Este año se conmemoran aniversarios de dos eventos significativos: el centenario de la fundación de la Corporación Disney el 16 de octubre de 1923 y el 90º aniversario del nacimiento del Pato Donald (Donald Duck), el carismático personaje de Disney conocido por su voz distintiva y su característico traje de marinero. Donald, creado por Walt Disney y famoso por su personalidad temperamental, ha mantenido su relevancia a lo largo de las décadas gracias a su presencia en diversas plataformas y productos.
Según registros históricos, el personaje fue concebido cuando Clarence Nash, conocido actor de voces, sorprendió a Disney al interpretar la canción María tenía un corderito con una voz especial, desencadenando así la creación de este pato parlante. Walt declaró: “¡Ese es nuestro pato parlante!”.
En términos de su carrera, Donald ha sido presentado de múltiples maneras, destacando su rol como copresentador de los Premios Oscar en 1958, junto a figuras de renombre como Bob Hope y Jack Lemmon. Los personajes de Mickey Mouse y Donald estuvieron presentes en la inauguración oficial de Disneyland el 17 de julio de 1955, pero no en la forma en la que los conocemos hoy. “Para la ocasión, los trajes fueron tomados prestados del reconocido show de patinaje sobre hielo Ice Capades.
Otro aspecto interesante de Donald es su interacción familiar, particularmente con su hermana Della y sus sobrinos Hugo, Paco y Luis, quienes aparecieron por primera vez en el cortometraje Los sobrinos de Donald (la puedes ver en Disney Plus) de 1938. El legado del Pato Donald es tal que incluso fue inmortalizado en el Paseo de la Fama de Hollywood el 9 de agosto de 2004, siendo uno de los ocho personajes de Disney en obtener esta distinción.
Para conmemorar su cumpleaños, Disney+ agregará al catálogo dos cortometrajes clásicos, Quien ríe último y Loco por Daisy, ambos de 1950 y completamente restaurados.
La Llegada a Latinoamérica y la Política de Buena Vecindad
Walt Disney anunció su llegada a Latinoamérica con dos películas de animación: Saludos amigos, de 1942, y Los tres caballeros, de 1944. Sus estrenos -en Río de Janeiro y Ciudad de México, respectivamente- fueron hitos en la política de buena vecindad que duró una década, y que había comenzado en 1933, cuando Estados Unidos puso fin a su ocupación militar en Centroamérica. Con el auge del fascismo en la región como amenaza real (aunque exagerada), las dos películas de Disney y la misión diplomática que las acompañaba pretendían ser propaganda antinazi para el público sudamericano. Pero la retórica panamericana se marchitó y el sueño de un Plan Marshall latinoamericano se evaporó en la posguerra. La buena vecindad dio paso a la pesadilla de la Guerra Fría en Guatemala en 1954.
Uno de los muchos cortos animados que aparecen en Saludos amigos encuentra a Goofy (llamado Tribilín en español) vestido de gaucho, haciendo sus habituales tonterías por la Pampa argentina. La versión estrenada en Estados Unidos no menciona «vecinos» ni insinúa ningún tipo de alianza. La canción, al menos en sus versiones en español y portugués, hace un llamamiento explícito a las naciones latinoamericanas para que se alisten en el esfuerzo bélico estadounidense.
Ni Bolivia ni Perú parecían importantes para los esfuerzos bélicos de los Aliados, y las escenas ambientadas en torno al lago Titicaca lo dejan claro al, según el narrador, «evitar cualquier escenario urbano, prefiriendo centrarse en los aborígenes». Los animadores sustituyen los burros típicos de la región por las «orgullosas llamas», los verdaderos «aristócratas andinos». Cruzar el lago Titicaca resulta ser una «gran aventura», y solo los indígenas parecen estar capacitados para ello. Al iniciar la travesía, los mismos indígenas «se dejan fotografiar libremente, quizá porque todavía no saben lo que es una cámara». Ignorantes de la tecnología moderna, dominan, sin embargo, el lenguaje de los animales y piden a las llamas que les ayuden a cruzar.
Donald, el turista, no puede adaptarse a ese atraso y vuelve a presumir de sus avances tecnológicos. El narrador hace hincapié en las adaptaciones de los lugareños durante todo el trayecto, pero, para el turista, solo puede ofrecer palabras de ánimo: «Mantén la cordura, la calma y trata de relajarte».
