Cada año, en Chile, se discuten los aumentos que debieran aplicarse al salario mínimo (SM). Las principales motivaciones para aumentarlo radican en la alta y creciente desigualdad de ingresos en Chile y acerca de cuál debiera ser un ingreso ético para las familias. El salario mínimo fijado en Chile para el período 2011-2012 fue de 182 mil pesos mensuales. A fines del primer semestre del 2012 se debatió acerca de cuál debiera ser el aumento para el período 2012-2013. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) realizó un llamado para aumentar el salario mínimo a $250 mil pesos mensuales, mientras que algunos sectores políticos se han inclinado por un valor de $200 mil. Finalmente prevaleció la postura del Gobierno, que aumentaba el salario mínimo a $193 mil, lo que equivale a un aumento nominal de 6% (3.3% real).
Por lo general, las discusiones relacionadas con el salario mínimo no analizan académicamente sus potenciales efectos sobre el mercado laboral. El presente documento aborda este tema y se divide en dos partes. En la siguiente sección se realiza un breve análisis de la literatura académica, internacional y nacional, acerca de los efectos sobre el nivel de empleo de los cambios en el salario mínimo. La sección III del documento analiza estadísticas del mercado laboral chileno, en particular de su estructura de salarios y su relación con el salario mínimo.
El Problema Inflacionario: Un Shock de Oferta
En lo fundamental, el problema inflacionario que vivimos es producto de un shock de oferta: primero la pandemia y su efecto en las cadenas de distribución y, ahora, la guerra y sus consecuencias en los precios de alimentos y energía. También hay elementos de demanda por los estímulos fiscales y monetarios utilizados para salir de la recesión global, pero están siendo retirados. Un shock inflacionario es una prueba crítica para cualquier Gobierno y la coalición que lo sustenta.
Medidas Propuestas para Combatir la Inflación
En la prensa y en los pasillos del Congreso se plantean diversas ideas para combatir la inflación que se pueden agrupar en dos familias. Una, consiste en controlar precios: se ha dicho que es necesario fijar algunos o reducir el IVA a productos esenciales de consumo humano. La otra, busca generar ingresos familiares para compensar la inflación: elevar el salario mínimo, alargar el IFE y autorizar un quinto retiro de fondos de pensiones.
El Control de Precios: Una Falsa Solución
Los casos paradigmáticos de la primera familia son Argentina en 1985 y Brasil en 1986. Los llamados Plan Austral y Plan Cruzado, respectivamente, fijaban precios y suspendían la indexación. Ambos produjeron más inflación, crisis económica y desempleo. ¿Qué falló? Que los precios son un síntoma. Fijarlos sin atender las causas de su incremento no soluciona nada. De hecho, lo agravan, porque liberar precios que estaban fijados es muy complejo políticamente. Cualquier Gobierno hará lo imposible por evitar subir administrativamente precios de alto impacto ciudadano. Un botón de muestra: ¿vieron la reacción cuando el panel de expertos recién sugirió, nuevamente, subir el pasaje de la locomoción colectiva en $30?
Claro, mientras haya precios fijados, la inflación medida será baja quizá, pero los salarios no se fijarán y los costos de las empresas subirán. Sin poder subir precios, el desequilibrio entre oferta y demanda se agravará más y la presión inflacionaria también. Así, cualquier fijación de precios genera más problemas que los que resuelve. Y si nos quejamos de la inflación hoy, con el retiro de fondos será peor mañana.
Aumento del Salario Mínimo y Otras Medidas de Estímulo
El salario mínimo se caracteriza por el hecho de que parte del costo de las transferencias las financia el sector privado. Probablemente esto se haga en parte porque responde a una promesa de Gobierno que ya estaba internalizada por todos. La propuesta de subirlo un 14% a $400.000, implica una transferencia entre privados en torno a un 0,2% del PIB. Es poco macroeconómicamente hablando, pero naturalmente focalizado en un segmento que lo necesita.
Sobre el IFE no conocemos todavía demasiados detalles. Posiblemente, sea de mayor tamaño, pero es de costo fiscal justo cuando el país está en necesidad de atender urgentes gastos públicos. Es posible, entonces, que parte del costo del IFE sea compensado con menores gastos en otras áreas. De estas medidas de estímulo a la demanda, el retiro de fondos de pensiones es la que más agrava las fuentes de inflación. Si se repite el monto del tercer retiro (USD 14.700 millones), el estímulo a la demanda será 21,8 veces superior al efecto del salario mínimo. La velocidad de gasto de esos fondos está fuera del control de las autoridades. Lo único que pueden hacer para morigerar el efecto inflacionario es premiar más aún el que esos fondos no se gasten.
La propuesta del ministro Marcel es sensata: incremento de salario mínimo, obras públicas e IFE. El círculo vicioso de fondo se resuelve recuperando la capacidad de crecimiento de la economía.
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