Este estudio evalúa el impacto económico de las políticas de promoción de la lactancia materna desde las perspectivas de las familias, los empleadores y la sociedad.

Beneficios Médicos de la Lactancia Materna

La literatura médica confirma los beneficios de la lactancia exclusiva sobre la nutrición y el desarrollo de los niños, así como para su salud durante la infancia e incluso en períodos posteriores de la vida. Además, se han demostrado beneficios para la salud de la madre, el distanciamiento de los embarazos y el ahorro de recursos para las familias de niños amamantados, tanto en alimentación como en gastos médicos.

Estudios, tanto nacionales como internacionales, muestran que los niños en lactancia exclusiva crecen adecuadamente durante el primer semestre de vida, luego de lo cual la lactancia debe ser complementada, pero mantenerse como aporte lácteo, hasta el segundo año de vida (OMS-UNICEF).

Nutrición Óptima

Se ha demostrado que la leche materna se va adaptando a los requerimientos nutricionales e inmunológicos del niño, cambiando su composición a medida que él crece y variando también dentro de una misma mamada. Así, durante los primeros tres días del postparto se produce el calostro, un líquido amarillento de alta densidad y poco volumen, el cual es suficiente para el recién nacido.

Gracias a su poco volumen, permite coordinar las funciones de succión-deglución-respiración; además, favorece la eliminación de meconio, tapiza el intestino con inmunoglobulina A, los factores de crecimiento estimulan el desarrollo del tubo digestivo, induce la maduración de sistemas enzimáticos y no recarga al riñon de trabajo por su baja osmolaridad.

La lactancia materna es la forma de alimentación que contribuye con mayor efectividad al desarrollo físico e intelectual y psico-social del niño, proporcionándole nutrientes en calidad y cantidad adecuadas para el crecimiento y desarrollo de sus órganos, especialmente el sistema nervioso. El crecimiento de los niños amamantados es más armónico que los que se alimentan con fórmulas artificiales.

La Encuesta Nacional de Lactancia 2000 muestra un menor riesgo tanto de desnutrición como de obesidad entre los niños amamantados en forma exclusiva los primeros seis meses de vida, que los que recibieron lactancia mixta o artificial.

La leche artificial carece absolutamente de todos los sistemas de defensa que la madre transmite al hijo a través de su propia leche. Carece además de una enzima presente en la leche humana, la lipasa, la que activada por sales biliares, facilita la digestión de la grasa de la leche.

Desarrollo Psicomotor, Intelectual y Agudeza Visual

Se ha observado que los niños amamantados son más activos, presentan un mejor desarrollo psicomotor y mejor capacidad de aprendizaje. Diversos estudios han observado un mayor coeficiente intelectual (CI) en niños que fueron amamantados comparados con los alimentados con fórmulas lácteas.

También se ha demostrado que niños prematuros alimentados con leche materna tienen un coeficiente intelectual, medido a los ocho años, significativamente superior a los que no recibieron leche materna. Un meta análisis de 20 trabajos muestran un CI mayor entre los niños amamantados, este efecto es aún mayor en los niños prematuros y persiste toda la vida.

Investigaciones recientes muestran una mayor agudeza visual entre los niños que fueron amamantados comparados con los alimentos con fórmula.

Protección de la Salud Infantil a Corto Plazo

La leche materna ha sido definida como un fluido bioactivo, que permite a los niños así alimentados tener menor riesgo de contraer enfermedades infecciosas y presentar menor incidencia y severidad de éstas. Los niños amamantados tienen menor riesgo de enfermar de diarrea, infecciones respiratorias, meningitis, septicemia, infección urinaria que los que no lo son. Este efecto es más marcado durante el período de lactancia exclusiva.

La leche humana contiene una variedad de elementos inmunológicos que destruyen bacterias, virus y parásitos a los que la madre ha sido expuesta. La leche humana, además de dar inmunidad pasiva al niño, acelera la maduración de sus órganos y sistema inmunológico, permitiéndole mejorar sus propias defensas.

