 20.279 de Reforma Previsional que iguala la remuneración mínima de las trabajadoras de casa particular con la del resto de los trabajadores.

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