El desánimo, la falta de motivación y el paso de los días sin mucho sentido se han apoderado de muchos. Más de lo que quisiéramos.
Según un estudio hecho en octubre de este año entre la Escuela de Sicología de la UAI y la Consultora Visión Humana, 1 de cada 2 chilenos está satisfecho con su trabajo y solo el 51% de los encuestados considera que en cinco años más su economía personal mejorará.
Es cierto que hoy, una importante cantidad de chilenos tienen trabajos agotadores, poco reconocidos, mal remunerados y sin un horizonte muy atractivo.
Y aquí es donde postulo que la visión de trabajo se parece mucho a la del amor. Con eso me refiero a que hemos construido una idealización de la pega perfecta y cuando entramos al mundo laboral la frustración es potente y el pasto de al lado siempre es más verde.
Porque cuando trabajamos en una empresa chica, queremos una grande. Cuando es una demasiado ordenada, queremos algo más hippie. Cuando nos desempeñamos en una organización tradicional, buscamos algo más cool o cuando ya nos sacamos el gusto de lo público, queremos escapar a lo privado.
Porque aunque te contraten en Disney, ahí también habrá un compañero de pega amargado; aunque te recluten en Apple, te toparás con gente estructurada y con resistencia al cambio; aunque hayas firmado con Redbull existirá un jefe poco motivado o seas la nueva en el staff de Adidas, incluso ahí, habrá gente floja. En conclusión… no existe ni existirá la pega perfecta.
Hay que buscar un trabajo que obviamente nos guste, nos haga ser mejores personas, aporte a la sociedad y nos permita vivir con tranquilidad y dignidad. Pero nuestra relación con el trabajo, así como con el amor, tienen mucho de voluntad, cabeza y decisión.
La psicología positiva y la felicidad en el trabajo
La psicología positiva últimamente (con Seligman) y el movimiento humanista (con Maslow y Rogers) en la década de los años 50 se encargó de poner en el tapete de las ciencias humanas la inquietud por la “vida buena”, por la energía humana canalizada hacia la autorrealización y el logro de resultados positivos en la vida. Las reflexiones acerca de la felicidad y su florecimiento en diversos contextos son herederas de estos movimientos.
Toda esta preocupación surge como una respuesta a otras corrientes de la psicología como el psicoanálisis y el conductismo que se concentran en lo que falta o en la enfermedad. Creo que también frente a la psicología centrada en la psicopatología y no en la adaptación positiva a la vida.
El autor argumenta que la felicidad se ha mirado habitualmente como un sentimiento. Además existe el paradigma que es un resultado, el que se logra luego de un largo camino de esfuerzo, una suerte de premio a la dedicación, obtenido externamente a partir de conseguir “algo”.
Señala Ignacio Fernández, a partir de investigación científica que estos son mitos, que la felicidad no se encuentra ni se busca, se construye, que existe un 50% de componente biológico en la felicidad (lo que llama rango fijo) y el restante tiene que ver con la decisión consciente de ser feliz y que no tiene que ver con lo “externo” o con el logro de algo, sino que con la actitud ante las circunstancias.
Desde la perspectiva de las creencias, existirían tres creencias pro felicidad:
- es un estado interior potencial que está esperando ser activado, está adentro de uno y no afuera,
- es una forma de mirar y habitar el mundo, está en los ojos, en la manera de pensar e interpretar la existencia y,
- está en el presente, en los pasos del camino, no está en los resultados, no hay un camino a la felicidad.
Estoy completamente de acuerdo con mirar la felicidad de esta manera, lo que nos cambia el paradigma tan centrado en que cuando alcancemos algo (un objeto material, un título profesional, el viaje deseado, la pareja de los sueños o lo que sea) ahí de verdad seremos felices.
Basado en Seligman, señala que la felicidad tiene varios componentes, que llama modelo PERMA, por sus siglas en inglés, que implica:
- emociones positivas, son felices quienes viven en emociones que abren posibilidades y construyen un afecto positivo estable
- engagement, alude a tener un conjunto de intereses y focos con los que comprometerse, los que orientan el actuar,
- relaciones positivas, no se puede ser feliz solo, la felicidad relacional es fundamental,
- sentido, las personas felices tiene un sentido y un propósito claro y definido (el sentido puede ser individual, social y trascendente) y
- logro, para ser feliz, se requiere también acción concreta y resultados en el mundo, contar con una integración entre el mundo interno y externo.
