La más reciente ola de innovación tecnológica centrada en la automatización ha reavivado el debate -tanto a nivel académico y profesional como del público en general- acerca de los efectos que tendrá en el mundo del empleo y el trabajo humano. Este debate no es nuevo, ciertamente, sino que se origina con la revolución industrial y ha resurgido con cada ciclo de la aparición de nuevas tecnologías fundamentales, el vapor, la electricidad, la información.
En el lado pesimista del debate se encuentran los que pronostican una reducción neta de la demanda por trabajo, con el consiguiente desempleo y reducción en los salarios. En el otro lado, el optimista, están los que argumentan que los cambios tecnológicos siempre han resultado en un beneficio para el factor trabajo y que al menos en el largo plazo lo mismo ocurrirá esta vez (Lin & Weise, 2018).
Entre los elementos novedosos que se aprecian en la actualidad está la incorporación de las nuevas tecnologías en tareas que antes requerían niveles cognitivos mayores y que son poco repetitivas, por lo que se suponían del ámbito exclusivo de personas, incluso con formación técnica o profesional. A esto se suma el que el mejoramiento que experimentan estas tecnologías ha sido extraordinariamente acelerado y persistente, en gran medida gracias a lo que se denomina la Revolución Digital (Brynjolfsson & McAfee, 2012).
Causas de la Automatización
Los procesos de automatización se han abordado desde diversos enfoques teniendo en consideración los efectos que estos generan, más que sus causas. Una referencia importante para el desarrollo de este estudio ha sido el trabajo de Lin & Weise (2018). El desarrollo de su investigación postula un modelo de análisis de tres factores, donde se separa del capital “tradicional”, que es complementario al trabajo humano, del capital “robótico”, que se define como un sustituto neto. Siendo el capital un substituto neto del trabajo, su acumulación reduce el aporte neto del trabajo a la producción y puede también resultar en una reducción neta de los salarios.
Pero este modelo además de tomar en cuenta este efecto, incorpora además dos canales en los que esa tendencia se contrarresta de manera indirecta. El primero es que la introducción de nueva maquinaria al proceso productivo aumenta el producto marginal de tipos complementarios de capital físico, lo que induce a incorporar inversión en capital tradicional, que es complementario al trabajo humano, el que en consecuencia tiende a aumentar la participación laboral. Segundo, en el modelo los robots utilizan la misma función de producción que el capital y los bienes de consumo.
La complementariedad y sustitución de factores que consecuentemente producen un efecto de desplazamiento y de producción ha sido ampliamente estudiado por Acemoglu y Restrepo. Específicamente, el trabajo de Acemoglu & Restrepo (2018a) emplea un modelo de análisis que enfatiza el efecto de desplazamiento desde el trabajo humano al automatizado, lo que reduce la demanda por trabajo y los salarios, pero tiene como contrapartida un efecto de productividad, resultante del ahorro de costo por automatización, el que incrementa la demanda por trabajo en tareas no automatizadas.
El efecto de productividad es complementado por una acumulación adicional de capital y la profundización de la automatización por medio de la mejora en la maquinaria existente, resultando en un mayor incremento de la demanda por trabajo. El enfoque usual parte por establecer funciones de producción que consideran el capital y el trabajo como las variables fundamentales. En este caso los autores optan por una aproximación diferente, donde la unidad productiva básica es la “tarea” y cada tarea requiere ya sea solamente trabajo o bien trabajo y capital. Las variables trabajo y capital presentan, además, ventajas comparativas para la ejecución de las tareas, por lo que la productividad del trabajo es variable según las diferentes tareas.
A partir de este enfoque, se conceptualiza la automatización como la ampliación del conjunto de tareas que se ejecutan con una componente de capital. Dentro de un marco de análisis en que el proceso productivo se descompone en tareas, Acemoglu & Restrepo (2018b) muestran cómo se puede observar empíricamente el rol que desempeñan los cambios en el contenido de tareas de un proceso, debido a la automatización.
Un proceso de producción conlleva varias tareas que pueden ser realizadas tanto por trabajo humano como por una máquina o un software, es decir, por capital. La automatización permite que aquellas labores realizadas por humanos ahora sean efectuadas por medio de capital, reduciendo la demanda por trabajo. Con los años, este efecto es contrabalanceado a raíz de la aparición de nuevas tareas que surgen como necesarias, como el caso de personal especializado para mantención de los robots. De esta manera los procesos de automatización y avances en las industrias han dado paso a la creación de nuevas ocupaciones y al incremento de la demanda por trabajo humano.
