La jubilación es un día histórico, que recogerán los anales de nuestra Patria y los del mundo entero. Gobernantes y representantes de las naciones amigas han venido a celebrar con nosotros.

Gracias por este recibimiento tan alegre, tan entusiasta, tan afectuoso. Yo bien sé que esa alegría, ese entusiasmo y ese afecto no son para un hombre, son para la Patria que se reencuentra en la libertad. Yo comprendo la responsabilidad que ustedes han puesto sobre mis hombros.

Para el Gobierno y el pueblo de Chile es motivo de profunda satisfacción recibir entre nosotros al Presidente del Parlamento Europeo, Sr. Llega Ud.

Al recibirlo en nuestra Patria, permítame expresar a Ud. Yo sé que hay compatriotas que anhelan una libertad de que están injustamente privados. Yo sé que hay compatriotas lejos de nuestras fronteras que quieren volver a la Patria y quieren aquí poder trabajar y reconstruir sus familias. Yo sé que hay mucho anhelo de cambio y de justicia.

Yo les digo: es nuestra voluntad crear caminos para, en el más breve plazo, darle libertad real a todos los chilenos. Yo les digo que es nuestra voluntad hacer todo lo humanamente posible porque la verdad resplandezca en la vida nacional, porque sólo la verdad no hace libres, porque sólo en la verdad se construye la confianza ciudadana que permite asegurar una vida tranquila y en paz. Allí donde no hay verdad, donde no se respeta la verdad, allí surge la desconfianza y el recelo, y de ello la sospecha y el odio, y de ello la violencia.

Una palabra especial para los trabajadores chilenos, que con su esfuerzo construyen diariamente a la Patria. Partamos en esta nueva jornada, con el corazón abierto a la comprensión, a la solidaridad.

Sobre todo, la actuación del centro de ex alumnos, siempre preocupada de que el Liceo estuviera presente en la ciudad, que organizaba las fiestas de la primavera, que eran no sólo explosión de alegría, sino que eran testimonio de perfeccionamiento cultural. El hecho que tan complejo proceso de transición se está encauzando en un clima de respeto mutuo, en orden y pacíficamente, puede enorgullecer a los universitarios chilenos y constituye un valioso aporte de Uds. La educación superior es, antes que todo, una parte importante del patrimonio cultural de la Nación. En conjunto, debemos cuidarla y desarrollarla.

Esperamos asimismo que las universidades, sin distorsionar su sentido y misión propiamente académicas, puedan progresivamente vincularse de una manera más estrecha con el sector productivo, combinando esfuerzos e inversiones con el apoyo del Estado y de la cooperación internacional. La Universidad de Chile tiene, en esta hora, una responsabilidad especial. Su misión, que ha sido siempre de carácter nacional y enraizada en la vocación democrática de Chile, habrá de renovarse ahora dentro de las nuevas condiciones que vive el país y bajo las exigencias de un mundo en rápido cambio. Su liderato intelectual y cultural no puede esperarse ya de las leyes ni basta para asegurarlo su rica tradición.

En todos estos campos, la experiencia europea de los cuatro últimos decenios nos proporciona valiosas enseñanzas. El Parlamento Europeo, que Ud. dignamente encabeza, es un símbolo del carácter democrático de este admirable proceso. Elegido libremente por sus pueblos, sus miembros representan y articulan los distintos intereses y concepciones que conviven en su seno, en el ánimo de encontrar fórmulas que satisfagan los comunes anhelos de bienestar y de progreso.

Eso determinó que los gobiernos democráticos no fueron generalmente gobiernos de la mayoría, sino que gobiernos de la minoría más numerosa. Yo no voy a opinar esta tarde sobre esa materia. Pero quiero pedirles a Uds.

Pero no es precisamente sobre el régimen político y su posible reforma sobre lo que yo quería reflexionar ante Uds. Es aquí donde entra en juego la virtud de la prudencia. El gobernante, el político, ha de tener coraje, valor, audacia, para luchar por aquello en que cree, por ser fiel a sus convicciones.

En el área de los cambios, señalé la necesidad de hacer un significativo esfuerzo social con el fin de lograr un desarrollo con equidad. Anuncié -aunque no fuera popular en plena campaña electoral- que para poder llevar a cabo dicho esfuerzo, especialmente en programas de salud, educación y vivienda, sería necesario aumentar los impuestos. Quiero ser muy franco. El año pasado me escucharon Uds. A. B.

