El ambiente laboral, determinado por las emociones de los colaboradores, es crucial para el desempeño, compromiso e identificación con la empresa. Un factor determinante en el establecimiento del clima laboral son las relaciones interpersonales entre los miembros del equipo de trabajo. Si las personas no encuentran las condiciones sociales y psicológicas idóneas en su organización; su desempeño, compromiso e identificación con la misma se ven afectadas de manera directa.

Detectando un mal clima organizacional

Para resolver un problema, primero debemos detectarlo. Algunas señales de un ambiente laboral negativo incluyen:

  • Poca comunicación: No existe claridad en los proyectos y desafíos de la empresa. No hay uniformidad en la información que reciben los trabajadores. Existen grupos excluyentes dentro de las diferentes áreas de la empresa y se producen conflictos entre ellos.
  • Baja en la productividad: En un ambiente donde predomina la intranquilidad, la incertidumbre o el miedo se deteriora el rendimiento; por tanto, si tienes problemas para llegar a tus metas, o tus indicadores de producción han disminuído, es posible que tu empresa tenga un mal clima laboral.
  • Falta de reconocimiento: Cuando el empleador no reconoce el buen trabajo y no existe movilidad dentro de la organización, el compromiso y la motivación disminuye y, por consecuencia, el ambiente laboral se deteriora.

Mejorando el clima laboral

Si detectaste un mal clima organizacional en tu empresa, es tiempo de que comiences a tomar medidas para mejorarlo.

  1. La comunicación significativa se basa en la calidad, no en la cantidad. Habla con tus colaboradores sobre estos temas en reuniones de equipo periódicas.
  2. La diversidad es una ventaja competitiva en la gestión de las distintas áreas de negocio, ya que enriquece el clima de trabajo, aportando creatividad e innovación, dando valor a la marca empleadora y potenciando la mejora continua.
  3. Crea un sistema a través del cual tus trabajadores puedan expresar sus preocupaciones de manera segura y sin temor a represalias. Recursos Humanos debe ser un aliado estratégico en la creación de este sistema. Algunas alternativas fáciles de implementar son: encuestas anónimas, canales de compliance o levantamiento de malas conductas, eventos de formación de equipos, reuniones individuales regulares y una cultura organizacional que valore la retroalimentación.

Recuerda, las palabras no son suficientes para combatir situaciones tóxicas reales. No dejes que hechos como la exclusión de un miembro del equipo queden sin ser abordadas.

Frases que debes evitar en el trabajo

Para la mayoría de las personas, la comunicación verbal es un aspecto inevitable a lo largo de la rutina. Si bien, es ineludible que en ciertas ocasiones se generen malos entendidos y se despierte molestia en una contraparte, también es clave considerar previamente qué palabras se van a utilizar para que fluyan las interacciones de la forma en que se espera.

Según el especialista, es fundamental “pensar detenidamente en los oyentes antes de hablar”, ya que aunque “es imposible evaluar cada palabra de antemano”, es sumamente útil “ser consciente de las frases o actitudes que nos impiden comunicarnos con eficacia”.

Aquí hay algunas frases que las personas con “mala etiqueta verbal” utilizan frecuentemente y alternativas para decir en su lugar:

1. "¿Quieres...?"

Pese a que es adecuada cuando se le ofrece una opción a alguien -como por ejemplo: “¿quieres que salgamos a comer?”- , cuando se utiliza como una forma de dar órdenes adquiere un carácter despectivo. Para no caer en ese escenario -incómodo, además de hostil- , Bowie sugirió abordar la petición de forma más amable y transparente. Por ejemplo: “¿te puedo pedir un favor?”. En palabras del experto, “al fin y al cabo, a la gente le gusta ayudar, pero no les gusta sentirse manipuladas”.

2. "Esto es lo que pasa..."

Cuando se utiliza para advertir que lo que dirás a continuación será una suerte de “opinión final” en torno a un tema, aquello puede ser interpretado no solo como una señal de soberbia, sino que también como una muestra de falta de liderazgo. Si quieres compartir tu visión sobre un punto, en vez de empezar con tales palabras puedes hacerlo con otras como: “creo que…” o “en mi opinión…”.

3. "¿Verdad?"

Bowe planteó que terminar una afirmación con esta pregunta es derechamente “un relleno inútil”, que además refleja insistencia para que otra persona valide un punto que planteaste. Por ese motivo, sugirió que para solicitar la visión de otra persona no se debe “exigir confirmación”. A modo de ejemplo: “este evento es el que más me ha entusiasmado en todo el año, ¿qué opinas tú?”.