Luego de describir los aspectos conceptuales de la felicidad, se enfoca en el tema del libro que es la felicidad organizacional, la que define como “la capacidad de una organización para ofrecer y facilitar a sus trabajadores las condiciones y procesos de trabajo que permitan el despliegue de sus fortalezas individuales y grupales, para conducir al desempeño hacia metas organizacionales sustentables y sostenibles, construyendo un activo intangible difícilmente imitable”.
“La organización coordina recursos y gestión para hacer una oferta de valor para los trabajadores que balancee la salud financiera de la compañía y el bienestar psicosocial de los trabajadores”.
En opinión del autor, estas prácticas sólo se pueden instalar si hay una concepción ética de la empresa, la que se basa en una concepción del ser humano que pone el bienestar subjetivo de las personas en el centro de la estrategia, entendiendo que la felicidad y el florecimiento en el trabajo son la causa de los resultados sustentables. Para ello se debe chequear la visión de los dueños y ejecutivos principales, ya que si conciben a las personas solo como instrumentos y recursos para la rentabilidad no sirve para implementar el modelo.
Estoy de acuerdo en que aspirar a que las personas sean más felices en el trabajo y procurar condiciones para que ello ocurra es noble y, al menos en el discurso, parece muy deseable. También valoro el modo que destaca la horizontalidad como actitud relacional sana y la convicción, coherencia y credibilidad de los directivos.
Cuando la felicidad no lo es todo: la importancia de las emociones negativas
Mi ligera incomodidad ante su respuesta está influenciada por la poderosa exigencia en la sociedad occidental de ser, o al menos actuar feliz.
Pero el mundo no parece ser tan maravilloso últimamente. Con tantas crisis y preocupaciones a nuestro alrededor, no es razonable esperar que las personas estén felices todo el tiempo. De hecho, contrario a nuestro sesgo cultural, es normal e incluso saludable experimentar ansiedad, miedo, soledad e incluso duelo.
De hecho, Martin Seligman, quien con frecuencia es considerado el fundador de la psicología positiva, definió el campo como el estudio del funcionamiento humano óptimo, no necesariamente solo el estudio de la felicidad. Y, con el fin de funcionar de manera óptima en nuestras vidas, no es una gran idea estar todo el tiempo en un estado de dicha, por estas dos razones.
- Date un momento para considerar las experiencias, acciones y relaciones que hacen que valga la pena vivir tu vida. Si eres como la mayoría de las personas, tus respuestas caerán en dos categorías generales, lo que los psicólogos llaman “hedonista” y “eudaimónico”. Las experiencias hedonistas se tratan del placer: ver un amanecer hermoso, comer una delciosiosa rebanada de pastel o tener sexo excelente. Por otro lado, las experiencia eudaimónicas se tratan de encontrar un propósito y significado personal: vivir de acuerdo con nuestros valores, completar un proyecto de vida importante o hacer una diferencia en el mundo, de alguna manera. La razón por la que esta distinción es importante es que a veces las cosas que son más significativas para nosotros no son placenteras, ya sea que estemos hablando de trabajar duro, cumplir nuestras promesas aunque sea incómodo, ser honestos cuando cometemos un error o de perdonar a alguien que amamos. Del otro lado de la moneda, muchas experiencias placenteras no son realmente significativas. Aunque ver todos los capítulos de una serie en un día o comer un bote entero de helado pueden hacernos felices, es difícil decir que estas actividades contribuyen para hacer que nuestra vida sea realmente “buena”.
- A pesar de que muchos de nosotros preferimos sentirnos felices toda la vida, las investigaciones muestran que los sentimientos negativos, aunque son desagradables, a veces pueden ser buenas para nosotros. La ansiedad y el miedo pueden protegernos de amenazas potenciales. La culpa puede motivarnos a arreglar las cosas cuando cometemos un error, permitiéndonos preservar nuestras relaciones más significativas. Incluso el enojo puede ser útil.