Estudios realizados en familias de clase media de Santiago con madres que trabajaban separadas de sus hijos, muestran un riesgo de diarrea durante los primeros seis meses de vida, entre 7 y 20 veces mayor entre los que no recibían lactancia exclusiva así como casi el doble de infecciones respiratorias, además de ser estas infecciones más severas.

Entre las enfermedades que la lactancia exclusiva reduce en incidencia y gravedad se encuentran las que ocurren más frecuentemente durante el primer año de vida (Ball et al, 1999), como son la Otitis media; enfermedades del tracto respiratorio bajo como la bronquiolitis, la inflamación de traquea y laringe, bronquitis y neumonía; y enfermedades gastrointestinales como la diarrea y la enterocolitis necrotizante.

El estudio de Ball et al (1999), calcula el exceso en costos del cuidado de la salud para tres patologías frecuentes del recién nacido, en los niños alimentados mediante fórmula infantil. Sus resultados fueron los siguientes:

Patología Nunca Amamantados Amamantados Parcialmente Amamantados Exclusivamente (al menos 3 meses)
Enfermedad del Tracto Respiratorio Bajo 36.1% 33.6% 29.8%
Otitis Media 67.1% 67.5% 55.7%
Enfermedades Gastrointestinales 63.8% 48.2% 22.5%

Respecto a las enfermedades gastrointestinales, su importancia se ve aumentado en países en desarrollo donde generalmente las familias de escasos recursos tienen menos acceso a la información, o a los recursos necesarios para poder evitarlas. La falta de acceso al agua y alcantarillado dificulta el acceso a una buena higiene y hace que muchas veces la leche de fórmula se prepare con agua no potable.

Lo que es más grave aún es que pocas veces estas familias cuentan con el dinero necesario como para adquirir las fórmulas lácteas especiales para lactantes, siendo estos alimentados directamente con leche de vaca o fórmulas diluidas y, en algunas ocasiones, incorporando sólidos, los cuales deben comenzar a usarse recién alrededor del sexto mes de vida.

La leche de vaca no modificada no es recomendable durante el primer año de vida. Es demasiado rica en proteínas, fósforo y sodio lo que provoca que los ríñones de los lactantes desarrollen un gran trabajo para excretar el exceso de nutrientes que no pueden aprovechar. También la proteína de la leche de vaca puede ocasionar una reacción en la mucosa del intestino, provocando sangramiento en el estómago que puede resultar en una anemia por deficiencia de hierro.

Aunque la leche materna es más baja en hierro, éste es más fácil de absorber que el que se encuentra en la leche de vaca o fórmulas lácteas, por lo que el riesgo de anemia es menor entre los niños amamantados.

Un estudio en Filipinas demostró que los niños tenían un riesgo de 2 a 3,2 veces de enfermar de diarrea si se adicionaban líquidos no nutritivos a lactantes amamantados, pudiendo aumentar hasta 13,1 veces si se agregaban otro tipo de leche o alimentos. El riesgo relativo de diarrea entre los que no eran amamantados llegaba a ser 16,8 veces mayor durante los primeros seis meses, que los amamantados en forma exclusiva.

Esto concuerda con un estudio chileno con madres que trabajan fuera del hogar, el que mostró un riesgo relativo de diarrea de 20 veces mayor entre los lactantes menores de seis meses que no recibían lactancia exclusiva comparados con los que sólo recibían leche materna.

Se ha demostrado también un menor riesgo de infecciones del tracto urinario, meningitis, botulismo, síndrome de la muerte súbita, entre los lactante amamantados comparados con los que no lo son.

Protección de la Salud Infantil a Largo Plazo

Entre los efectos relativos a la salud de más largo plazo la lactancia también confiere protección sobre ciertas enfermedades que se presentan en etapas posteriores de la vida tales como; la diabetes insulino-dependiente, las enfermedades cardio-vasculares, la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, la enfermedad celíaca, el asma, leucemias, linfomas, la obesidad y enfermedades alérgicas (Díaz-Gómez et al, 2000).

Un alargamiento del amamantamiento exclusivo contribuye a un menor desarrollo del asma (Sharon Dell et al, 2001).

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