Antes la mirada del turista estadounidense se fijaba en el exotismo andino, pero ahora esos «ojos imperiales» se han vuelto mercantilistas. Se centran en las carnes a la parrilla y los vinos finos de Argentina, sellando el estatus de la nación como exportador de alimentos en la división internacional del trabajo. Como en la anterior escena de acción real, los intereses económicos y culturales norteamericanos convergen en torno a la carne argentina, «la más deliciosa del mundo». El narrador explica que sirve de base a una «dieta rica en vitaminas y saludable» que otorga a sus consumidores un físico robusto.
El avión llega a Río de Janeiro, hogar de los cariocas y del carnaval, ciudad que «supera todas las expectativas en cuanto a su pura belleza». Aunque el loro lleva los signos externos de un Gran Senhor -un sombrero de Panamá, un paraguas que hace las veces de bastón y un puro- no presume de la riqueza de la región. Anticipándose a Los tres caballeros, de 1944, Carioca y Donald se conocen e intercambian tarjetas de visita. Donald acepta la amable oferta de su nuevo amigo de ver los lugares de interés, y terminan su recorrido en un bar que ofrece cachaça, la bebida alcohólica local preferida.
Los tres caballeros comienza cuando Donald recibe regalos de cumpleaños «de [sus] amigos sudamericanos». El primer regalo, una película que destaca las aves nativas de Sudamérica, invierte brevemente el flujo de poder del norte al sur. Carioca lleva a Donald a Brasil, donde observan toda la rara avis que ofrece la selva. A medida que los dos amigos deambulan, se deslizan casi imperceptiblemente hacia la Pampa. Mientras que Disney dedicó un corto enteramente a Argentina en Saludos amigos, aquí la nación amiga del Eje recibe un tratamiento más superficial.
Con reminiscencias de la secuencia andina de la película anterior, Donald y José se centran en la cultura indígena: un grupo de gauchos juega al sapo y recita frases típicas del lenguaje gauchesco. Cuando observan a un joven domando a un burro, el animal se parece sospechosamente al burro de Pinocho (1940).
Mientras Panchito se pone a cantar, observa: «Nadie es como nosotros» -es decir, los aliados en las Américas- y añade «donde uno lidera, los demás lo seguirán». La escena estalla entonces en un tiroteo que debió parecer de rigor en la tierra donde otro Pancho, Pancho Villa, también había logrado atraer las simpatías de algunos estadounidenses. Con una vista aérea de la Ciudad de México a sus espaldas, continúan hacia Chihuahua, donde encuentran pocos rastros de la violencia revolucionaria que puso al estado bajo el control de Pancho Villa. Cuando llegan a Veracruz, no hay señales de que Woodrow Wilson haya ordenado recientemente una ocupación estadounidense.
La presencia estadounidense, que ha aparecido tácitamente a lo largo de la película, se anuncia con luces de colores al terminar. Los tres amigos miran al cielo, donde aparece «The End» en letras rojas, blancas y azules. Más tarde, esas letras dirán «OAS».
"Para Leer al Pato Donald": Una Crítica al "Imperialismo Cultural"
El clásico ensayo de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, Para leer al Pato Donald, hizo que el «imperialismo cultural» se convirtiera en una palabra familiar con su mirada a la función ideológica del entretenimiento de Disney. El libro, un fascinante documento del gobierno de la Unidad Popular de Allende, se centra en la oleada de historietas de Disney que inundaron América Latina en el periodo de la Guerra Fría. En uno de los casos, Donald viaja a la región andina ficticia llamada Altiplano del Abandono con la esperanza de encontrar una «cabra de oro».
En 1973, mientras la Corporación Disney celebraba su cincuentenario, Ariel Dorfman se encontraba refugiado en la embajada argentina en Santiago, después del golpe militar en Chile. El libro Para Leer al Pato Donald había surgido de la necesidad de contestar las historias dominantes de la época, principalmente las producidas en Estados Unidos y consumidas por millones. El objetivo era derrotar al adversario capitalista con ideas e imágenes propias, escudriñando las historietas del Pato Donald para comprender su éxito.
El libro se convirtió en un «manual de descolonización», revelando lo que la América imperial vendía al mundo como natural e inalterable. El estilo insolente y carnavalesco del libro resonó en la sociedad chilena, donde todo estaba siendo impugnado. La reacción fue explosiva, con agresiones en la prensa y amenazas directas contra Dorfman y su familia.