Un claro ejemplo lo podemos ver en la era digital que irrumpió a finales del siglo XX, la que ha impulsado la creación de nuevos trabajos, como creadores de sitios y aplicaciones web, programadores (y hackers), controladores de seguridad de redes, analistas de redes sociales, optimización web y marketing digital, todos ellos especializándose en una amplia gama de tareas que antes eran inexistentes. Acemoglu & Restrepo (2018b) lo denominan “efecto de reincorporación”, es decir, se reincorpora el factor trabajo a un rango de tareas más amplio, cambiando el contenido de tareas de producción a favor del empleo y con esto aumentando la participación del trabajo y la demanda laboral.
Una metodología conveniente ha sido la creación de medidores o índices que permitan conocer el grado de automatización por industria. Este ha sido el trabajo de Acemoglu & Restrepo (2017). La ecuación de exposición a robots está compuesto por una participación del empleo base multiplicado por un índice ajustado de penetración a robots (APR) para una industria determinada i. Esto hace que la medida de exposición a robots sea parecido a un instrumento Bartik. Este instrumento se utiliza originalmente para medir la tasa de crecimiento del empleo local, interactuando la participación del empleo a nivel de industria local con las tasas de crecimiento del empleo a nivel de industria nacional.
La data utilizada por Acemoglu y Restrepo pertenece a la International Federation of Robotics (IFR) para 50 países desde 1993 a 2014, el que incluye stock de robots por industria, país y año.
Un marco de referencia alternativo, también elaborado por Acemoglu y Restrepo (2018d), consiste en diferenciar la automatización según el nivel de calificación laboral que requieren las tareas a las que sustituyen. El objetivo en este caso es plantear un modelo que permita estudiar diferenciadamente el efecto en el mercado laboral de los dos tipos de tecnología de automatización, extendiendo los modelos tradicionales de sustitución y estableciendo un esquema amplio de ventajas comparativas de productividad para tareas que puedan realizarse ventajosamente sea con trabajo o sea con capital (automatización) y que incluyen actividades que requieren un alto nivel de calificación.
El modelo muestra que ambos tipos de automatización crean los dos tipos de impactos: el efecto de desplazamiento y el efecto de productividad. El efecto desplazamiento reasigna tareas desde el trabajo al capital, con la consiguiente reducción en la demanda y los salarios mientras el efecto de productividad tiende a incrementar la demanda y la renta de ambos factores. El efecto neto producido depende de cuál es el efecto dominante, el que en el largo plazo resulta ser el efecto productividad.
Una investigación específica en el ámbito de las tareas que requieren calificación elevada fue elaborada por Frey & Osborne (2017), quienes investigan qué tan susceptibles son los trabajos a la computarización.
Consecuencias de la Automatización
Ya en el pasado y sobre todo en los países hoy desarrollados, la incorporación masiva de tecnología a los procesos productivos generó un desplazamiento del trabajo humano desde los sectores productivos -incluyendo la agricultura- al de los servicios. Asociado a esto, se evidencia que en algunos ámbitos los trabajos disponibles se han polarizado, concentrándose por un lado entre aquellos que subsisten por quedar bajo el nivel en que es eficiente invertir capital para automatizar (ocupaciones elementales) y por otro entre aquellos en que el nivel de especialización y cognitivo es suficientemente elevado para quedar fuera de las capacidades que ofrece el nivel actual que alcanzan estas tecnologías (Gallipoli & Makridis, 2018).
Ejemplo de los primeros son los repartidores a domicilio, los peones de construcción, los auxiliares de bodega y los reponedores de supermercado. Aunque igualmente el día de mañana es probable que la masificación de tecnología por efectos de escala los vaya haciendo desaparecer gradualmente, así como en su momento ocurrió con los ascensoristas, las telefonistas y las digitadoras.
En cuanto a los empleos de alta calificación y requerimiento cognitivo, son ejemplos la mayoría de las profesiones liberales, como ingenieros, médicos, abogados y arquitectos, todos estos crecientemente requieren complementarse con tecnología avanzada para desempeñarse adecuadamente, pero se considera que lo esencial de su calificación no está amenazada en el corto plazo.
Los efectos del proceso de cambio y desplazamiento del trabajo se experimentan de forma diferente no solamente según el nivel educativo o socioeconómico al que pertenecen los afectados, sino también varía según el género. Se observa que las mujeres, en promedio, ejecutan más tareas rutinarias y codificables que los hombres, en todos los sectores y ocupaciones, por lo que tienden a ser las primeras en ser desplazadas por la automatización.
