La obra de Alberto Hurtado no se limitó a la creación de instituciones de beneficencia social como el Hogar de Cristo, sino que también, abogó activamente por una mayor participación de los obreros en la vida política y económica de la nación. Junto con denunciar las malas condiciones laborales y la vulneración que significaba el trabajo infantil, fue un promotor y defensor del derecho a la sindicalización de obreros/as y campesinos/as. El sacerdote jesuita fue un crítico del orden social chileno. Escribió sobre trabajo infantil y explotación de género cuando pocos/as se ocupaban de ello. La creación de la ASICH fue un reflejo del intento por cambiar las desigualdades sociales y brindarles, tanto a quienes trabajan en espacios urbanos como rurales, mayores niveles de seguridad social.
La Visión de Alberto Hurtado sobre el Sindicalismo
Al respecto, vamos a recorrer el análisis y teoría que nos entrega Alberto Hurtado respecto a los fines del sindicato, los medios que debe usar, la forma en que se debe relacionar con otras comunidades y el porvenir del sindicalismo según el santo chileno. Su finalidad primera, la que la caracteriza en el orden económico actual, es la de estudiar, promover y defender los intereses comunes de sus asociados, particularmente en lo que concierne al contrato de trabajo y las condiciones de la faena.
Ahora bien, la Doctrina Social de la Iglesia, entiende que el trabajo no solo es una forma justa y debida de obtención de lo necesario para la subsistencia. Así, el Magisterio, señala que se requiere un ordenamiento jurídico que garantice el ejercicio del trabajo y las debidas garantías a la clase trabajadora; guiando el desarrollo económico al progreso social y al verdadero beneficio de todas las personas [6].
Según Alberto Hurtado, debemos comprender sindicato como una asociación estable de trabajadores unidos vocacionalmente en servicio de la defensa de sus derechos; fomentando su capacitación, ahorro y propiedad individual, como también, la edificación de una nueva sociedad que sea acorde a la justicia y reemplace las actuales estructuras fundadas en la economía liberal, fuente de los males como la lucha de clases.
“Mas cierto sería decir que la sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos: sin trabajo no habría riqueza ni sociedad.
Tipos de Sindicalismo según Alberto Hurtado
Respecto al sindicalismo revolucionario, este es una perspectiva que siguen los marxistas ortodoxos o los pesimistas como Jorge Sorel, Edouard Berth o Hubert Lagardelle, el cual plantea una oposición irrestricta (intransigente dice el santo chileno) ante el capital, el Estado y la nación; planteando que la lucha inmediata por mejoras de las condiciones de trabajo, la legislación social o los medios pacíficos de lucha sindical son solo un atraso de la revolución violenta. Es del exceso de la miseria, según estos, donde surge el cambio [9].
Esta forma de entender el sindicalismo, según Alberto Hurtado, es una visión intransigente e indiferente a los problemas de la miseria de la clase obrera; la cual está más preocupada de los intereses de grupos de intelectuales o partidos, como también, es capaz de sacrificar al mismo pueblo trabajador por el objeto final de su lucha.
En cambio, el sindicalismo reformista reniega de la posibilidad de una nueva sociedad y se entrampa en un formalismo legalista mal entendido, como también, no es capaz de superar la lucha coyuntural mínima, ignorando su función en servicio de la persona y sus necesidades más profundas.
Otra forma del movimiento sindical, y la que causa un mayor rechazo al sacerdote chileno, es el sindicalismo oportunista que usa el lenguaje del sindicalismo revolucionario, particularmente el marxista, pero se adapta a los intereses del Estado como ocurría en la Unión Soviética o los fascismos, como también, en algunas democracias occidentales como la República de Weimar (Alemania antes del auge del nazismo).
Este sindicalismo es insensible a las necesidades reales de los trabajadores y por puestos políticos o beneficios para la capa dirigente del sindicato las sacrifica, sirviendo como un agente de estabilización y silencio, desamparando a la clase trabajadora.
Finalmente, en “Sindicalismo: Historia, Teoría y Práctica”, Alberto Hurtado, señala la existencia de una cuarta posición sindical, el sindicalismo realista, el cual es seguido por diversos movimientos sindicales y personas, entre ellos, el mismo sacerdote jesuita y quienes se inspiran en la doctrina católica.