4. "Ya, bueno, busca la manera de hacerlo"

Si un cercano o compañero de trabajo se acerca a ti para solicitarte ayuda o contarte un problema que está enfrentando, expresar dicha oración podría interpretarse incluso como un insulto. Para evitar esta última situación, el autor del libro recomendó usar frases como: “bueno, hablemos de ello y encontraremos la manera”.

5. "Es lo que hay"

El especialista en oratoria manifestó en su artículo para el citado medio que esta frase suele utilizarse como un reemplazo para: “deja de quejarte”. Así que, para no caer en una situación incómoda -y por lo demás, perfectamente evitable- , recomendó decir frases como: “qué duro. Lamento que estés pasando por eso”. Desde su visión, “puede marcar la diferencia al permitir que la otra persona se sienta escuchada”.

6. "Obviamente..."

Según Bowe, partir una oración con esa palabra para responder a un punto con el que se está en desacuerdo refleja arrogancia, a pesar de que no te des cuenta. Si estás en una situación en la que percibes que es imposible que ambas partes lleguen a un acuerdo después de una intensa conversación, el especialista recomendó guardar silencio y no caer en discusiones que no aportarán en nada.

7. "Si quieres mi opinión sincera..."

En los contextos en los que alguien te cuenta una problemática que está sufriendo y no pide directamente tu opinión, Bowe planteó que lo mejor es no manifestarla, ya que puede interpretarse como un signo de imprudencia. Con dicha premisa, el especialista afirmó que decir “tal vez…” en lugar de ofrecer una “opinión sincera” es mucho más eficiente si deseas compartir tu opinión al respecto.

El impacto de las amistades laborales

Según los datos del Work Trend Index, los empleados que tenían relaciones prósperas con su equipo inmediato reportaron un mejor bienestar que aquellos con malas relaciones (76% frente a 57%), junto con una mayor productividad (50% frente a 36%).

"Cuando las personas confían unas en otras, se arriesgan juntas", dice Baym. Los amigos también pueden ayudar a amortiguar el estrés de la rutina que acompaña a cualquier trabajo. Si un empleado tiene una reunión con un cliente particularmente exigente, se sentirá mejor si luego puede desahogarse con un compañero de trabajo cercano. Si salen de esa reunión y no tienen con quién hablar, el vapor simplemente… se queda dentro de ellos. Eso puede generar resentimiento y otras emociones negativas sobre el trabajo.

Frases de un mal jefe que debes identificar

Un jefe no sólo es un supervisor. Lyz Ryan, de la publicación especializada en economía Bloomberg, reunió 10 de las peores frases que puede usar un jefe cuando se dirige a un empleado.

  1. Mientras un buen jefe está consciente de que la labor de un empleado trasciende a la transacción “trabajo-sueldo”, uno malo la restringe al hecho de que la persona obtiene una remuneración económica por lo que hace. Estos supervisores suelen recordarle al subalterno que “tú trabajas para mí” o -peor aún- que si se enferman o muestran desagrado podrán conseguir fácilmente a alguien que los reemplace.
  2. Esta respuesta suele ser usada por los malos jefes en dos tipos de circunstancias: como justificación cuando se le presenta una idea que no les gusta, o cuando notan que su empleado tiene una iniciativa o ingenio que supera el propio, llegando a sentirse amenazado.
  3. Un buen jefe comprende que actualmente el trabajo de un empleado -al menos de los cualificados- hace tiempo trascendió la barrera del horario de trabajo. Un empleado profesional come, sueña y vive su trabajo, recibiendo y contestando correos hasta mucho después de marcar su tarjeta de salida. Por la misma razón, un líder entiende que está bien si toman descansos mentales en medio de su jornada para atender redes sociales, leer noticias o hacer alguna compra en línea.
  4. “Lo tendré en consideración” es uno de esos eufemismos que los jefes utilizan pensando que pueden deshacerse diplomáticamente de una solicitud o propuesta, olvidando que todo el mundo sabe lo que significa: “Vete a trabajar y no vuelvas a hablarme hasta que yo te lo pida”.
  5. Usualmente, los jefes más preocupados de defender su cargo que de hacer su labor tienden a ser posesivos con sus atribuciones y las imponen incluso al límite de la irracionalidad. Todos conocemos casos en que alguien hizo o propuso algo, sólo para que el jefe lo rechazara y luego lo propusiera él mismo.
  6. Mientras que durante una crisis es comprensible un cambio de planes para atender las urgencias, que ello sea la tónica diaria en el trabajo no lo es. Un buen jefe se asegura de planificar adecuadamente las tareas, en vez de dejarlas esperar hasta que están en su fecha límite. ¿Eres de aquellos empleados que todos los días reciben encargos urgentes “para ayer”?
  7. Si bien es valioso animar a los empleados a resolver los problemas por sí mismos, esto no es excusa para que un jefe se niegue a cumplir su labor: ofrecer a sus trabajadores las condiciones adecuadas para realizar sus labores.
  8. Una cosa son los asuntos personales de cada empleado. Otra distinta es cuando esos asuntos llegan hasta la oficina y afectan el clima laboral. Si existen malas relaciones entre trabajadores o alguien cometió una imprudencia en su tiempo libre que involucra su trabajo, el deber de un jefe es conversar con él para ayudar a resolver el tema, o incluso tomar medidas más drásticas si se trata de un asunto grave.
  9. Allí donde los buenos jefes se aseguran de hacer las observaciones pertinentes a sus empleados cuando es necesario, al tiempo que valoran el trabajo bien hecho, los malos jefes traspasan de inmediato sus percepciones -casi siempre negativas- e incluso lo hacen con un toque de maldad: “todo el mundo piensa lo mismo sobre ti”. El resultado de esta política es crear trabajadores desconfiados, que ven en cada compañero de labores a un delator, sólo hasta que se percatan que la estrategia usada con los demás es la misma.
  10. No dejes que estas u otras frases desmotivadoras te hagan olvidar tus habilidades o tus objetivos personales.

