El objetivo de este artículo es explicar las causas del desarrollo de la Iglesia Adventista en el Titicaca entre 1911 y 1925. En la segunda década del siglo XX, el área peruana del Lago Titicaca experimenta un fuerte crecimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. La presencia adventista se extiende en el territorio altiplánico ante el requerimiento de las comunidades indígenas del servicio de los misioneros. Un movimiento de conversión religiosa protestante, sin precedentes en el área, transforma el campo cultural, estimulado por las demandas y reivindicación de los derechos de la propia población indígena.
En 1910, había en Puno un pequeño grupo de lectores de la prensa adventista y algunos neófitos recientemente bautizados. En 1925, la Misión del Titicaca se había transformado en la más importante de América del Sur con 6.381 miembros inscritos. Ello representa al 40% de los fieles del continente. Según Shaw (1920, p. 13), religioso adscrito a esta misión, se trata de “lo más cercano a un movimiento de masas hacia el evangelio del que […] haya sido testigo”. La misma fuente califica este desarrollo como un caso único en la historia de la Iglesia Adventista.
Antecedentes y Contexto
El establecimiento del adventismo en el Departamento de Puno, Perú, ha sido abordado previamente desde la perspectiva de la historia misional de la propia iglesia y su obra educativa, así como en el marco de estudios de la historia del protestantismo, de la tolerancia de culto en el Perú y de los procesos de transculturación religiosa. Los trabajos previamente aludidos, de modo predominante, tienen un carácter historicista, ofreciendo una aproximación descriptiva, documentada y contextualizadora de la empresa adventista del Titicaca. Mayor densidad teórica y análisis heurísticos encontramos en los estudios del proceso de transformación socioeconómica del área, producto de su modernización. El texto de Bourricaud ofrece una lectura socioestructural de los cambios en Puno. En el marco de este, contrasta los modelos de religiosidad católica y adventista y analiza su influencia en la formación de las mentalidades. El estudio de Hazen identifica relaciones relevantes sobre el impacto del programa adventista en el proceso de cambio social.
Nuestro trabajo se distingue de los anteriores por su foco y perspectiva teórica. En él, empleamos la teoría de las mediaciones para explicar el crecimiento del adventismo en el Titicaca en su periodo misionero. En su sentido etimológico, el término “mediación” es un sustantivo que designa “acción y efecto de mediar”. El concepto denota el resultado de un proceso o acción en el que algo opera como intermediario, constituyendo una vía de conexión o enlace con otros elementos, a los que pone en relación.
La Teoría de las Mediaciones
La genealogía de la teoría de las mediaciones presenta una doble filiación de origen. Por una parte, remite a la dialéctica hegeliana, donde la mediación es el enlace contradictorio de los acontecimientos en el curso de la historia. Por otra, remonta a la semiótica peirciana, donde la mediación es la articulación de los elementos en la semiosis o proceso de significación, en la que convergen los planos de la expresión (representamen), el pensamiento (interpretante) y el mundo (objeto). En esta perspectiva, la mirada comprensiva de la visión de mundo y sentido de vida de los actores se considera una condición necesaria previa para el despliegue del análisis explicativo de la intervención de las ideologías religiosas en los procesos sociohistóricos. Por lo mismo, el discurso adventista, con sus contenidos apocalípticos, proféticos, místicos y sus narrativas heroicas, constituye un foco de atención principal de este trabajo.
La asunción de la visión emic (Pike, 1967) es una vía de acceso a la comprensión del “activismo social profético”. Con este concepto se designa a la radicalización del compromiso social derivado de las convicciones escatológicas.
Metodología
En términos metodológicos, empleamos la estrategia de estudio de casos. En el curso de la investigación, hemos realizado un reconocimiento etnográfico de los espacios donde transcurren los acontecimientos, visitando las instalaciones de la Misión de Platería y la antigua escuela de Utawilaya. En el marco de estas visitas, efectuamos entrevistas a integrantes de la Iglesia Adventista local y a familiares de los protagonistas de esta historia, que han resultado orientadoras para nuestro trabajo de investigación.