Recuerda eso la próxima vez que llames a tu compañía de teléfono o a tu banco para disputar una cuenta injusta. Por supuesto, hay una diferencia entre sentir una emoción como el enojo y actuar violentamente. También hay una gran diferencia entre experimentar emociones negativas en cantidades saludables y manejables y ser completamente sobrepasados por ellas. Como la mayoría de las cosas en la vida, prácticamente cualquier emoción es mejor en moderación. Pero, como muestran este y otros estudios, la cantidad precisa de ciertas emociones negativas, a las que se reacciona de maneras efectivas, puede ser útil.
Si nos sintiéramos felices todo el tiempo, podríamos terminar perdiendo oportunidades de mejorarnos a nosotros mismos, luchar por lo que creemos, o participar en algunas de las cosas más significativas de nuestras vidas.
Encontrando un propósito en el trabajo
En un mundo donde pasamos gran parte de nuestras vidas trabajando, encontrar un propósito en lo que hacemos no solo es una cuestión de satisfacción personal, sino un elemento crucial para nuestra felicidad y plenitud.
Muchos profesionales buscan más que una simple ganancia financiera en sus carreras; buscan significado y una conexión verdadera con sus actividades diarias. El propósito en el trabajo se refiere a la percepción de que tus actividades laborales tienen un significado y una importancia que van más allá de las tareas cotidianas. Es esa fuerza motriz que te da razones para levantarte cada mañana y enfrentar los desafíos del día con entusiasmo.
La importancia de encontrar ese propósito es evidente en cómo impacta la felicidad y la satisfacción en el trabajo. Los profesionales que comprenden y se conectan claramente con el propósito de sus funciones tienden a estar más comprometidos, ser más productivos y menos propensos al estrés y al agotamiento profesional.
Estrategias para encontrar un propósito en el trabajo:
- Reflexión Personal: Reserva un tiempo para reflexionar sobre lo que realmente te importa. ¿Cuáles son tus pasiones? ¿Qué aspectos de tu trabajo actual o de trabajos anteriores te han brindado mayor satisfacción?
- Define tus Valores: Conocer tus valores personales es esencial para encontrar un propósito en el trabajo.
- Busca Retroalimentación: Conversa con colegas, mentores o jefes para entender cómo tu trabajo impacta a los demás.
- Establece Metas Alineadas con tu Propósito: Una vez que tienes una idea clara de tu propósito, establece metas profesionales que estén alineadas con él.
- Educación y Desarrollo: Invierte en tu educación y desarrollo profesional para alinear tus habilidades con tu propósito.
Encontrar un propósito en el trabajo es una jornada personal y profundamente transformadora, que no solo aumenta la felicidad y satisfacción profesional, sino que también potencia los resultados y el impacto de tus actividades. Al entender y alinear tus valores y pasiones con tus responsabilidades laborales, abres puertas a una carrera más rica y gratificante.
Recuerda, el propósito en el trabajo no es un destino final, sino una brújula que guía tus decisiones y acciones diarias.
¿Qué hacer cuando no estás contento con tu trabajo?
Seamos honestos: nadie está contento con su trabajo los 365 días del año. Si esa es tu meta, te deseamos toda la suerte del mundo en la búsqueda del empleo perfecto.
Determina si aún estás desarrollando tus habilidades, si te sientes motivado o si recibes el suficiente beneficio económico. Antes de renunciar o comenzar a buscar un nuevo empleo, decide cómo responderías la pregunta anterior.
Según esta investigación, el nivel de felicidad en el trabajo es correlativo de manera directa a dos factores: percibir a tu jefe como colaborador y trabajar en un ambiente que fomenta la confianza y el respaldo. También puedes consultar esto con amigos y familiares.
Cuéntale a tu jefe cómo te sientes y pregúntale si existe la posibilidad de asumir nuevas responsabilidades en tu equipo. Quizá podrías tener más empleados a cargo u ocuparte de esa iniciativa postergada que tu equipo planea implementar hace años.
Es importante tener en cuenta el crecimiento económico potencial que tienes en tu empresa actual. Solicitar un aumento puede ser una situación incómoda, así que asegúrate de buscar toda la información que necesitas de antemano para sentirte seguro y justificar tu pedido.
