La visualización es una técnica empleada en terapia psicológica para reducir el estrés y la ansiedad, logrando que el cuerpo y la mente entren en un estado profundo de relajación. Es una herramienta muy útil para conseguir un mayor control de la mente, de las emociones y del cuerpo, así como para efectuar los cambios deseados del comportamiento.
Puede usarse para aliviar la tensión muscular, como técnica de concentración para controlar y eliminar el dolor, para potenciar el éxito de muchas técnicas cognitivas, para mejorar la memoria, desarrollar la confianza en uno mismo y aumentar la actitud positiva, entre otras bondades.
Hoy en día está ampliamente aceptado que imaginamos constantemente; sin embargo, la imaginación más común está constituida por imágenes negativas de inseguridad, desconfianza y orientadas hacia el fracaso y la enfermedad. Normalmente solemos anticipar e imaginar consecuencias negativas pero nos cuesta mucho imaginar que todo va a salir bien o que vamos a solventar un determinado problema.
Ya saben que las emociones están precedidas y acompañadas por imágenes. El estrés está creado por percepciones (pensamientos) e imágenes negativas. El uso de la visualización como una herramienta terapéutica es muy antiguo, y de hecho es algo que practicamos todo el tiempo pero no hacemos consciencia de ello. ¿Te pasas un determinado periodo de tiempo pensando en el mañana e imaginándote cosas buenas y malas que te pueden suceder? Eso es visualizar.
En 1971, el doctor Carl Simonton, oncólogo y director médico del Centro de Consejo e Investigación del Cáncer, en Texas, fue pionero en la utilización de visualizaciones junto con el tratamiento médico tradicional. Enseñaba a sus pacientes a visualizar una batalla librándose en sus cuerpos, en la cual los glóbulos blancos destruían las células malignas que encontraban. Los pacientes imaginaban a continuación como iba desapareciendo el tumor y como recobraban una salud radiante.
Esto no significa que la visualización cure por sí misma este tipo de enfermedades, pero poner en la mente imágenes creativas proporciona numerosos beneficios, y en la actualidad es bien sabido que la visualización es efectiva para tratar el stress, y las enfermedades físicas, entre ellas la migraña, los espasmos musculares y el dolor crónico. Muchos investigadores han descubierto que desempeña un papel importante en programas de tratamiento para un amplio abanico de enfermedades.
La Imaginación
Las técnicas de relajación basadas en la imaginación proponen la visualización mental de situaciones, sensaciones y emociones como vehículo para alcanzar un estado de relajación. A través de una serie de instrucciones verbales, se induce al organismo a experimentar mentalmente estados de tranquilidad, sosiego y relajación mental.
Todos nuestros pensamientos producen resultados. Si tenemos pensamientos creativos y positivos, tendremos resultados creativos y positivos. Si, por el contrario, nuestros pensamientos son negativos, tendremos resultados negativos. No es otra cosa que aprender a relajarse e imaginar vívidamente diferentes cosas o situaciones de la forma más realista posible y aportando todos los detalles que podamos incluir, a la vez que generamos el control de nuestras emociones, sensaciones, comportamientos…
Es el uso consciente de la imaginación aplicada activamente en nuestra vida diaria con el propósito de alcanzar nuestros objetivos, superar obstáculos, ampliar el conocimiento de nosotros mismos y mejorar en general nuestra calidad de vida. Es un proceso de reactivación de experiencias sensoriales y emocionales que permite poner los recursos acumulados al servicio de proyectos futuros. En la visualización se representan escenas en las que nosotros participamos activamente. No es solamente imaginar, sino proyectarnos al lugar donde se lleva a cabo la acción.
Gracias a la visualización vamos a poder explorar nuestro marco de referencia, vamos a tomar un poco de distancia para poder elegir lo que queremos guardar y lo que queremos cambiar. Muchos de nuestros problemas residen en el miedo que tenemos a lo que no conocemos. Con la visualización vamos a imaginarnos la situación que queramos cambiar y vamos a establecer nuestros comportamientos. Es como una forma de practicar mentalmente y de enfrentarnos a esas situaciones.