Entre las víctimas del golpe militar se encontraba Para Leer al Pato Donald, cuya quema por soldados fue presenciada por televisión. Fue una experiencia aleccionadora para Dorfman, quien se encontró refugiado en una embajada el mismo día en que la corporación que había creado esos cómics celebraba su 50 aniversario.
Carl Barks y Vicar: Los Creadores Detrás del Pato
Resulta que el Pato Donald, que nació como personaje de relleno y casi sin personalidad, se desarrolló en historias mucho más interesantes que cualquier otro personaje de Disney. De hecho vivía en una ciudad ad-hoc llamada "patolandia" que tenía la curiosa particularidad que todos sus habitantes tenían cara de perros, excepto Donald y su familia. El árbol genealógico de Donald es extenso y muy complicado, vienen de Escocia por parte de los McPato y de los Coot que no se sabe de donde llegaron. Donald no solo tiene personalidad por lo que habla sino que además tiene un lenguaje corporal muy especial, siempre camina con el ceño fruncido y el tronco echado hacia adelante, los puños apretados dispuesto a enfrentar su eterna mala suerte.
El genio que escribió todas esas historias fue Carl Barks, el mejor guionista que tuvo Disney y un hombre de su época, que refleja como era el mundo occidental en los años cincuenta, tiempos felices que no volverán.
En 1971, Víctor José Arriagada, más conocido como Vicar, recibió el encargo de realizar la historieta del Pato Donald para el mercado escandinavo. No era un desafío menor, ya que detrás del popular plumífero estaba la mano de Carl Barks, uno de los dibujantes más influyentes de la historia de Disney.
Arriagada es uno de los dibujantes de historietas más reconocidos del país. Comenzó en clásicos como Barrabases y afinó su pulso haciendo caricaturas políticas en las revistas El Pingüino y Topaze. De esta época son dos de sus más famosos personajes, el Huaso Ramón y El Paleta, una sátira a Jorge Alessandri. Luego, en 1960 se radicó en Barcelona y ahí le surgió la posibilidad de entrar al mundo de Disney.
"Fui el primero que fue contratado por la editorial (Gutemberghus) para hacer a Donald. Dijeron: hagamos cosas nuevas, y eso es bastante difícil. En este trabajo uno siempre va progresando pero tratando de no traicionar el modelo", explica.
Reconoce que dibujar a Donald, Daisy, Tío Rico y a los tres sobrinos, Hugo, Paco y Luis, no es una tarea sencilla. "Es un personaje muy complicado. Si uno le cambia un poco el largo del pico, los ojitos, la cara de Donald cambia totalmente, cambia su expresión. Es un personaje muy complejo", cuenta.
Vicar es un auténtico suceso en los países nórdicos, donde se publican hasta 340.000 ejemplares semanales de las aventuras del plumífero y su familia. En sus palabras, su impacto es tal que los niños en Finlandia, por ejemplo, aprenden a leer con el Pato Donald. Y por ello, cuando hace un viaje por esos países, se le trata como ídolo.
Legado y Reflexiones Finales
Según el dicho, el éxito llama al éxito, pero en el caso del personaje de Disney sucede justo lo contrario: la franqueza con la que el Pato Donald revela sus debilidades se gana nuestros corazones para siempre.
En la historia de los cómics, el Pato Donald es la figura con más presencia en publicaciones impresas fuera del género de superhéroes. También ha aparecido en la pantalla con más frecuencia que cualquier otro personaje. Desde la década de 1950, Patolandia se ha expandido hasta convertirse en una auténtica aldea global, donde una nueva generación de artistas internacionales se ha sumado a los estadounidenses.
Como dijo una vez Carl Barks sobre Donald: “Él es todo, él es todos; comete los mismos errores que todos cometemos”.
La historia del Pato Donald es una rica mezcla de éxito, crítica cultural y talento artístico. Desde su nacimiento en la década de 1930 hasta su perdurable popularidad en el siglo XXI, Donald ha capturado la imaginación de audiencias de todo el mundo. Su legado sigue vivo, tanto en el entretenimiento como en el análisis crítico de la cultura popular.
| Año | Evento |
|---|---|
| 1934 | Debut del Pato Donald en el cortometraje The Wise Little Hen. |
| 1942 | Estreno de Saludos amigos, la primera película de Disney en Latinoamérica. |
| 1944 | Estreno de Los tres caballeros, continuando la política de buena vecindad. |
| 1958 | Copresentación de los Premios Oscar. |
| 2004 | Inmortalización en el Paseo de la Fama de Hollywood. |
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