Discutir sobre el actual mercado laboral no es sólo un asunto de alzas o bajas de cesantía, sino también de la calidad de esos trabajos y las características de quiénes los ejercen. Dos investigadores ponen lupa sobre los últimos años de empleo en nuestro país y llegan a conclusiones reveladoras.

El Panorama Laboral en Chile

Si bien en Chile no existió un incremento en las tasas de pobreza durante 2014-2019, ha habido una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción estableciendo un panorama laboral complejo y frágil frente a la irrupción de la pandemia. Esto se reflejó en el incremento de las tasas de desocupación, como también en la creación de empleos de baja productividad caracterizados por la presencia de precarias condiciones laborales.

La tasa de desocupación a nivel nacional tuvo un leve incremento, pasando de 6,2% en 2013 a 7,3% en 2019. Sin embargo, puede ser relevante e ilustrador observar la cantidad de desocupados en vez de las tasas.

Este aumento de tan solo un punto porcentual representa un aumento en casi 180 mil personas que buscan activamente empleo y no logran encontrarlo. Adicionalmente, debemos tener claro que la tasa de desocupación considera solamente a personas que no trabajaron en la semana en que se tomó la encuesta pero que buscaron activamente empleo en dicho período.

Si ampliamos la definición e incorporamos a todas las personas que trabajan en horarios part-time y desearon trabajar más horas pero por razones ajenas a su voluntad no logran hacerlo, la tasa de desocupación promedio entre 2014 a 2019 se eleva del 7% al 16%. Esto implica que el sistema económico no solo ha sido incapaz de crear los puestos de trabajo necesarios para la población dispuesta a trabajar, sino que adicionalmente no ha sido capaz de crear las horas de trabajo requeridas por los trabajadores ya empleados.

El Aumento del Trabajo por Cuenta Propia

Durante el sexenio 2014-2019 el tipo de empleo que creció con más fuerza en Chile fue el trabajo por cuenta propia (en promedio, a 3,8% anual), mientras que el empleo asalariado creció en menos de la mitad (1,6%). Esto tiene implicancias directas en la composición del empleo, ya que podemos evidenciar un aumento en la participación del trabajo por cuenta propia en el empleo total en dicho periodo.

La situación se vuelve más preocupante si es que consideramos que el empleo asalariado privado creció solamente en 1,1% en promedio durante dicho período vs. un 4,3% del empleo asalariado público. Si bien la composición del empleo en Chile ha sufrido pequeñas variaciones, esto tiene implicancias directas en la calidad del empleo, ya que el trabajo por cuenta propia cuenta con menor estabilidad laboral, menores ingresos laborales mensuales ($358.000 vs. $623.000 que recibieron los asalariados en promedio en 2019), menor protección frente al desempleo, menor acceso a derechos laborales como los beneficios por maternidad, accidentes de trabajo, etc.; como también falta de acceso a la seguridad social contributiva (contribución al sistema de pensiones).

Informalidad Laboral

Sin embargo, la existencia de una relación asalariada de trabajo tampoco garantiza condiciones laborales decentes ni acceso a la protección social. El promedio de empleados informales en Chile en 2017 a 2019 fue de un 29%. Esto implica que casi uno de cada tres trabajadores en Chile no cuentan con cotizaciones de salud ni con previsión social (en el caso de los trabajadores asalariados), o que sus actividades no están registradas en el Sistema de Impuestos Internos (para los trabajadores por cuenta propia).

La informalidad laboral también impacta a los grupos más vulnerables como a las mujeres, que tienen tasas de informalidad más altas que los hombres (30% vs.

El aumento en la tasa de desempleo, la presencia del empleo informal y la creación de empleos precarios han sido características fundamentales de los mercados laborales en Chile previo a la irrupción de la pandemia.

El empleo total de la economía creció en promedio casi 2% por año durante 2014-2019. Los sectores económicos que explican este crecimiento son principalmente las actividades de Hotelería y Restaurantes que representan un 17% de dicho crecimiento, el comercio (16%), la construcción (10%) y servicios de enseñanza y salud (28%).

