La implementación de la Jornada Escolar Completa (JEC) en Chile, introducida en los años 90, buscaba transformar el sistema educativo al extender la jornada de clases. Fue una de las medidas más importantes de los primeros gobiernos de la Concertación en materia educativa y planteaba entre sus objetivos mejorar la calidad de la enseñanza - aprendizaje a través de la ampliación de los horarios de clases y el mejoramiento de la infraestructura, entre otros puntos.
La jornada escolar completa fue implementada en Chile en el año 1997 en el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle y tenía como objetivo mantener a los estudiantes en los colegios y sobre todo cuidar a los más vulnerables dado que en muchos hogares, los niños y adolescente, no tenían el cuidado necesario. Además, es un aliciente para sacar a los jóvenes de sectores vulnerables de la delincuencia y las drogas, por lo que se perseguía fomentar todas sus capacidades, habilidades y destrezas con talleres lúdicos, deportes, cultura, principalmente actividades recreativas.
La Ley 19.532 creó la JEC y con ello cambió el régimen horario de los estudiantes chilenos que pasaron a una jornada extendida en la cual deberían desarrollar actividades complementarias -como talleres deportivos y artísticos- en miras a una formación integral.
Así, la JEC se planteó entendiendo que no todos los niños y niñas tienen las mismas oportunidades al entrar al sistema educativo, ya que sus objetivos apuntan a generar equidad frente a los distintos entornos en los que crecen y se desarrollan niños y niñas. Esta medida fue concebida como una respuesta a la necesidad de una educación más integral y de calidad que ofreciera oportunidades equitativas para todos los estudiantes del país.
Durante las últimas dos décadas, el Estado de Chile, bajo la justificación de realizar cambios en cuanto a la calidad y equidad en la educación, ha aumentado sostenidamente el gasto público en este ámbito y ha realizado cambios en las condiciones materiales, temporales y curriculares del sistema educativo. Agregado a lo anterior, con el fin de incorporar a quienes quedaban aislados del sistema, se crea la ley SEP (Subvención Escolar Preferencial), buscando focalizar el trabajo a estudiantes preferenciales. Ésta última fue uno de los mayores cambios propuestos por la reforma, se implementó en 1997 con el objetivo de alcanzar a todos los colegios municipales y particulares- subvencionados, en el plazo inicial de 6 años -plazo que más adelante sería extendido.
De manera sintetizada, la jornada escolar completa contempla agregar “232 horas cronológicas por año de 3º a 6º básico, 145 en 7º y 8º, 261 en 1º y 2º medio y 174 en los últimos dos años de enseñanza media. Quienes cursen toda su etapa escolar con jornada extendida tendrían el equivalente a dos años más de clases al egresar de 4º medio” (García-Huidrobro; Concha, p.3, 2009). El objetivo de esta política fue ampliar los aprendizajes, bajo la «lógica» que a mayor tiempo de estancia en el establecimiento mayores son los aprendizajes.
Desafíos y Críticas a la JEC
A 20 años del comienzo de esta medida, que gradualmente fue implementándose en los establecimientos del país, expertos en educación de la U entregan sus visiones. Pero la crítica va más allá. Como comentó Rodrigo Cornejo, director del OPECH, “lamentablemente la extensión de la jornada se da en un contexto de mercado”, dado que “estamos en un contexto único en el mundo, de mercado de competencias y de estandarización educativa.
Asimismo se puede observar que la JEC no considera las diferencias contextuales que existen entre las distintas escuelas y colegios, es decir, actúa de manera generalizada sobre el sistema educacional, sin entender que cada uno de los tipos de establecimientos (municipal, particular-subvencionado), y luego cada uno de las organizaciones (los distintos establecimientos), poseen características específicas que los diferencian a unos de los otros. De esta manera, la JEC contempla aspectos generales, que en muchos casos no son aplicables a las realidades que cada organización experimenta.
Al pensar la JEC, se entendió también al sistema educacional como un todo, donde su funcionamiento vendría siendo igual para todos sus componentes. Pero no se puede aplicar una misma política generalizada para los establecimientos educacionales, y tal como se señalaba con anterioridad, si no todos poseen las mismas características.
