Las complejas condiciones laborales han quedado aún más en evidencia durante la pandemia, una realidad que afecta principalmente a las mujeres y que se extrapola también a otros sectores.

Impacto en la Vida Familiar y Personal

La pandemia ha tenido una serie de efectos negativos sobre la vida familiar y laboral de las personas. En este contexto, la relación entre trabajo y familia se ve mermada, pues el tiempo disponible para las actividades de convivencia y reproducción social disminuye debido a las largas jornadas laborales en el país.

Siempre el trabajar más horas, en términos de salir más tarde que otros(as) trabajadores(as), y contar con poco tiempo tanto para compartir con la familia, para realizar actividades de ocio y para llevar a cabo labores de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado dentro del hogar, precariza la vida familiar y personal, principalmente en el caso de las mujeres, “que hemos seguido manteniendo el doble rol en el ámbito público y en el ámbito privado.

Ahora bien, aún cuando la pandemia por coronavirus ha tendido a alterar las conductas y las condiciones de vida de la gente de manera notable, si nos remontamos a los tiempos “normales” -previos a la aparición del coronavirus en marzo de 2020- podíamos advertir que la relación de pareja, la dinámica familiar, la relación con los hijos e, incluso, los vínculos de amistad se veían directamente afectados -y deteriorados- por el fenómeno de las extensas horas laborales.

En este sentido, desde el momento en que ambos padres trabajan, ellos no disponen de mucho tiempo para sus hijos, una situación que podría implicar que los niños están creciendo con referentes que no son sus padres, sino que más bien con otros familiares, amigos, la nana, o incluso, el televisor y el computador.

Ante todos estos efectos y consecuencias, ya sea que hablemos de los “tiempos normales” o de los “tiempos con pandemia”, pareciera que en uno u otro caso, resulta, simplemente, muy difícil lidiar con el cansancio, el estrés, la ansiedad, las obligaciones domésticas, la crianza de los hijos, etc., para luego, aún tener ganas y deseos de compartir con la pareja.

Todos los estudios indican, que gran parte de la tensión que se experimenta por el hecho de pasar todo el día en el trabajo termina descargándose en el hogar.

Salud Mental y Bienestar

El poder contar con tiempo para la vida personal y familiar es “altamente relevante, considerando las dificultades en torno a la salud mental de las y los chilenos que se han acrecentado durante la pandemia, unidas a la mayor necesidad de cuidados, en términos tanto afectivos como relacionados con el Coronavirus hacia los miembros del grupo familiar. Enfatiza, además, que debe considerarse la necesidad de realizar actividades para enriquecer la vida personal y familiar, en aras de una mejor salud mental.

Desde el año 2015 los problemas de salud mental se han transformado en el principal motivo de permiso laboral. El desgaste emocional y el agotamiento físico asociados a la carga laboral (burnout), así como el estrés, la ansiedad y la depresión son algunos de los problemas más frecuentes asociados a este aumento de licencias. Dichos estados parecen ser una realidad compartida en aquella forma de vida que el filósofo Byung-Chul Han denomina “sociedad del rendimiento”.

La contrapartida inevitable de este marco normativo organizado en torno a la productividad sería una mezcla de fatiga crónica y depresión, malestares propios de una sociedad que sufre por exceso de trabajo.

A partir del análisis del Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC) encontramos una mayor prevalencia de sintomatología depresiva severa en aquellas personas con jornadas laborales más extensas.

En segundo lugar, los resultados muestran diferencias asociadas al género. Mientras un 2,3% de los hombres que trabajan entre 35 y 40 horas tiene síntomas de depresión moderada-severa y severa, un 6,2% de los que trabajan entre 45 y 50 se encuentran en esta categoría.

Por cierto, cuando hablamos de síntomas depresivos nos referimos a experiencias como el poco interés para realizar actividades cotidianas, sensación de decaimiento, dificultades para conciliar el sueño o desajustes en el apetito, sensación de falta de energía y dificultades para concentrarse, o experimentar un sentimiento constante de fracaso. Como lo afirma el sociólogo Alain Ehrenberg, la depresión es hoy un malestar en el que predomina un sentimiento de insuficiencia: el individuo deprimido es aquel que no se siente a la altura de los ideales y expectativas sociales.

Productividad y Horas de Trabajo

Uno de los principales argumentos para oponerse a la reducción de la jornada laboral está asociado a sus potenciales impactos sobre la productividad. Es importante considerar que jornadas laborales prolongadas pueden tener el efecto paradojal de reducir la productividad e impactar en la economía al afectar la salud mental.