Por eso el éxito de las economías modernas depende de su capacidad para adaptarse a los cambios e innovar. De allí que la función fundamental de los gobiernos sea crear un contexto que estimule la creatividad. La creatividad supone empresas capaces de integrar armónicamente en su interior a profesionales, técnicos y trabajadores. Es el propósito común el que permite elevar la productividad, diseñar procesos, productos nuevos y mejorar la calidad.

La innovación exige el desarrollo de una base empresarial extensa. Por otra parte, la creatividad depende también de la calidad de los recursos humanos. La ventaja comparativa esencial para tener éxito en el mundo moderno está en la calidad de la gente y su formación. La economía chilena de nuestros días es muy distinta a la de las décadas de los 50 o los 60.

Hemos sido responsables en el esfuerzo de justicia social y no hemos rehuido empeño ni generosidad para crear un ambiente de colaboración nacional. En este nuevo contexto, pienso que el empresariado debe asumir una mayor responsabilidad en el desarrollo social del país. No olvidemos que en una economía abierta la colaboración y la unidad interna son indispensables para triunfar. En una economía cerrada, la pérdida de eficiencia que significan los conflictos y tensiones puede ser absorbida con una alta protección del exterior. Pero en una economía abierta eso no es posible. Por lo tanto, adquiere mucho mayor fuerza la necesidad de la colaboración. No valen ya las disputas del pasado. Esta no es sólo la tarea de un gobierno; es la tarea de todos los chilenos.

El Informe precisa que la Comisión conoció otros 641 casos, que individualiza, respecto de los cuales no pudo formarse convicción y considera necesario que se continué investigando. La Comisión expresa que frente a estos hechos, “el Poder Judicial no reaccionó con la suficiente energía” (p.126), lo que produjo “en alguna importante o involuntaria medida, un agravamiento del proceso de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, tanto en lo inmediato, al no brindar la protección de las personas detenidas en los casos denunciados, como porque otorgó a los agentes represivos una creciente certeza de impunidad por sus acciones delictuales” (p.128).

En las 74 páginas siguientes (de la 1096 a la 1168) del Informe, la Comisión da cumplimiento al encargo que se le hizo en el decreto que la creó, de “recomendar las medidas de reparación y reivindicación que crea de justicia” y “las medidas legales y administrativas que a su juicio deban adoptarse para impedir o prevenir” nuevas violaciones a los derechos humanos. Luego de expresar que “la desaparición o la muerte de un ser querido son pérdidas irreparables”, por lo que “no es posible establecer correlación entre el dolor, la impotencia y las esperanzas de las víctimas con las medidas” que sugiere, el Informe señala que “la reparación moral y material parecen ser una tarea absolutamente necesaria para la transición hacia una democracia más plena entendiendo por reparación “un conjunto de actos que expresen el reconocimiento y la responsabilidad que le caben al Estado en los hechos y circunstancias que son materia” del Informe.

Este precisa que “la reparación ha de convocar a toda la sociedad chilena. Ha de ser un proceso orientado al reconocimiento de los hechos conforme a la verdad, a la dignificación moral de las víctimas y a la consecución de una mejor calidad de vida para las familias más directamente afectada. El proceso de reparación supone el coraje de enfrentar la verdad y la realización de justicia; requiere de generosidad para reconocer las faltas y de actitudes de perdón para llegar al reencuentro entre los chilenos” (p.1096).

En el plano de la reparación moral, propone “reivindicar públicamente el buen nombre de las víctimas” mediante actos que sugiere a modo ilustrativo. Propone, asimismo, establecer un procedimiento especial de declaración de muerte de personas detenidas desaparecidas.

Las recomendaciones relativas al bienestar social tienden “a reparar el daño moral y patrimonial que afecta a los familiares directos de las víctimas”, para lo cual propone, entre otras cosas, establecer por ley “una pensión única de reparación” y medidas destinadas a proporcionar a esos familiares una atención especializada en salud, formas de reparación en el plano educativo y con respecto a los problemas de vivienda, condonación de ciertas deudas y exención de la obligatoriedad del servicio militar a los hijos de las víctimas.