Adicionalmente, son estos tres sectores: comercio, construcción, hotelerías y restaurantes justamente los que cuentan con las tasas de ocupación informal más altas de todos los sectores económicos. El crecimiento del empleo en Chile durante 2014-2019 se ha basado en la creación de empleos en sectores de baja productividad, con altas tasas de informalidad y concentrando principalmente a población vulnerable en determinados sectores productivos.

Impacto de la Pandemia

La pandemia ha generado la crisis económica más grave y generalizada que haya sufrido Latinoamérica desde que existen registros estadísticos. En términos generales existió en Chile una destrucción de casi dos millones de empleos entre el último trimestre de 2019 al segundo trimestre de 2020. Sin embargo, se debe considerar que la contabilización de empleo considera a los trabajadores ausentes o con reducción de la jornada laboral a los cuales se les aplicó la Ley de Protección al Empleo (principalmente, trabajadores asalariados formales).

Un indicador complementario vendría a ser la pérdida total de horas de trabajo producto de la pandemia. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Latinoamérica y el Caribe fue la región con la mayor pérdida de horas de trabajo en todo el mundo (en relación con las horas totales trabajadas en 2019) con una reducción del 16% anual vs. una pérdida mundial de 8.8%. Chile tuvo una reducción anual del 17% lo que equivale a una pérdida anual de 1.373.000 empleos de jornada completa.

La pérdida de empleos tuvo efectos heterogéneos entre distintos tipos de trabajadores. Los empleos asalariados formales, que están asociados a mejores condiciones laborales e ingresos, fueron la categoría de empleo menos afectada por la pandemia. Los tipos de empleos más afectados fueron aquellos asociados a peores condiciones laborales y menores ingresos.

La crisis no solo se caracterizó por la pronunciada caída en la producción y la pérdida de empleos de los trabajadores más vulnerables, sino también por la pérdida masiva de ingresos laborales de los ocupados. Según datos del INE, un 28% de los ocupados declaró una reducción de sus ingresos laborales durante 2020 (casi dos millones de trabajadores). La masa salarial pasó de $5,4 billones en 2019 a $4,8 billones en 2020, lo que implica una reducción de 11%.

La pérdida masiva de empleos y de ingresos laborales durante la crisis implicó un aumento en los niveles y tasas de pobreza sin precedentes en las últimas décadas en Chile. Es relevante destacar que los ingresos considerados para calcular las tasas de pobreza consideran otros tipos de ingresos no laborales (arriendos, subsidios y bonos, alquiler imputado, transferencias privadas, etc.); he ahí la relevancia de las transferencias que realizó el gobierno en conjunto del retiro masivo de los fondos de pensiones para amortiguar la caída de los ingresos laborales.

Si solamente tomáramos en cuenta los ingresos laborales de los trabajadores y las pensiones autofinanciadas, la tasa de pobreza nacional se eleva de 10,8% a 40%. Esto significa que si los hogares solamente hubiesen dependido de sus ingresos laborales 7,8 millones de personas en Chile estarían por debajo de la línea de pobreza monetaria.

Recuperación Económica y Estancamiento del Empleo

Una de las principales características del proceso de recuperación económica es que desde el último trimestre de 2020 Chile logró recuperar y mantener los niveles de producción pre-pandémicos. Sin embargo, este no ha sido el caso del empleo y la fuerza de trabajo, los cuales se han mantenido por debajo de sus niveles previos a la pandemia. De hecho, existió una recuperación de los indicadores laborales durante el tercer y cuarto trimestre de 2020; pero desde entonces los niveles de empleo se han estancado.

En primera instancia, un estancamiento de la fuerza de trabajo puede conducir a reducciones en las tasas de desocupación, si es que existe un estímulo en la demanda de trabajo por parte de las empresas y se relajan las restricciones de movilidad para los trabajadores por cuenta propia. La pérdida masiva de empleos durante la pandemia no se vio reflejada en incrementos en las tasas de desempleo; de hecho, está se elevó a un 11% de la fuerza de trabajo durante 2020.

Una de las características distintivas de esta crisis es que la pérdida de empleos se vio reflejada en la salida masiva de personas de la fuerza de trabajo, reduciendo las tasas de participación laboral y volviendo más complejo el regreso de las personas al mercado del trabajo. Si bien ha existido una recuperación tanto del empleo como de la fuerza de trabajo esta se ha estancado durante 2021.