Dicho sindicalismo lucha por un nuevo orden centrado en la grandeza de la dignidad de la persona, preparando el advenimiento de las nuevas estructuras sociales fundadas en la verdad y la justicia.
Actualmente, el concepto realista se asocia más al oportunismo que describe Hurtado, particularmente por la escuela de pensamiento “realista política” que sigue autores como Hobbes, Maquiavelo o más contemporáneos como Carl Schmitt [15].
Nada más alejado al realismo de san Alberto Hurtado; pues él se refiere a un realismo en el sentido tomista del concepto, según la realidad metafísica de las cosas.
El sindicato existe al servicio del hombre pues su suprema aspiración es conseguir y asegurar el respeto de la persona y su pleno desarrollo espiritual, intelectual, físico y económico; el perfeccionamiento del hombre en sí mismo y en su vida familiar y social.
Para cumplir aquella aspiración, el sindicato debe funcionar plenamente según la máxima de la democracia: ser el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Debe asegurar la plena participación de todos sus asociados, la libertad de su opinión e iniciativa, como también, el desarrollo de todos sus miembros dentro de las labores del sindicato [20].
Asimismo, el sindicato no debe promover la lucha de clases, sino que, debe solucionar el mal social que la provoca: la acumulación de riquezas en favor de unos pocos y el abuso de estos sobre amplias capas de trabajadores asalariados que viven en terribles condiciones de existencia. Lo cual debe ser entendido integralmente [28]; la Fundación Alberto Hurtado señala que: “la miseria del pueblo es de cuerpo y alma a la vez.
El primer gran desafío que afrontará la organización de la clase trabajadora es el cambio estructural de la economía, el sindicato deberá adaptarse a las nuevas modalidades de la economía moderna; las nuevas formas de relaciones laborales y la complejización del reparto de la renta nacional [33].
Asimismo, el segundo desafío que se enfrentará el sindicalismo, según Alberto Hurtado, es la sobrevivencia de la democracia y la legitimidad de las instituciones políticas. El sacerdote jesuita se preguntó “¿la democracia política será capaz de realizar la democracia económica?”; pues de no hay democracia integral sin una ordenación de la economía a la verdad y la justicia, de caso contrario, la democracia se degenera en un ejercicio nominal y se arriesga a caer en el caos social y al declive de esta.
La fuente de los males sociales del modelo liberal arriesga la convivencia pacífica, la dignidad de la persona y la estabilidad de las naciones.
Al respecto, el tercer desafío que señala Hurtado esta directamente relacionado con estos desafíos anteriores; pues no podrá enfrentar el sindicato estos desafíos si sus dirigentes sindicales no poseen una capacidad y solida formación.
Quien cumple los roles de dirección, guía y formación en el movimiento sindical debe conocer de fondo los problemas económicos y sociales del país e incluso de las naciones extranjeras; debe tener una conciencia renovada a la luz de los criterios claros, precisos e imperecederos de la justicia para conocer las cosas por sus causas últimas [38]. El santo chileno se refiere a la independencia y autonomía política no el malentendido de “apoliticidad” o indiferencia a los problemas de la Patria.
Según Alberto Hurtado, el sindicato al cumplir una función estrictamente económico-social en favor del bien común representando, defendiendo y promoviendo al trabajador asociado. A través de la promoción de la capacitación, ahorro y propiedad individual, como también, la edificación de una nueva sociedad que sea acorde a la justicia y reemplace las actuales estructuras fundadas en la economía liberal, fuente de los males como la lucha de clases. Buscando llevar a la clase trabajadora a su porvenir social.
Finalmente, el gran desafío del movimiento sindical es no olvidar nunca su misión de transformación del mundo económico en que vivimos para dar lugar al nuevo porvenir de fraternidad, justicia y caridad.
Historia del Movimiento Obrero Chileno
Al comenzar el siglo XX los trabajadores chilenos no tenían ningún tipo de legislación social o laboral que los favoreciera o les brindara protección. La Federación Obrera de Chile (FOCH) comenzó como una agrupación de obreros de ferrocarriles con una orientación mutualista ligada al Partido Demócrata. A mediados de la década de 1910, comenzaron a integrarse los trabajadores de salitre y adquirió un carácter nacional.
