La festividad de San José Obrero recuerda a un hombre silencioso, firme y trabajador, como lo describe el Papa Francisco.
Jueves 1.° de mayo: San José Obrero, carpintero de Nazaret, encarnó la dignidad del trabajo y la fe vivida en lo cotidiano.
Para el Pontífice, José no fue solo el carpintero de Nazaret.
Para Francisco, José encarna el valor del trabajo como vocación y servicio.
En el taller familiar, enseñó a Jesús no solo a trabajar con las manos, sino a comprender el sentido profundo del esfuerzo.
La figura de san José también es central en la crítica del Papa a un modelo económico deshumanizante.
“Pienso en cuantos, y no sólo los jóvenes, están desempleados. Muchas veces por causa de una concepción economicista de la sociedad, que busca el beneficio egoísta, al margen de los parámetros de la justicia social. […] Me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza.
José, aunque presente en los Evangelios de manera discreta, es fundamental en la vida de Jesús.
No hay grandes discursos ni gestos públicos, pero sí una vida de trabajo y sacrificio.
El Papa Francisco ha resaltado que, aunque muchos no reconozcan a José en su época, su legado se extiende en cada acción que defiende la dignidad humana.
El Papa Pío IX, en 1847, estableció para la Iglesia universal la celebración de San José como patrono de los trabajadores, fijándola para el tercer domingo de Pascua.
León XIII, en su encíclica Quamquam pluries, resaltó el papel del trabajo en la vida de San José y su ejemplo para los trabajadores.
El Papa Pío X trasladó esta celebración al miércoles anterior.
En 1886 trabajadores en la ciudad de Chicago reciben una cruenta represión cuando persiguen mejoras laborales, encontrando como respuesta la muerte.
Hoy han pasado los años y la realidad del trabajo sigue siendo de luz y de sombra.
El trabajo dignifica la persona, es siempre oportunidad de crecer y de experimentar el sentido que tiene la vida, el trabajo nos hace mejores personas, hace también que nuestros países crezcan y sean el hogar de todos los que en ese territorio se acoge.
En el día del trabajo elevó la plegaria por todos los que buscan trabajo, para que lo encuentren y éste sea digno, también oro por los que poseen un trabajo, para que sea ocasión de crecer en dignidad, progreso personal y del mundo. + Mons. Moisés C.
Mandas y Promesas: Una Reflexión sobre la Fe Popular
El lenguaje de las relaciones entre Dios y el hombre en todas las religiones es rico y variado.
Uno de ellos es la promesa, que en el habla popular de nuestro país se suele llamar “manda.”
Sobre este tema el Catecismo de la Iglesia Católica presenta dos tipos de promesas: las que la Iglesia exige hacer en algunas celebraciones sacramentales (el Bautismo, el Matrimonio, el Orden), y las que el cristiano puede hacer por devoción, por ej., un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc. (cfr CIC, 2101).
Es este segundo tipo de promesas el que estudia el folleto que estamos presentando.
La publicación de este folleto, “Mandas y promesas de peregrinos”, escrito por el Hno. Jesús Bayo, marista, buen conocedor de la piedad popular chilena, viene a ser todo un acierto.
Con una buena pastoral de la piedad popular haremos posible “remar mar adentro” en la evangelización de este nuevo milenio, bajo la guía del Espíritu, que nos impulsa a vivir en un diálogo misionero con nuestro pueblo y su cultura cotidiana.
Comparto esta reflexión a la luz de mi propia experiencia personal, de la escucha y de la observación atenta de otras personas y de la lectura de algunos pocos escritos que conozco al respecto.
Uno de los artículos que considero y me ha servido de pauta es el estudio, escrito por Monseñor Gaspar Quintana, titulado: “La promesa o manda en la Santa Biblia y algunas pistas teológico-pastorales”.
En mi experiencia personal, he cumplido promesas y mandas como penitencia sugerida por los confesores en alguna ocasión; además, he realizado mandas por iniciativa personal, solo o acompañado por otras personas.
En diversas circunstancias, he tenido la oportunidad de estar al lado de personas que han realizado una manda y me han solicitado acompañarles en el cumplimiento de la misma.
El sentido y el significado de la manda, suele estar ligado o relacionado con las peregrinaciones.
Generalmente, la manda se cumple con motivo de una peregrinación o de una visita a un lugar sagrado, a un santuario.
También está relacionada la promesa con momentos culminantes de la vida o de la conversión de las personas.
En el lenguaje religioso católico se habla de votos, promesas y mandas.
Los votos son promesas formales, privadas o públicas.
Los votos son propios de la vida consagrada, particularmente, los tres votos de pobreza, castidad y obediencia.
