Finlandia es el país que lidera el índice global de felicidad desde hace años. La razón: Un equilibrio perfecto entre bienestar, seguridad, sostenibilidad y calidad de vida. Mudarse a Finlandia no sólo implica mejores ingresos, sino también disfrutar de un entorno diseñado para el bienestar.

La nación se sitúa en lo más alto del Índice de Vida Mejor gracias a una excelente conciliación entre vida personal y trabajo, un sistema educativo de alta calidad y un sentido de comunidad que une a sus habitantes. La esperanza de vida en Finlandia alcanza los 82 años, mientras que el 96 % de las personas afirma que puede contar con alguien en momentos de necesidad.

Para los ciudadanos de la Unión Europea, mudarse a Finlandia es un proceso simple, ya que no se requieren visados ni permisos de residencia. Para estancias superiores a tres meses, basta con registrarse como ciudadano de la UE en los portales oficiales, lo que garantiza acceso a servicios esenciales. Finlandia combina lo mejor de la estabilidad económica con un enfoque en la felicidad y el bienestar de sus habitantes.

Desafíos del Mercado Laboral Finlandés

Sin embargo, incluso este paraíso del norte de Europa enfrenta desafíos, como la falta de personal para cubrir una creciente demanda laboral en sectores clave. A pesar de su sólida economía y sus avances sociales, Finlandia no logra satisfacer la demanda de trabajadores en áreas cruciales como la construcción, la tecnología, la sanidad y el transporte.

Profesiones como carpinteros, ingenieros informáticos, médicos y camioneros figuran entre las más buscadas en el mercado laboral finlandés. Este déficit de mano de obra ha llevado al país a buscar talento más allá de sus fronteras, especialmente en el seno de la Unión Europea.

Productividad y Bienestar en los Países Nórdicos

Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia, los llamados países nórdicos, constituyen un referente cuando se habla de un Estado de bienestar robusto, con prestaciones universales y beneficios generosos para el conjunto de la población. También se los cita como ejemplo por ser las naciones más igualitarias del planeta, no sólo en términos socioeconómicos, sino también en relación a las inequidades de género.

Es menos sabido, sin embargo, que también son un referente a la hora de hablar de productividad. Como muestra el gráfico 1, Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega están entre los países más productivos del mundo.

El Rol de los Sindicatos y la Formación Profesional

Un volumen recién publicado en la revista Journal of Scandinavian History nos permite responder mejor estas preguntas desde el punto de vista de la historia económica (Nevers y Paster 2019). Se trata del artículo Empresarios y el Estado de Bienestar Nórdico, 1890-1970 (Business and the Nordic Welfare States, 1890-1970), cuyo análisis es inequívoco: las conquistas laborales y sociales en Escandinavia se lograron gracias a las luchas de los trabajadores organizados (sindicatos) contra la voluntad del empresariado.

En efecto, los empresarios escandinavos se opusieron a estas mejoras pues cuando comenzaron a ser demandadas (a fines del siglo XIX) estos países no eran lo productivos que son ahora. En el caso de Dinamarca, el Estado de bienestar comenzó a construirse tras la Primera Guerra Mundial.

A diferencia de Chile, donde la proporción de matrícula destinada a educación técnico-vocacional también es alta, en Escandinavia las empresas participan activamente no sólo en la definición de los currículums y trayectorias educativas, sino también, como se mencionó, en otorgar puestos de trabajo remunerados para las prácticas profesionales de los estudiantes: entre un 15% y un 20% de todas las empresas participan en estos programas de aprendices en Finlandia, Noruega y Suecia, mientras que en Dinamarca dicho porcentaje se eleva al 40%. Más aún, sobre el 80% de las empresas en estos países da entrenamiento y capacitación continua a sus trabajadores.

En otras palabras, a pesar de oponerse inicialmente a las mejoras sociales/laborales, los empresarios escandinavos aprendieron eventualmente a utilizar lo que era visto como una carga en una verdadera oportunidad. Hoy los países escandinavos producen y exportan bienes altamente especializados y con un alto contenido tecnológico y de conocimiento a pesar -o probablemente gracias- a sus políticas sociales y laborales.

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