En este mismo orden de cosas, el Informe propone la creación de una Fundación de Derecho Público, autónoma, dirigida por un Consejo de más alto nivel y prestigio, que continúe las tareas de “tratar de determinar el paradero de las víctimas” de desaparecimiento, dictaminar acerca de los casos de posibles víctimas respecto de los cuales la Comisión no alcanzó al formarse convicción, centralizar y mantener los archivos y antecedentes sobre las violaciones a los derechos humanos, prestar asesoría legal y asistencia social a los familiares de las víctimas y las demás funciones que la ley le encomiende.

Frente al grave problema de “determinar el paradero de las víctimas” en los casos de “personas detenidas desaparecidas” y de “ejecutados sin entrega de los restos mortales a sus familiares”, propone “penalizar el ocultamiento de este tipo de información” y, al mismo tiempo, “garantizar reserva y eximir de responsabilidad por su eventual participación, a quienes proporcionen estos antecedentes” (p.1161).

Luego de señalar que “no existió en Chile, en la época en que estas violaciones se cometieron, una conciencia nacional suficientemente firme respecto del deber imperioso de respetar los derechos humanos”, el Informe formula numerosas sugerencias para mejorar la legislación nacional en la materia, perfeccionar el Poder Judicial a fin de que cumpla efectivamente su rol de garante de los derechos esenciales de las personas, lograr en las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad la plena conciencia sobre el valor de los derechos humanos y el consiguiente compromiso de respetarlos en el ejercicio de sus funciones, crear una institución cuya misión sea de protección de los derechos humanos y tratar de consolidar, a partir del sistema educacional y en todos los ámbitos de la vida social, una cultura verdaderamente respetuosa de los derechos humanos.

Finalmente, en un segundo volumen de 635 páginas, el Informe contiene una breve reseña biográfica, por orden alfabético, de cada una de las 2279 personas respecto de las cuales se formó la convicción de que murieron o desaparecieron como víctimas de violación de sus derechos humanos o como víctimas de la violencia política, entre ellos 132 miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad. Hasta aquí el resumen del Informe. Ojalá lo lean y mediten. Os invito a hacerlo.

Permítanme ahora compartir con ustedes algunas reflexiones que golpean mi conciencia de ser humano, de chileno y de Presidente de la República a raíz de la lectura del Informe y de los intercambios de opiniones que ha tenido a su respecto con personas representativas de diversos sectores de nuestra Patria. Muchos compatriotas piensan que es tiempo de poner “punto final” a este asunto. Por el bien de Chile, debemos mirar hacia el futuro que nos une más que al pasado que nos separa. Es mucho lo que tenemos que hacer para construir una sociedad verdaderamente democrática, impulsar el desarrollo y alcanzar la justicia social, para que desgastemos nuestros esfuerzos en escudriñar heridas que son irremediables. Y nos recuerdan las palabras de S.S.

Por eso, también, pido solemnemente a las Fuerzas Armadas y de Orden, y a todos los que hayan tenido participación en lo excesos cometidos, que hagan gestos de reconocimiento del dolor causado y colaboren para aminorarlo. El pueblo de Chile siempre ha querido y admirado a sus Instituciones Armadas y de Orden. Ellas se identifican con las glorias de la Patria, con el espíritu varonil de los chilenos y con abnegadas acciones en la vida cotidiana o frente a graves emergencias. El anhelo de reconciliación, en un Chile verdaderamente unido, exige remover los obstáculos que aún perjudican esos sentimientos. Todos debemos contribuir a ello.

Sabemos que, por las limitaciones propias de la condición humana, la justicia perfecta es generalmente un bien inalcanzable en este mundo. Lo cual no obsta a que todos anhelemos siempre la mayor justicia que sea posible. La justicia no es venganza; por el contrario, la excluye. No se sanciona ni repara un delito, cometiendo otro análogo. Nadie tiene derecho a causar un daño al prójimo, ni menos a atentar contra la vida ajena, a pretexto de justicia. Quien lo hace se convierte también en delincuente contra los derechos humanos y merece la mayor condenación social. Admitir la vindicta privada es sustituir el derecho por la violencia, en que la ley de la fuerza prevalece sobre la razón y la justicia.

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