Sin embargo, la promulgación de las leyes sociales y el Código del Trabajo, entre 1925 y 1931, cambió radicalmente la conformación del movimiento obrero y las organizaciones de trabajadores. A partir de entonces los sindicatos y sus federaciones se debatieron entre asumir la nueva legislación y someterse a sus reglas, como fue el caso de los obreros y empleados del sector estatal y las grandes empresas, o continuar con el discurso clasista y revolucionario.
En 1934, la violenta represión del gobierno de Arturo Alessandri a una huelga ferroviaria de carácter nacional, tuvo como reacción la unidad de las distintas organizaciones que agrupaban a los trabajadores. La fuerza que adquirió la nueva organización de trabajadores les permitió formar parte de la alianza política que apoyó a la candidatura del radical Pedro Aguirre Cerda en la elección presidencial de 1938.
Efectivamente, a fines de la década de 1940, el movimiento obrero, que estuvo fuertemente ligado al Partido Comunista a través de la Confederación de Trabajadores de Chile, fue fuertemente reprimido y debilitado por el gobierno de Gabriel González Videla al promulgar la Ley de Defensa de la Democracia o "Ley Maldita".
Hitos en la Historia del Sindicalismo Chileno
- 1909: Se funda la Federación Obrera de Chile (FOCH).
- 1912: Fundación del Partido Obrero Socialista (POS), que en 1922 se transforma en el Partido Comunista Chileno.
- 1919: Reformulación de las orientaciones doctrinarias de la FOCH transformándose en una asociación sindical revolucionaria.
- 1921: La FOCH adhiere a la Internacional Sindical Roja.
- 1931: Creación de la Confederación General de Trabajadores (CGT), de carácter anarquista y anarcosindicalista.
- 1936: Se crea la Confederación de Trabajadores de Chile CTCH.
- 1943: Se funda la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).
- 1953: Se funda la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT).
Clotario Blest y la Unidad de los Trabajadores
Clotario Blest perteneció a esa clase de católicos que se alzó contra el poder. Fue un cristiano que no vaciló, al igual que su ‘Maestro’, en levantar el látigo para arrojar a los mercaderes del templo convencido que la tolerancia tiene límites, sobrepasados los cuales toda acción destinada a revertir la situación se convierte en legítima.
Blest admiraba la Revolución Cubana y defendía la opción guerrillera de Camilo Torres. Jamás se sorprendió o rasgó vestiduras ante los revolucionarios que optaban por el uso de las armas. Y justificaba ese tipo de conductas cuando ellas sobrepasaban los límites de la paciencia y de tolerancia.
Clotario Blest fundó el MIR, que no se caracterizó por ser un partido tradicional que entendía la toma del poder como un simple acto electoral. El MIR se pronunció por el ejercicio legítimo de la fuerza como forma de acceder al control de la nación para organizar una nueva sociedad; el MIR se creó para organizar la insurrección popular, lo que implicaba la toma violenta del poder por parte de la población nacional.
El objetivo debe ser uno: simplemente la construcción de lo que el propio Clotario llamaba ‘democracia del proletariado’, concepto que identificaba a la nueva sociedad que propugnaba y que hoy podemos asimilar a lo que Marx denominaba ‘autogobierno de los productores directos’, con una sutil diferencia: Marx hacía referencia a los obreros ‘productivos’ como fuerza hegemónica de esa organización; Blest comprendía a todas las clases dominadas, sin mención a una fuerza de esa naturaleza.
La unidad de los trabajadores fue pues, el norte que guió las acciones de Clotario Blest. “La unidad sindical, Tucapel, la unidad sindical.
El Legado de Manuel Bustos
Manuel Bustos Huerta está en la historia del Movimiento Sindical, junto a Clotario Blest, Luis Emilio Recabarren, Héctor Cuevas, Luis Figueroa, Humberto Soto, Tucapel Jiménez. Él creyó y construyó un sindicalismo democrático, unitario, pluralista y autónomo.
Desafíos Actuales del Sindicalismo
El mismo día en que dos de las organizaciones que Clotario Blest fundó -la CUT y la ANEF- sufrieron una dura derrota en la negociación del reajuste del sector público, coincide con un aniversario más del nacimiento del barbudo dirigente. Siempre fue promotor de la unidad de los trabajadores, desde su pensamiento social cristiano. "Se ha desfigurado a Cristo ante las masas hasta el extremo de hacerlo odioso. Silencio alrededor del obrero que es Cristo: mucha palabrería alrededor del Dios que es rey.
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