Para la elaboración de este artículo, revisamos los repositorios documentales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Del mismo modo, trabajamos en las bibliotecas adventistas de la Universidad Unión Peruana en Chullunquiani (Juliaca), de Ñaña (Lima), en la Universidad Adventista del Plata (Entre Ríos, Argentina) y en la Universidad Adventista de Chile (Chillán). En Puno consultamos la Biblioteca de la Universidad Nacional del Altiplano, la Biblioteca Municipal, el Archivo Histórico Regional, la Biblioteca de la Casa del Corregidor y el centro de documentación del Instituto de Estudios de Culturas Andinas. En Lima, trabajamos en el sistema de bibliotecas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y del Instituto Francés de Estudios Andinos.
Empleamos una perspectiva de análisis sociosemiótica para la lectura del discurso adventista. Esta se orienta al relevamiento del núcleo de contenidos simbólicos y usos contextuales del discurso adventista. Realizamos un análisis contextual de sus prácticas para registrar su articulación con las condiciones sociales de recepción y con los procesos históricos. A fin de asegurar la confiabilidad de los datos, hemos empleado el principio de contrastación de fuentes.
Contexto Puneño: Un Sistema Social de Castas
La estructura social de Puno a comienzos del siglo pasado asume la forma de un sistema de castas, donde la posición de los sujetos depende de su condición racial. En ella, los castizos tienen una posición privilegiada, los mestizos o “mistis” colaboran y participan del sistema de poder y la población indígena se encuentra en una situación de subordinación y explotación. Esta estructura ha sido calificada como “semifeudal”, por la importancia que tiene la hacienda y la forma de organización de las relaciones sociales de producción prevalecientes en ella. En su espacio, el trabajo asume un carácter predominantemente servil. Los propietarios de la tierra cobran en mano de obra el derecho de vivir en ella. Los braceros se encuentran sometidos a largas jornadas al servicio de los intereses del hacendado y, a menudo, deben entregar en pago parte de lo que producen para su propia sobrevivencia. Los inquilinos, generalmente indígenas, viven no solo en condiciones de explotación sino de vulneración de sus derechos a través de prácticas que de modo frecuente asumen un carácter criminal. Los comuneros denuncian maltratos físicos, vejaciones, asesinatos, violaciones.
Este sistema se conoce como “gamonalista” en alusión al comportamiento de los administradores del poder denominados “gamonales”. Según Barreda (1929, p. 18), el término deriva de “gamonito”, planta parásita, sin provecho alguno, que crece en la base de los viñedos y otras plantas y se alimenta de su savia. Un gamonal es un sujeto de estrato social misti o cholo, que ejerce el poder político o económico en la aldea serrana, y oprime o explota en su beneficio personal a los miembros del estrato indígena, mediante métodos abusivos, coercitivos, crueles y cuya eficacia en el medio en que actúa depende precisamente del temor que suscita…
Como muestra Flores Galindo (1976), el período bajo estudio se encuentra marcado por la expansión de la gran propiedad, producto del crecimiento del negocio de exportación de lana. De acuerdo a este autor, en el año 1876 se censaron en la provincia de Puno 708 haciendas, mientras que para 1915 se registraban 3.119. La hacienda Piccotani tenía 46 mil hectáreas; Yoccara, nueve mil. La constitución y ampliación del latifundio se produce habitualmente a través de la exacción de las tierras indígenas mediante subterfugios, engaños y el uso de la fuerza. El abuso ejercido contra los comuneros por los propietarios y sus capataces cuenta con la anuencia de los párrocos de las villas y con la complicidad de los jueces del pueblo. Estos personajes, junto al gamonal, constituyen lo que González Prada denomina la “trinidad embrutecedora del indio”.