De esta manera, la implementación de la JEC ha sufrido diversas críticas, entre las cuales se destaca, los contenidos curriculares y sus limitaciones de recursos humanos y materiales (García- Huidobro; Concha, p. 6, 2009). Los alumnos y alumnas evalúan mal los contenidos curriculares y los talleres, que se realizarían en las horas agregadas a la jornada habitual de escolaridad, los profesores observan una carencia en la falta de capacitación e incentivos económicos, mientras que las y los apoderados aluden a problemas de infraestructura y dificultad para que las niñas y niños reciban almuerzo.
En la actualidad, las actividades extracurriculares pasaron en la mayoría de los casos a horas de clases de preparación de pruebas SIMCE, PAES. Algunos estarán de acuerdo con más horas lectivas, porque así los estudiantes aprenderán más y adquirirán mayor conocimiento, pero en la realidad se ha visto que esto está lejos de suceder, o sucede todo lo contrario, ya que la capacidad de concentración no es la misma desde las primeras horas de iniciar la jornada escolar que después de la hora de almuerzo. Esto queda claro en los resultados cada vez más bajos en las principales pruebas y sobretodo en colegios públicos donde la calidad de la educación cada día está al debe sobre todo en colegios emblemáticos, en todo el país.
Problemas de convivencia y violencia escolar: A medida que se ha extendido la jornada, la convivencia escolar se ha convertido en un reto. Desgaste y desmotivación de los docentes: La carga laboral para los profesores ha aumentado sin que siempre cuenten con el apoyo o la capacitación necesaria.
La discusión sobre el equilibrio entre la vida educativa de nuestros hijos y vida familiar es crucial, porque antes que nada los alumnos son personas y durante su vida tiene diversos intereses y la educación es poder darle esas herramientas para motivarlos a desarrollar sus capacidades y habilidades. La pregunta sobre por qué los alumnos deben afrontar una jornada escolar de 42 horas es muy válida, más cuando se aprueba una Ley de 40 Horas para los trabajadores lo que significa un avance importante en términos de bienestar y equilibrio de la vida laboral y familiar.
Finalmente, parece pertinente discutir en torno a la inclusión en la educación. En Chile existen grandes diferencias socioeconómicas entre los diferentes grupos de personas, y estas diferencias se traspasan a los colegios y a la vez a los mismos niños, niñas y adolescentes, de esta manera se puede observar que en un mismo establecimiento educacional, pueden haber dos tipos de niñas y niños incluidos, aquellos que son “educables” y aquellos “no educables” (Madero, p.138, 2011) dependiendo de los resultados académicos que obtienen. Esto no es consecuente con la calidad y equidad que, supuestamente, buscan lograr las políticas inclusivas, y atenta directamente contra los Derechos Universales de Niñas, Niños y Adolescentes, convención que es enfática al señalar que toda persona tiene derecho a educarse.
Entonces, luego de 20 años desde la implementación de jornada escolar completa, queda en evidencia que el Estado chileno y el sistema educacional, no hacen más que reproducir el orden social (estratificado), generando una elevada diferenciación al interior de este sistema y se está lejos de alcanzar la igualdad de oportunidades.
A tres décadas de su implementación, la Jornada Escolar Completa en Chile enfrenta desafíos importantes que requieren una revisión profunda de sus objetivos y métodos. A pesar de estos problemas, los expertos coinciden en que es posible avanzar en el mejoramiento educativo, considerando además la dificultad de que cambie el tipo de jornada. De partida, advierte Cornejo, “lo que sí se podría pensar es avanzar hacia cómo -y para ello se requiere una comunidad educativa y expertos en ciencias de la educación- vamos dotando de mayor significatividad esas horas extras”.
Por ejemplo, se puede considerar la incorporación a la escuela de nuevos profesionales “que puedan trabajar aspectos alternativos a sus dinámicas actuales, para que ahí los profesores tengan tiempo para preparar las clases. También, para Cornejo otro elemento es reconocer la voz de las y los estudiantes. Este tema, comentó Serrano, está cruzado por las políticas educativas donde "los docentes que puedan generar prácticas que estén de acuerdo a las necesidades de sus estudiantes y no de requerimientos externos.
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