Si la empresa no se adapta a los cambios de la industria ni la lidera, probablemente afectará tu desarrollo o reputación profesional. Cualquier actividad adicional que tengas puede ser una excelente manera de desarrollarte profesional y personalmente.
¿La campaña de marketing para el Black Friday te causó una úlcera? ¿Tienes la presión arterial por las nubes? No corras el riesgo de afectar tu salud por ningún empleo. Comienza hablando con tu jefe sobre la causa del estrés. Solicita aliviar tu carga laboral, tomarte vacaciones o pasar a un puesto menos agotador. Si ninguna de esas opciones es viable, tal vez sea hora de buscar un trabajo menos demandante. Reconoce las necesidades de tu cuerpo.
Asegúrate de tomar la decisión correcta. No te dejes llevar por un impulso y sé honesto contigo mismo respecto al verdadero motivo por el que deseas renunciar. Cuando sea posible, elige trabajar en un lugar donde sientas que tienes la confianza, el respaldo y la motivación que necesitas.
El principio 80/20: trabajar menos, lograr más
Sentimos que siempre hay demasiado en nuestras listas de tareas pendientes y simplemente no hay suficiente tiempo en el día para superarlas. Koch argumenta exactamente lo contrario: estamos inundados de tiempo y derrochando en su abuso. Tenemos tiempo más que suficiente. Deberíamos, sugiere, eliminar radicalmente todas las actividades de bajo valor.
Si podemos identificar el 20% de nuestras actividades que importan, en cualquier esfera, podemos concentrarnos en eso y dejar de lado el 80% de las actividades improductivas. Otra ventaja de este enfoque es que cuando actuamos menos, pensamos más. Y pensamos mejor.
Pero aquí también está el problema con la teoría de Koch: La mayoría de nosotros no somos maestros completamente autónomos de nuestro tiempo. Podemos tener hijos, parejas y dependientes, e hipotecas que debemos pagar; podemos trabajar para otras personas o instituciones que dictan nuestras listas de tareas pendientes y nos obligan a gastar nuestro tiempo de manera improductiva.
Entonces, una forma más realista de ver el principio 80/20 sería tratar de aplicarlo dentro de nuestro círculo de control. Eso significa ser muy exigentes sobre lo que podemos y lo que no podemos controlar, y luego enfocar nuestra energía en lo primero.
Dibuja un gráfico circular y asigna puntos porcentuales a cada actividad para visualizar los conocimientos de este ejercicio. ¿Cuáles de mis actividades laborales importan más? ¿Y cuáles de las actividades no generativas puedo minimizar?
En el nivel más básico, un análisis 80/20 de los hábitos de trabajo que podemos controlar podría proporcionarnos una brújula: un sentido claro de las prioridades y el conocimiento de lo que es y lo que no es importante. Además, decir que no a las ocupaciones sin sentido puede ser enormemente liberador.
El objetivo de este ejercicio es precisamente trabajar menos pero de manera más inteligente. El punto es liberarnos para tomar descansos, relajarnos, pensar, simplemente ser, conectarnos con los demás y hacer cosas más nutritivas, energizantes y calmantes para el alma, todas las cosas que nos hacen sentir vivos y conectados con nuestro propósito más profundo.
Señales de que tu trabajo te está afectando
Existen muchas razones por las que ya no nos sentimos conectadas y motivadas con nuestro trabajo. Puede que nuestros objetivos profesionales ya no sean compatibles con los de la empresa o que la carga de trabajo es excesiva y la remuneración insuficiente. Independientemente de la causa, el problema es que la situación nos genera un alto desgaste emocional que perjudica nuestra productividad y bienestar personal.
Un buen trabajo no es sólo aquel que nos ofrece un buen cheque, sino que además impulsa nuestra trayectoria profesional con nuevos y diversos conocimientos que favorecen nuestro desarrollo. Nos motiva a superarnos a través de retos que nos ayudan a avanzar en nuestras aspiraciones y nos mantienen en constante aprendizaje.
Cuando vemos que el estrés y la ansiedad son constantes en nuestro trabajo y los dolores y achaques empiezan aparecer es porque tu cuerpo está de alguna manera manifestando la carga que te genera el trabajo.
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