Una sesión de visualización debe finalizarse de modo gradual. Primero, se deja deliberadamente que la imagen se desvanezca. Luego se vuelve a dirigir su atención lentamente hacia la habitación en la que está tendido y, en su momento, abre los ojos.
Entrenamiento en Imaginación
Algunas personas tienen mucha facilidad para visualizar, son aquellas que tienen la costumbre de fantasear o que tienen gran imaginación, a otras personas, por el contrario, no les es fácil poner imágenes en su mente.
Póngase cómodo, siéntese en un lugar tranquilo en el que no lo puedan interrumpir. Busca un lugar tranquilo donde nadie te moleste, con una intensidad de iluminación baja, y toma una postura cómoda.
Ahora que estas tranquilo y relajado vamos a comenzar con la visualización. Estas en la cama, extremadamente relajado, y empiezas a despertarte. Es la mañana de un día perfecto, sin estrés. Lentamente, en tu imaginación, abres los ojos… Ahora mira a tu alrededor… ¿Qué aspecto tiene el dormitorio? ¿Hay alguien contigo? Poco a poco, sin esfuerzo, te levantas de la cama, te levantas e inicias la rutina matinal en este día perfecto y sin estrés.
Mira a tu alrededor, muy lentamente… ¿Dónde comes y con quién? Ahora es la tarde y aún te sientes tranquilo y relajado, como si todo estuviera bien en el mundo. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Quién está a tu lado, si es que hay alguien? Ha llegado la hora de la cena. ¿Qué comes? Es la noche de este día perfecto, sereno y sin estrés… ¿Qué haces a esta hora? ¿Qué hay a tu alrededor? Por último es la hora de acostarse.
Son numerosas las situaciones en que nuestra mente se ve tan atareada que cuando nos correspondería descansar somos incapaces de hacerlo porque no paramos de pensar. Cuando haya salido el último pensamiento, cierra la puerta de la derecha. No hay pensamientos, no hay nada.
La Conciencia
El poeta nos habla del llamado interior del hombre al bien; el darle cuentas a la voz acusadora que crece conforme nos hacemos más humanos, más perfectos. Hay que generar conciencia en la gente.
La encontramos en relevantes documentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 18 sostiene: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión…”; y en la Constitución Política de Chile, así en su capítulo III, art. 19, 6°, se refiere a “Asegurar a todas las personas la libertad de conciencia,…” o en el capítulo VIII art.
Por ser hombres libres vivimos en un mundo complejo; ya que estamos obligados a decidir y aún más, decidir por el bien. “La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer”; esta aseveración, por lo simple que parece ser, puede conducir a error.
La conciencia moral es la capacidad de reflexión del ser humano sobre aquello que es correcto en relación con el obrar. En los animales existe una ley externa que los mueve, la ley natural, los instintos. Ellos carecen de intelecto (que busca la verdad) y de voluntad (que persigue el bien), y en consecuencia de libertad.
La conciencia es una exigencia autoimpuesta, planteada en base a una jerarquía objetiva de los valores relevantes para nuestros actos. Manda o prohíbe en su proyección al futuro y remuerde o alaba cuando se refiere a acciones pasadas. Es una aliada para quien quiere hacer el bien, pero sabe que puede equivocarse o engañarse. Confronta intereses y deseos.
En suma, la conciencia es el acto por el cual la razón discierne la moralidad de una acción pasada, presente o futura (García-Huidobro, 2016). Pero, ¿Cómo no caer en el auto engaño?, con un diálogo sobre lo bueno y justo; deben conocerse razones y contra razones. Quien no se interese por ahondar en las razones de su actuar, aquel que se crea conocedor de la verdad, estará confundiendo la conciencia con un capricho particular.