El lenguaje y la violencia de género en el trabajo

El lenguaje tiene poder y queremos utilizarlo para terminar con la violencia de género, sacando de nuestras conversaciones expresiones que dañan la autoestima, limitan el desarrollo y aumentan la desigualdad entre géneros.

Ejemplos de frases que perpetúan la desigualdad:

  • “Hay carreras para hombres y carreras para mujeres”
  • “Detrás de un hombre hay una gran mujer”
  • “Deberías ser un poco más femenina”
  • “Los hombres no lloran”
  • “Ser mamá es lo más lindo de ser mujer”
  • “Se lo buscó por andar vestida así”
  • “Si un niño te trata mal es porque le gustas”
  • “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas”
  • El “Mansplaining”
  • “Fue un crimen pasional”
  • “Ella no es para pololear”

Cómo dar malas noticias en el trabajo

Una de las tareas ingratas que un ejecutivo debe realizar es enfrentar el hecho de que uno de sus empleados tenga problemas para completar con sus objetivos, le cueste cumplir con las fechas de entrega o que su trabajo sea de mala calidad. El medio parte por dejar en claro que entregar este tipo de noticias de manera efectiva es un arte delicado. Como pauta, hay que seguir una regla de oro.

  1. Zambullirse directamente en lo malo puede ser contraproducente. “Es importante suavizar la conversación utilizando el método sándwich”, dice. “Comienza con algo positivo. Hecho eso, pasa a dar la mala noticia.
  2. “Es vital que el gerente o el representante de Recursos Humanos utilicen un lenguaje claro y directo”, dice Hakim.
  3. Hay muchas razones por las cuales el desempeño de un empleado podría caer.
  4. Una vez detectada la causa que del problema, es necesario acordar un plan concreto.
  5. Relacionado con lo anterior, todo plan debe ejecutarse durante un periodo de tiempo, luego del cual se evaluarán sus resultados. Una alternativa que propone Hakim es: “Es muy importante decir: ‘Realmente tengo muchas esperanzas de que tengamos un resultado final positivo, pero necesito hacerte saber que haremos un seguimiento, ya sea en una semana o tres meses, para asegurarme de que estás en un mejor camino y cumpliendo con los objetivos.
  6. Como “plan B”, Hakim recomienda ensayar lo siguiente: “Muchas gracias por escuchar. Sé que este mensaje puede no haber sido lo que esperabas escuchar cuando entraste en esta oficina.

El compañero buena onda

En ninguna oficina debiera faltar el compañero buena onda, que siempre da consejos al que está complicado por algo o ha tenido algún problema. Cuando todo parece estar color de hormiga, no está de más una palabra de aliento, así como tampoco alguien que te haga reír cuando estás cansado y sólo quieres ir a tu casa.

Si eres uno de esos compañeros o tienes alguno, sabrás reconocer estas frases:

  • Tranquilo, yo te ayudo
  • ¿Para qué están los amigos?
  • Vamos chiquillos, motívense
  • No hay mal que por bien no venga
  • Ánimo, pudo ser peor
  • Cuándo hacemos un “asadito”
  • Las cosas pasan por algo
  • No lo pesques, seguramente tuvo un mal día (jefe)
  • Arriba los corazones que ya es viernes
  • Es el último lunes del mes

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