Las promesas, en general, tienen un carácter amplio y abarcan distintos aspectos, ya sea del ámbito público o privado.
La manda es una promesa que suele estar relacionada con la piedad popular o con las peregrinaciones; puede tener carácter penitencial, de petición de un favor o de agradecimiento por una gracia concedida, según los casos.
En todos los casos se da un aspecto contractual, pero es más fundamental la actitud del creyente que se fía de Dios y se ofrece a sí mismo.
La manda, al estar ligada generalmente a las peregrinaciones, debe ser adecuadamente valorada y comprendida por los rectores y por los pastores de los santuarios.
De hecho, en la realización de una manda siempre subyacen aspectos antropológicos y religiosos dignos de consideración.
Esta comprensión ayuda para una mejor evangelización y facilita el encuentro gozoso de Dios con los hombres, que supone siempre la iniciativa y la alianza de amor por parte suya, y el cumplimiento de sus mandamientos por parte nuestra.
La condición de base para captar el verdadero sentido de la manda es captar el amor de Dios, sin pretender manipularlo ni renunciar a la libertad que Dios mismo nos concede.
De lo contrario, se cae fácilmente en la magia o en la superstición.
Sólo a la luz del misterio de Cristo cobran sentido las mandas y las promesas: En él se realiza de manera perfecta la alianza de Dios con los hombres.
En él ha cumplido Dios todas las promesas.
Él es el camino, la verdad y la vida.
La manda, tiene un carácter de diálogo y supone la relación con lo sagrado.
Es una forma de relación entre la criatura y Dios, María, los santos canonizados u otros personajes honrados por el pueblo.
Generalmente, la manda refleja la fe humilde y confiada de quien la hace, pero en ocasiones, también se observa cierta superstición, magia, ignorancia religiosa o vana credulidad.
En resumen, podemos decir que la manda (promesa propia de la piedad popular) es una oración de petición, refor¬zada por una decisión que compromete para el presente y el futuro la voluntad del promesante delante de Dios con un ofrecimiento de dones o sacrificios, a manera de acción de gracias y de reconocimiento por el favor concedido.
La manda la realiza una persona con fe.
Lógicamente, nuestra fe siempre es muy pequeña: “si tuvieran fe como un granito de mostaza...”
Todos podemos exclamar, como el centurión: “Señor, creo, pero aumenta mi fe”.
Quien hace una manda la realiza con sentido de fe, supone algún grado de relación con Dios.
La manda implica el sentido de la oración en la persona o en el grupo que la realiza.
Se trata de una oración gestual, de un signo de fe, de una práctica de piedad popular, de una manifestación religiosa.
Las mandas forman parte del lenguaje gestual y simbólico de la piedad popular.
El “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia” no hace mención explícita de las mandas, pero enumera algunos tipos de mandas cuando considera diversos gestos como lenguaje propio de la piedad popular (DPPL 14 y 15).
Al hacer una manda, la persona refleja su mundo íntimo, con los vaivenes propios de su fe, con sus temores y esperanzas, con sus pobrezas y riquezas, con sus dolores y alegrías, con sus angustias y consuelos.
Lógicamente cabe la interpelación y las preguntas ante quien hace una manda.
¿No se trata de una relación con Dios infantil y de una oración ingenua?
¿No hay cierto deseo de manipular a Dios o de comprar sus beneficios?
¿Para qué comprometer a Dios en las necesidades de la vida, mediante la petición de bienes materiales inmediatos si el ya conoce lo que necesitamos?
¿Será esto realmen¬te oración?
¿Es compatible una actitud interesada con el carácter contemplativo, confiado y gratuito de la fe?
¿No es más bien confundirla con la actitud interesada de la magia, que quiere usar de Dios?
Estas preguntas son válidas para cualquier gesto religioso.
La persona puede reaccionar ante una realidad sobrenatural de dos maneras: intentando dominarla o aceptándola sin condiciones.
La primera actitud es propia de la magia, que se quiere adueñar de lo sagrado; la segunda, es propia de la fe y de la oración confiada, del místico que se entrega a la voluntad de Dios.
En el primer caso el hombre quiere que Dios haga lo que él desea; en el segundo caso, el hombre quiere hacer lo que Dios desee para él.
Las Promesas en el Antiguo Testamento
En el AT: Las promesas están estrechamente asociadas a la oración cuya influencia sobre la divinidad tienden a refor¬zar.
Por ejemplo: “Si Dios está conmigo y me guarda en el viaje que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cu¬brirme, si vuelvo sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios y esta piedra que he levantado como estela será una mora¬da de Dios y de todo lo que me des te daré el diezmo”.
Se trata de promesas por las que alguien con el fin de obtener un fa¬vor divino, se compromete voluntariamente para con Dios en algo, espe¬cialmente en los momentos difíciles.