Pero estancarse en razones y contra razones no tiene fin, ya que en la vida es necesario actuar oportunamente y hacerlo con responsabilidad. La convicción con la que termina nuestro discurso la denominamos conciencia; sin embargo, no siempre se tiene la certeza de hacer objetivamente lo mejor.
En todo hombre hay un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. ¿De dónde viene la conciencia?, es una pregunta similar a ¿De dónde viene el lenguaje?, porque quien nunca ha oído hablar sigue mudo. No se puede decir que el hombre sea, por sí mismo, una especie que habla o que piensa. El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que está llamado a ser.
Al oír la conciencia pareciera que nos sustraemos por completo a un impulso externo o que actuáramos por automático. Ese impulso ha sido programado por nuestros padres en primera instancia, por los educadores y el ambiente cultural en que nos hemos criado. La conciencia se forma en la educación desde la infancia, inculcando el reconocimiento del bien y la forma de practicarlo. Para esto último, el ejemplo de padres y educadores es invaluable.
La sinceridad con uno mismo, reconociendo las propias limitaciones, también es fuerza para la voz de la conciencia que nos invita a pedir el buen consejo a quien reconocemos como más prudente. Quien se cría en la mentira y en el mal ejemplo, se caracterizará por una conciencia carente de finura.
Por el contrario, la conciencia delicada y sensible es característica de un hombre interiormente libre y sincero; que desprecia y no es presa de la violencia, el miedo, la ignorancia y las pasiones. La conciencia admite grados diversos de sensibilidad, pudiendo perfeccionarse o deteriorase.
El escrupuloso es quien actúa con duda, el inseguro, el que actúa con extremo recelo en el cumplimiento del deber. La conciencia escrupulosa se presenta usualmente en culturas donde el centro de la formación no se pone en la virtud (que es positiva e invita al crecimiento personal), sino en el deber, el que sin ser perjudicial debe estar en un segundo plano. También es una enfermedad tener una conciencia insensible que no capta la existencia del mal donde si existe.
Entonces el sano, frente a un acto moralmente malo, presenta un sentimiento de culpabilidad y manifiesta arrepentimiento, el cual no es puramente racional, sino también emocional, como una especie de dolor por haber actuado injustamente. La conciencia no siempre tiene la razón, pero manda y prohíbe. Es como los cinco sentidos, no siempre nos guían correctamente, pero tiene la recta intención de preservarnos de todos los errores. A pesar de ser falible, siempre debemos seguirla, sino no mandaría u obligaría.
Obedecer la conciencia es condición para optar por el camino del bien y ser honesto con uno mismo, de lo contrario se cae en el auto engaño. Para acertar hay que poner todo el empeño en asegurar su correcta formación, venciendo la ignorancia, de modo que la reflexión se sustente en un conocimiento de la realidad.
La conciencia es capacidad de reflexión del ser humano sobre aquello que es correcto en relación con el obrar. Luego cabe preguntarse, ¿Hay que obedecer la conciencia para que el acto sea bueno? Ciertamente no, porque no siempre está bien formada, ya sea por negligencia o por oportunidad. La conciencia parece tener ribetes de sagrada, pero los derechos del hombre no pueden depender del juicio de conciencia de otro hombre.
Por otra parte, la definición de los derechos dependerá de la moralidad de las personas que los definan. Derechos humanos y leyes no están por sobre la conciencia, por lo que es lícito cuestionarlos. Cierto es que hay que seguir la conciencia, pero si ella lesiona el derecho de otros, entonces el hombre, como el Estado, tienen el derecho de impedírselo.
El hombre sin conciencia podría hacer todo, por eso se puede encarcelar al que quiere mejorar el mundo por medio del crimen (los delincuentes). La libertad de conciencia tiene límites cuando no está bien formada; por lo tanto, no es lícito aceptar hacer lo que la conciencia manda. Así mismo la obediencia a las leyes no puede limitarse sólo a las personas cuya conciencia les dice que ellas son justas. Es lícito no hacer lo que la conciencia prohíbe.
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