Hoy la depresión representa un elevado costo económico para las sociedades, principalmente asociado a las pérdidas en términos de productividad. Por otro lado, jornadas laborales más cortas pueden promover el descanso y permitir el goce de otras actividades personales, lo que no sólo debiera traducirse en menores niveles de estrés y burnout, sino también en empleados más eficientes y en mejores condiciones para producir.

Hay una correlación en los países de la OCDE que sugiere que los países que trabajan menos horas son más productivos. Según el economista de Fundación Sol, Gonzalo Durán, la productividad y la disminución de las horas de trabajo han tenido una correlación que se expresa fielmente en el desempeño de economías de Europa central a las que Chile mira con admiración.

Desigualdad de Género y Condiciones Laborales Precarias

La precariedad en las condiciones laborales, particularmente en el comercio, y su impacto más específicamente en las mujeres, no es nueva, pero con la Pandemia se ha intensificado. Los últimos estudios (ENADEL; INE) muestran una recuperación paulatina del empleo en el comercio, pero las tasas de recuperación son menores para las mujeres que para los hombres (-2.9 versus 0.9 por ciento, respectivamente) para el primer trimestre de 2021. Lo anterior propició la aparición de un creciente número de personas con esquemas de contratación temporal (12 por ciento) y de subcontratación (9 por ciento).

Respecto a la petición sobre cerrar el comercio desde las 19 horas o una disminución de horas en la jornada laboral, Claudia Campillo piensa que podría ayudar especialmente a aquellas mujeres con responsabilidades de cuidados en los hogares.

En primer lugar, las mujeres suelen tener más responsabilidades familiares y domésticas que los hombres, lo que se traduce en más horas de trabajo fuera de la jornada remunerada. Por lo tanto, las mujeres tienden a tener menos tiempo para descansar.

En tercer lugar, las mujeres tienen menos probabilidades de tener control sobre su situación y ritmo de trabajo en comparación a los hombres.

El Caso de Chile

Chile es el quinto país de la OCDE que más tiempo le dedica a la jornada laboral. Son, en promedio, 1987 horas al año las que un trabajador o trabajadora se la pasa cumpliendo labores. De acuerdo con las cifras y estadísticas de la OCDE publicadas en el año 2018, los trabajadores chilenos ocupaban el quinto lugar entre los países, cuyos habitantes dedicaban más horas al trabajo, a saber, 1.974 horas.

Además, según los últimos datos del INE, un 21% de los trabajadores y trabajadoras chilenas declaran trabajar por sobre el límite ordinario establecido de 45 horas semanales.

En Chile, el 54% de los trabajadores y trabajadoras ganas menos de 350 mil pesos líquidos al mes. Si 6 de cada 10 chilenos que trabajan jornada completa no pueden sacar a una familia promedio de la pobreza, difícilmente podrían contar con las condiciones mínimas para el buen vivir.

La informalidad laboral no sólo está asociada a una falta de seguridad social (por ejemplo, menor acceso a la atención en salud), sino también a mayor vulnerabilidad económica, escaso poder de negociación y bajos ingresos.

Propuestas y Debates

Durante las últimas semanas la discusión pública ha girado en torno a la reducción de la jornada laboral. Por un lado, el proyecto de sectores de oposición plantea reducir gradualmente la jornada de 45 a 40 horas semanales, mientras que el gobierno ha propuesto reducirla de 45 a 41 horas promedio, dentro de un nuevo marco de flexibilidad horaria.

La diputada Vallejo presentó el martes pasado el proyecto ante los ministros Nicolás Eyzaguirre y Mario Fernández como una prioridad legislativa.

El proyecto de ley, presentado por la diputada Camila Vallejo, aspira a que los trabajadores y trabajadoras dediquen menos tiempo al horario laboral y más tiempo al ocio y otras actividades. Con esa información como base, la diputada Camila Vallejo encendió el debate redactando un proyecto de ley que aspira a rebajar la carga laboral de 45 a 40 horas semanales.

No obstante, también cree que los avances deben venir por parte de sindicatos y negociaciones colectivas, y no sólo a través de proyectos de legislación: “Los principales países de la OCDE han aumentado su productividad de manera lineal y son países en los que la jornada de trabajo se redujo a 35 horas y eso tiene mucha relación con la manera en cómo se hacen estos pactos. Lo que nos dicen las lecciones es que el tema de la organización de los trabajadores en sindicato también ha sido algo realmente importante.

Independiente de lo que se piense, Chile avanza hacia la disminución de la jornada laboral. Lento pero avanza.

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