Alzamientos Indígenas y Demandas de Educación
Como respuesta a las situaciones de abuso, durante el período se producen numerosos alzamientos indígenas. A través de un estudio del diario El Comercio de Lima, Flores y Pachas (1973) muestran que el Departamento de Puno concentra la mayor cantidad de movimientos campesinos entre los años 1900 y 1920. Los autores contabilizan 27 eventos en el período. En su Historia Social de Puno, Tamayo (1982, p. 195) refiere a treinta años de “tiempos revueltos”, entre 1895 y 1925, que caracteriza como “época crítica”, en los que proliferan las rebeliones indígenas.
En paralelo, las comunidades articulan un sistema de representación política denominado “los mensajeros” para llevar las demandas y denuncias de las comunidades ante la autoridad. En octubre de 1901, Manuel Antonio Chambilla, Mariano Illachura y Antonio Chambi, comuneros de Santa Rosa, Provincia de Chicuito, viajan a Lima para exponer ante el presidente de la República los problemas de sus comunidades. Esta práctica se reproduce e institucionaliza en el período. Las comunidades seleccionan a sus mensajeros. Según Hazen (1978, p. 425), “los comisionados descubrieron un deseo indígena por la educación sin precedentes y aparentemente bien asentado”. Un ejemplo de esta reivindicación se expresa en el Memorial de Pisacoma escrito por Sebastián Ninaja, mensajero de las comunidades de Viluta y Villcallama, Puno, en 1902. En este documento se considera la instauración de las escuelas como “absolutamente necesaria” para el progreso social de los ayllus. Los comuneros declaran “estar dispuestos a sostener a los maestros antes que a los opresores con el grueso monto de nuestras contribuciones forzosas y nuestros servicios gratuitos...”, convencidos de que esto repercutiría en las posibilidades de futuro de la población indígena.
Para atender a esta demanda, se crearon escuelas clandestinas destinadas a la alfabetización de adultos en Culta, Acora; Tyk’ollo, Platería, Kolline, Pomata; Sihuaro, Juli; Mollook’o, Acora; y El Molino, Juli. En todas partes, los gamonales se movilizaron para impedir la obra educativa.
La Mediación del Programa Misionero Adventista
Componentes relevantes de este contexto social se verán mediados por la intervención del programa misionero adventista. Como mostraremos, su discurso sobre la igualdad de los seres humanos ante los ojos de Dios socava los fundamentos del sistema de castas. Los adventistas se instalan en el espacio rural y ofrecen un ministerio de salud y educación que atiende a las necesidades de la población local. Las enseñanzas adventistas se articulan con las demandas de los comuneros indígenas en torno a la educación y la defensa de la tierra.
Manuel Zúñiga Camacho y la Escuela Libre para Indígenas
En este marco, el año 1902, Manuel Zúñiga Camacho fundó en la localidad de Utawilaya, distrito de Platería, Puno, la primera Escuela Libre para Indígenas. Se la considera el primer establecimiento educacional rural destinado a la población originaria del continente. Su gestor es una figura multifacética en la que se combinan una vocación de servicio público, sensibilidad religiosa, sentido de identificación étnica y espíritu modernista. Nacido en 1871 en el ayllo de Cutimbo, a 22 kilómetros de Puno, como hijo único de una familia aimara, con el nombre de Manuel Allqa Cruz, posee un espíritu cosmopolita, producto de la diáspora filial. Las tierras de su familia fueron absorbidas por la hacienda Collacachi, de Agustín Tovar, lo que dejó a sus padres empobrecidos y en condición de inquilinos. Cursó la educación primaria completa en la ciudad de Moquegua, mientras se desempeñaba como niño de servicios en la casa del doctor Higinio Herrera, médico de la localidad. Allí aprendió la lectoescritura y se aficionó a la lectura de la Biblia. Con 16 años, se embarcó a Estados Unidos como asistente de un comerciante italiano residente en Moquegua. A su regreso, se enroló en el ejército liberal de Piérola y combatió contra las fuerzas conservadoras de Cáceres, en las batallas de Arequipa y Lima. Partió luego a buscar empleo a las salitreras de Iquique, donde ...
TAG: #Empleo