La velocidad de substitución del trabajo humano por sistemas automatizados también se ve afectada por la demografía. Por una parte, se espera que para 2050 sobre un tercio de la población mundial supere los 50 años de edad, indicador que solamente cubría a 17,5% de la población mundial en 1950. Por otra, según los análisis publicados, esas personas de más de 50 años tienen grandes limitaciones al efectuar tareas complejas con participación de tecnología, siendo ampliamente superados por personas de menores rangos de edad. Esto es consistente con que estudios recientes (Acemoglu & Restrepo, 2018c) apunten a concluir que mientras más envejecida la población de un país, ocurra una mayor aceleración en la adopción de sistemas automatizados.
Hay consenso, por tanto, en que el trabajo humano, para bien o para mal, está experimentando una transformación profunda, que se acentuará en las próximas décadas y que tendrá un impacto equivalentemente importante en la estructura de todas las sociedades. Debido a su importancia, este fenómeno está siendo abordado desde diversos puntos de vista, el sociológico, el sicológico y el de los agentes productivos, preeminentemente, los que intentan dimensionarlo, pronosticar su evolución y poner remedio a los problemas que derivan de él.
La creciente ansiedad de los agentes económicos, los gobiernos y las personas en general ante las evidencias observables de cambios en el mercado laboral y la transformación del empleo asociada al desarrollo y difusión de nuevas tecnologías, ha llevado a la realización de estudios tendientes a pronosticar cuáles y en qué cantidad serán los puestos de trabajo y las profesiones que están en riego de ser desplazadas o transformadas.
Frey & Osbornme (2017) plantearon un modelo para estimar cuán susceptibles son las ocupaciones actuales a los avances tecnológicos ocurridos en los últimos años, asumiendo que como consecuencia de los avances en Inteligencia Artificial prácticamente cualquier tarea cuya ejecución pudiera especificarse como un procedimiento estructurado. Bajo este supuesto, concluyeron que 47% del empleo en Estados Unidos presentaba alto riesgo de ser automatizado.
En definitiva, la pérdida de puestos de trabajo puede bien ser un número intermedio entre ambos extremos de 9% y 45% que mencionan los estudios, pues las tareas automatizables de diversos puestos de trabajo tienden a organizarse como unidades coherentes, induciendo también a una reorganización de las tareas efectuadas por los humanos, que concentran funciones y actividades antes asignadas a varias personas Brynjolfsson et al. (2018).
Ciertamente, algunas personas serán desplazadas de su trabajo por la automatización, pero el crecimiento económico general inducido por ella les permitirá, eventualmente, encontrar otro. El efecto que va a producirse será similar al fenómeno de desplazamiento laboral que se observa, sobre todo en USA, desde la agricultura y la manufactura a otras fuentes de empleo generadas en industrias diferentes que en gran medida no habían sido previstas (Manyika, 2017).
En otros casos, lo que ocurrirá es que las personas se enfrentarán a una transformación sustancial de sus puestos de trabajo, siendo necesario que los empleadores efectúen una reingeniería de los procesos y una reorganización de las tareas.
Las perturbaciones al bienestar de las personas generadas por el proceso de transformación de los mercados laborales requieren enfrentarse mediante soluciones creativas y multivariadas, que ya se han ido poniendo en práctica paulatinamente en algunos países, a veces de manera tentativa y experimental. Estas soluciones incluyen, por un lado, el reestudio de los esquemas educativos, de entrenamiento y de capacitación de los actuales y futuros trabajadores (Bravo, García & Schlechter, 2018).
Por otro lado, en varios países del mundo desarrollado se está experimentando y evaluando los resultados de iniciativas para establecer un “Ingreso Universal Básico” que se combinan con el fortalecimiento y la consolidación de las redes de protección social, juntamente con el desarrollo de programas de incremento de la empleabilidad y de apoyo a la reconversión laboral.
El proceso de transformación del trabajo se enmarca en el desarrollo de la economía mundial, altamente globalizada, donde se aprecian múltiples polos de desarrollo, cada uno con su propia dinámica pero con un elevado nivel de interdependencia entre ellos.
El motor del proceso transformativo en la producción de bienes y servicios es la productividad y esta requiere influjos crecientes de capital, que solo existe en la abundancia necesaria en las economías que han generado un nivel suficiente de riqueza.
Los modelos de análisis existentes, por las razones anotadas, se han aplicado preferentemente a países ya desarrollados, donde la innovación tecnológica es permanente y acelerada.
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