Por esto denuncia a los fariseos, representantes oficiales del mundo y del estilo religioso judío, pues ellos han desnaturalizado en provecho propio esta institución sagrada, valiéndose de ella en contra de la ley divina.
En Mt.15, 1-9 vendrá a recordar las palabras del profeta Isaías 29, 13. “este pueblo me honra con los labios pero su corazón está muy lejos de mí: el culto que me dan es inútil, pues la doctrina que enseñan es inútil”.
Esto es lo que afirma Jesús contra los fariseos: “Por qué se saltan Uds. el mandamiento de Dios en nombre de las tradiciones. En nombre de esas tradiciones Uds.
Se suele equiparar al voto el propósito de virginidad que hizo la Vir¬gen María en Lc 1-34, cuando la anunciación del ángel: “Cómo sucede¬rá eso puesto que no estoy conociendo varón?”.
Igualmente se le equi¬para el voto de nazireato que hizo Pablo: el libro de los Hechos en 18, 18 nos narra que en “Cencreas se afeitó la cabeza porque había hecho un voto”, en su viaje de vuelta a Antioquía (cf.
La Promesa y la Oración
La promesa y la manda están profundamente arraigadas en la prác¬tica religiosa de nuestro pueblo latinoamericano.
Es necesario asumirlas y valorarlas adecuadamente.
Tal como afirma el Documento de Puebla: “será una labor de pedagogía pastoral, para que el catolicismo popular sea asumido, purificado, completado y dinamizado por el Evangelio” (P 457).
Como hemos visto anteriormente, la promesa y la manda están íntimamente relacionadas con la oración.
- La oración supone tener fe en un Dios personal que nos conoce.
- No es hablar con una idea, o una fuerza impersonal que me puede socorrer, sino un encuentro con una persona.
- Se trata de una fe en la presencia real y activa de Alguien que se revela y nos invita a entrar en un diálogo con El.
Esta fe vive de la ora¬ción.
Cuando creemos de verdad, nos expresamos con la oración: se ora lo que se cree (“lex orandi, le credendi”).
- La oración del cristiano implica una riqueza nueva, propia de los hijos de Dios.
- La oración cristiana es realizada por el Espíritu que ora en nosotros.
- Toda oración cristiana, de cualquier tipo, alcanza su culminación en Cristo, el cual llama a Dios “Padre”, de forma única (Mc 14, 36).
- Dios Padre se nos ha hecho visible y cercano en la persona de Jesús, que es el “Dios con nosotros”.
- Y el Espíritu es quien nos permite exclamar “Abba, Padre”.
- Orar desde el corazón de Cristo es amar no sólo al Padre sino también a los hermanos.
- Amando al prójimo se escucha a Jesús, y por medio de Jesús se ama a Dios Padre.
Y este amor al Padre (Lc 10, 25 al 11, 13) lo traduce en forma de oración.
La fe de la persona que acude a Dios para que lo socorra en su aflicción cualquiera que ella sea, es un elemento muy importante.
Se puede constatar en los relatos evangélicos que la fe está referida a historias de milagros.
Así lo verificamos en los siguientes ejemplos: (Mc 2,5; 5,34; 9,19; 10, 52; Mt 8, 10; Lc 17, 19).
A partir del nuevo culto que Jesús instaura, hay también muchas pistas orientadoras para la oración y los sacrificios, que nos sirven para mejor comprender la manda o promesa.
Seguimos el evange¬lio de Marcos (Mc 9 a 11).
Frente a la manera antigua de honrar a Dios, Cristo propone una nueva que no depende de un templo, de un lugar de culto, sino de “adorar a Dios en espíritu y en verdad”.
La oración implica una creencia absoluta en su efi¬cacia (Mc 11, 24).
Además, exige el perdón de las injurias recibidas, fruto de la misma oración (Mc 11,25).
Consecuencia de este perdón al hermano será el perdón mismo otorgado por Dios.
El culto a Dios pasa por la cali¬dad de nuestras relaciones con el prójimo: amor, reconciliación, servi¬cio, solidaridad (Mt.
También la limosna es tocada por el nuevo culto según Cristo.
Sigue teniendo valor, pero la valoración es diferente (Mc 12, 41-44).
No está en la cantidad de dinero, sino en la calidad del amor y de la generosidad.
Estos criterios son importantes para discernir en los promesantes el valor de su ofrenda, que no se medirá tanto por lo poco o mucho que haga en donación, en sacrificios, en tiempo, en dinero, en oraciones, sino por el grado de amor, la gratuidad de la entrega y la aceptación de la voluntad de Dios en su vida.
