Desde fines del siglo XIX e inicios del XX, el Estado concentró gran parte de sus esfuerzos en diseñar un sistema de previsión que asegurara una mejor calidad de vida durante el período laboral y el retiro de los trabajadores. En este sentido las leyes sociales fueron pioneras con normativas como la ley de descanso dominical, accidentes del trabajo y jornada laboral.

Este escenario se mantuvo estable hasta 1924, año en el que comenzaron a funcionar la Caja del Seguro Obrero Obligatorio y la Caja de Previsión de Empleados Particulares, seguidas muy prontamente por la Caja de Empleados Públicos. Estas instituciones se nutrían de las cotizaciones obligatorias que realizaban los trabajadores, empleadores y el Estado, lo que aseguraba al beneficiario atención médica, pensión de invalidez y una jubilación a partir de los 65 años de edad.

Las cajas de empleados particulares y públicos funcionaban de manera similar. Los fondos se reunían a partir de las cotizaciones individuales y los aportes del empleador, en el caso de la Caja de empleados particulares, y con el auxilio complementario del Estado, en el caso de los públicos. Ambas instituciones otorgaban una pensión de retiro a los 30 años de servicio o a los 50 años de edad, así como préstamos en dinero deducibles de la cuenta que cada empleado mantenía en la caja.

A partir de 1937 se instauró una asignación familiar que se pagaba directamente al cotizante por cada miembro de su familia que dependiese de él. Para los antiguos miembros del Seguro Obrero, esto significó la adquisición de nuevos beneficios, como la pensión de sobrevivencia, el subsidio a la maternidad, la mejora en las pensiones de invalidez y la ampliación a toda la familia de la cobertura en salud.

Durante la década de 1950, la Caja de Empleados Particulares había escogido la arquitectura moderna como herramienta expresiva para sus realizaciones. Así también, aportaba positivamente a la educación cívica de sus imponentes construcciones y proponía una nueva manera de “correcta convivencia” y “respeto”, tanto en los lugares de trabajo como en los nuevos conjuntos habitacionales que se encontraban en fase de proyecto o construcción.

Esta institución buscó resolver los inconvenientes que presentaba el sistema de construcción de viviendas individuales, a través de la creación de sociedades con las más prestigiosas empresas constructoras, las cuales se denominaron EMPART. A partir de las Sociedades, las empresas constructoras ampliaron sus capacidades de intervención y la complejidad de sus proyectos.

Hoy en día este modelo es muy recurrente de verlo en otras ciudades, ya que formaron parte de las políticas públicas de nuestro país. Estos edificaciones en la ciudad de Punta Arenas podrás ubicarlas en la Avenida España esquina calle Rómulo Correa (Población EMPART), eso sí con un nuevo aspecto de revestimiento.

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