La caída en los ingresos laborales y los consecuentes incrementos en los niveles de pobreza y desigualdad durante 2020 han tenido repercusiones en la composición del gasto total de la economía alterando tanto la composición de la demanda agregada como de la producción total de la economía. Estas variaciones en el gasto y la producción explican, en parte, la brecha entre la recuperación del PIB y el empleo durante 2021.

Como se ha destacado anteriormente, una de las características principales de esta crisis es que la destrucción masiva de empleos se tradujo en una fuerte contracción de la fuerza de trabajo. Si en el primer trimestre de 2020 las personas inactivas fueron 5,9 millones, en el siguiente trimestre de 2020 este número se elevó a 7,5 millones de personas.

Al observar la composición de la inactividad en Chile podemos destacar que la pandemia «desalentó» a setenta mil personas de participar en el mercado laboral. Aún existen veinte mil desalentados para volver a los niveles pre pandémicos; y esto tampoco representa un buen referente, ya que contar con más de cien mil personas que están desalentadas por participar en el mercado del trabajo refleja, en parte, la precariedad de las condiciones laborales.

Si nos ceñimos a las razones de inactividad en las encuestas de empleo, el argumento de que no se han recuperado los niveles de empleo porque las personas prefieren el ocio y disfrutar de los beneficios del gobierno y otros, no tiene sustento. De hecho, la cantidad de personas que no tienen deseos de trabajar se ha reducido desde 320 mil en promedio durante 2018-2019 a 250 mil personas durante el inicio de la pandemia.

Dentro de las categorías más relevantes al momento de explicar la inactividad laboral está el fuerte incremento en 300 mil personas inactivas extras por razones familiares permanentes. Este grupo tiene la particularidad de ser, casi en su totalidad, mujeres.

La crisis económica-sanitaria incrementó la inactividad de mujeres por razones familiares de 1,3 millones a 1,6 millones.

El Desempleo de Larga Duración

Las puertas del trabajo no están abiertas para todos en Chile. Así lo evidencian las últimas cifras: en el último año, el número de personas desempleadas aumentó 37.479 más, y casi todos -el 95,8%, es decir, 35.894- forman parte de un grupo atrapado en la cesantía prolongada.

La tasa de desocupación de larga duración creció un 69,1% en el trimestre de febrero a abril respecto al mismo periodo del año anterior, el mayor salto desde octubre de 2021. El desempleo escaló hasta el 8,8% en febrero-abril de este 2025 -el primer incremento tras 14 meses sin alzas-, mientras que la creación de nuevos puestos de trabajo fue de 20.011, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

En total, hay 147.768 personas en esta situación en el país sudamericano. Es un grupo minoritario si se compara con el total de desempleados: 907.718. Sin embargo, es especialmente vulnerable debido a las consecuencias de estar sin trabajo durante un tiempo tan largo.

Al descomponer los 35.894 desocupados de larga duración que se agregan durante este último año, 24.800 son personas con educación superior completa.

Impacto en la Salud

El empleo precario suele mirarse como un problema para la economía de las familias. Pero las autoras remarcan que se ha transformado también en un problema de salud pública. Según última Encuesta Nacional de Empleo, 9,2 millones de personas participan en el mercado del trabajo, lo que representa más del 70% de la población mayor de 15 años.

Desde los años 30 se vienen desarrollando estudios científicos que muestran que el desempleo afecta la salud de las personas, y en especial su salud mental. Más recientemente existe además evidencia del rol protector que cumple en seguro de desempleo frente a los efectos tóxicos de éste. A su vez, a partir de los 80 se ha acumulado la evidencia epidemiológica que muestra que también el empleo precario tiene efectos negativos sobre la salud.

En Chile, usando la ENETS 2010, observamos que las personas con empleos altamente precarios se declaran insatisfechos con sus trabajos en una frecuencia que más que duplica la de los trabajadores con empleos no precarios (2.2 veces más). Lo mismo ocurre con la presencia de síntomas depresivos (con una frecuencia de 2.4 veces más) y el reporte de mala o muy mala salud general (3 veces más).