A partir de esta iluminación de la Palabra de Dios y de la reflexión teológica, pode¬mos hacer una descripción, aunque sea rápida, de algunos aspectos positivos y negativos de la manda, como lo hace el Documento de Puebla al tratar el tema más amplio de la religiosidad popular (cf.
Aspectos Positivos de la Manda
- En ella el creyente decide según la propia conciencia un tipo de relación con Dios, la Virgen o los santos.
- Supone una relación de amorosa confianza en la providencia de Dios que se preocupa de sus hijos, especialmente de los pobres y sufridos.
- Refleja la sabiduría popular, guiada por la fe cristiana, aunque no siempre perfecta y madura, que permite al pueblo creyente profundizar en el contenido de su oración de petición.
- Mediante la promesa la persona hace una síntesis vivencial de las verdades que cree integrándolas con los problemas cotidianos que vive (dinero, trabajo, salud, familia, etc).
- Algunas mandas, por el contenido de la promesa y el compromiso que encierran, ofrecen a los fieles la oportunidad de tener un contacto con la Iglesia Católica, de la que se sienten parte.
- Así, por ejemplo visitar algún santuario, o templo, recibir 1os sacramentos, participar en la fiesta.
- Finalmente, podemos decir que en el interior de la promesa, como expresión de una actitud profunda, hay un dinamismo válido de relación con Dios.
Aspectos Negativos de la Manda
En ciertos sectores eclesiales, se mira la manda con recelo y se destacan los aspectos negativos.
Algunos la rechazan abiertamente en nombre de una fe madura.
Otros consideran muy discutible su ejercicio y dudan de su valor cristiano.
- Parece que la manda disminuyera en el hombre su capacidad para decidir y forjar su historia personal.
- Presenta una imagen de Dios exigente y terrible, al cual hay que tener propicio con dones y sacrificios para lograr lo que se le pide.
- Refleja la actitud devocional de un pueblo ignorante, más evangelizado en la dinámica de lo ritual que de lo doctrinal.
- Diluye la centralidad de Cristo, único mediador, y atiende sólo al poder de intercesión de los santos.
El documento de Puebla señala un criterio general para vivir el Evangelio en la Iglesia que podemos aplicarlo a las promesas y mandas: “Todo debe hacer a los bautizados más hijos en el Hijo, más hermanos en la Iglesia, más responsablemente misioneros para extender el Rei¬no”. (P 459).
- No se puede hacer en forma simplista una separación entre valo¬res y defectos de la manda.
- Como toda expresión del corazón del hombre, y especialmente de su experiencia frente a Dios, la manda es una realidad compleja difícil de examinar.
- Hay que evitar los prejuicios frente a las personas que hacen mandas.
- Lo importante es acoger a quien la hace y tener en cuenta que el promesero acude, desde su indigencia profunda y con todas las limita¬ciones que lo marcan, al encuentro de un Dios lleno de misericordia.
- Los pobres, los desamparados, los enfermos, los marginados, saben que Alguien los espera con todo su amor y su poder.
- La capacidad de dar “calidad humana” a la vida de la gente, de humanizar al pueblo y su cultura será un buen test para evaluar la man¬da, en su contenido o sentido.
- La expresión de fe cris¬tiana que personaliza y libera del propio egoísmo para ir al encuentro de los demás en el servicio, la solidaridad, la liber¬tad, la responsabilidad.
- La sintonía con la persona de Jesús, el seguimiento de sus enseñan¬zas y la imitación.
Desde chica que he tenido una especial simpatía por los santos, aunque no era devota de ninguno en especial ya que el tema de la fe y la religión nunca fueron muy cercanos para mi.
Eso hasta que apareció San Pancracio -el patrono del trabajo- en mi vida.
Lo descubrí de aburrida en la pega, googleando en mi desesperación por encontrar un trabajo más digno que el que tenía, lo imprimí y lo pegué en el lugar más protagónico que encontré de los 20 cm de espacio asignado a mi persona en la oficina que compartía con un puñado de adictos a los wallpaper de minas ricas y ringtones de música electrónica.
Había decidido que después de mandar tanto currículum había llegado el momento de apretar el botón de pánico y él sería mi nuevo salvador.
Obviamente, todo esto lo hacía con bastante humor, pero pasaron tres semanas en que me llamaron de varias pegas y finalmente di con la que había estado fantaseando hace años.
Jamás pensé de qué manera sería que un santo iba a ser el responsable de tanta buena racha, aunque reconozco que una pequeña parte de mi tenía la duda de que tal vez esta versión más acotada de San Expedito sí funcionaba.
De eso ha pasado un buen tiempo y a todos los que se los he recomendado encuentran un trabajo mejor, es más, yo también lo invoqué hace poco y de nuevo funcionó.
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