Causas de la Precariedad Laboral

La precariedad laboral es un fenómeno global que no es nuevo, pero que re-emerge con fuerza como la otra cara de la moneda de la flexibilización progresiva de los mercados de trabajo. En Chile, dicha flexibilización se consolida institucionalmente en el Plan Laboral de 1982, contemporáneamente con profundas transformaciones a la seguridad social (pensiones y salud), vigentes con ajustes menores hasta hoy. En este modelo, los trabajadores son concebidos sólo como un factor más de la economía, y no como sujetos de derecho. Por tanto, deben ser nuevas políticas y nuevas leyes las que aseguren íntegramente la función social del empleo.

Posibles Soluciones

En este sentido, existen al menos tres caminos de política para atacar la epidemia de la precariedad hoy en Chile.

  1. El primero, sin dudas, es el aumento real de los salarios, que asegure la reproducción de la vida como función manifiesta del empleo. Esto implica ir más allá de lo planteado hasta ahora, puesto que no puede depender de subsidios estatales ni de la buena voluntad de un sector del empresariado.
  2. El segundo, refiere al fortalecimiento de la parte débil de la relación salarial, avanzando hacia la negociación colectiva ya sea por rama o territorio, y así anulando las brechas existentes entre trabajadores de alta y baja capacidad negociadora.
  3. Finalmente, un tercer camino es el fortalecimiento de la protección frente al desempleo. Urge mejorar la cobertura del actual seguro de cesantía, eliminando las excesivas barreras de acceso a esta prestación, especialmente las relativas a la continuidad laboral.

Otras Soluciones Propuestas

  • Promoción del trabajo autónomo: El trabajo autónomo puede ser una buena opción para aquellos que buscan más flexibilidad y autonomía en su trabajo.
  • Desarrollo de habilidades en tecnología: La tecnología está revolucionando muchos sectores y cambiando la forma en que las personas trabajan.
  • Flexibilización del mercado laboral: Las regulaciones rígidas y la falta de flexibilidad en el mercado laboral pueden impedir la creación de empleo.
  • Promoción del emprendimiento: El emprendimiento puede ser una forma efectiva de crear empleo y estimular el crecimiento económico.

El Compromiso Laboral

El compromiso laboral es la conexión emocional y el entusiasmo de los trabajadores por realizar las tareas del cargo así como el sentimiento de responsabilidad que sienten hacia la misión, visión y objetivos de la empresa. Es, a fin de cuentas, una actitud positiva hacia el trabajo, en la que miembros de la compañía se sienten comprometidos y motivados para contribuir al éxito del empleador yendo incluso más allá del alcance de su contrato laboral (Markos & Sridevi, 2010). Tener claro este significado también es importante al seleccionar candidatos, pues es esencial conocer qué tan bien se alinean sus valores y metas con los de la empresa.

Síntomas de la falta de compromiso con el trabajo

Los síntomas pueden reconocerse fácilmente. Entre ellos destacan:

  • Ritmo lento de trabajo.
  • Desinterés por la tarea.
  • Actitud distraída con largos períodos de inactividad.

Es importante tener en cuenta que estos signos pueden adoptar distintas formas según el individuo y su entorno. Por ejemplo, un empleado puede estar aparentemente comprometido, pero en realidad solo se está limitando a seguir las instrucciones sin energía ni entusiasmo.

Causas de la falta de compromiso

Existen una serie de causas que generan esta falta de compromiso. El problema es que, más temprano que tarde, terminarán afectando la experiencia del trabajador si no se les pone freno.

  • Liderazgo negativo.
  • Escasez de comunicación efectiva.
  • Falta de complejidad del trabajo.
  • Carencia de recursos o de capacitación.
  • Ausencia de reconocimiento y motivación.
  • El exceso de trabajo.
  • Burocracia.

¿Cómo mejorar el compromiso laboral?

Mejorar la disposición del talento interno no se trata solo de animarlos a hacer mejor su trabajo y ofrecerles beneficios y ventajas.

  • Consigue que los trabajadores se sientan parte de la organización.
  • Confía y delega.
  • Reconoce y recompensa el trabajo duro.
  • Trata de alinear los intereses de los miembros con las tareas.
  • Diseña el objetivo del trabajo y explícalo claramente.
  • Impulsa el trabajo en equipo.
  • Aplica encuestas y mide.

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