El libro del doctor Carlos Pérez Arrau, con 129 páginas, resume la historia de uno de los recintos asistenciales más importantes del país y el más grande del sur de Chile. A sus 73 años, 40 de los cuales los dedicó al ejercicio activo de la medicina, el doctor Carlos Pérez Arrau lleva con orgullo su libro bajo el brazo.

La obra tiene un particular mérito: es la primera que logra reunir, tras una rigurosa y metódica labor de investigación, datos que se encontraban perdidos o dispersos para relatar pasajes de una historia, para muchos, desconocida.

Orígenes y Desarrollo del Hospital

En su interior destacan artículos del periodo fundacional de Concepción -1550- y el establecimiento del Hospital del Socorro, posteriormente llamado Nuestra Señora de la Misericordia. También se narran las consecuencias de violentos terremotos y tsunamis, como la catástrofe de 1751 que motivó el traslado de la ciudad desde Penco, su ubicación original, hasta el Valle de la Mocha.

Todo, claro está, desde la perspectiva del desarrollo de la medicina en el Bío Bío, proceso que desemboca en la inauguración oficial del Hospital Clínico Regional, en 1945, recinto que reemplazó al antiguo Hospital San Juan de Dios, destruido por el terremoto de 1939.

La Motivación del Autor

“Encontré que había mucha información, pero que estaba diseminada. Había que buscar y juntar datos y pensé en por qué no asumir como un desafío intentar escribir la historia del Hospital Regional de Concepción, recinto que para mí tiene mucho significado, ya que me recibió como paciente cuando era niño por una secuela de poliomielitis, después como estudiante de medicina y luego como funcionario, vale decir, he tenido una vida relacionada con este hospital. Es un establecimiento que tiene muchos méritos, independiente de sus problemas, y yo soy un eterno agradecido”, comenta Carlos Pérez Arrau, hombre nacido en la capital regional, ex estudiante del Liceo de Hombres (actual Liceo Enrique Molina Garmendia) y médico formado en la Universidad de Concepción.

“Mi padre era mecánico automotriz, tenía un taller y varios de sus clientes eran médicos, entre ellos el doctor Víctor Manuel Fernández. Como yo pasaba mucho tiempo ahí, creo que eso influyó en mi decisión de estudiar medicina. Existía una vida universitaria muy rica. Se compartía entre las distintas escuelas y las competencias entre éstas eran famosas. Al estar al lado del hospital, nuestra facultad era privilegiada en comparación a otras universidades del país.

Cómo no recordar los machitunes que le hacíamos a los mechones en la Casa del Deporte o las fiestas animadas por Adriano Reyes y su Orquesta (Los Happy Boys), que nos hacían cantar y bailar...todo eso era parte de la historia de Concepción.

La Especialización en Radioterapia

Mira, sin conocer mucho de las distintas especialidades, escogí una de la cual no tenía casi la menor idea, que era radioterapia, fundamentalmente porque existía la posibilidad de hacer una beca en Concepción y yo no quería irme de la ciudad. Existía en ese entonces el Servicio de Radioterapia y había un solo médico, el doctor Luis Bravo Puga. El me abrió las puertas y me dijo que necesitaba un ayudante.

La radioterapia era muy desconocida entre los mismos médicos, pero a mí me interesó porque me gustaba la matemática y la física. Al terminar la beca me quedo en el hospital y desde entonces la evolución de esta especialidad ha sido fantástica. Hay que recordar que cuando yo recién empecé no existían las calculadoras, así que hacíamos todos los cálculos a mano. Un gran avance fue cuando aprendimos a usar la regla de cálculo, después de un curso que dictó la universidad. Después el servicio se amplía y pasa a llamarse Servicio de Oncología, incorporando la quimioterapia y el manejo del dolor. Varias veces me tocó ser jefe de servicio, primero subrogando al doctor Bravo y después de su partida, como titular.

El Proceso de Investigación y Escritura

Siempre me ha gustado la parte histórica y me gusta leer bastante. Siempre ando con un libro en la mano. Si me toca ir al banco y hacer una cola no tengo ningún problema en esperar, saco un libro y me pongo a leer...no me preocupan las colas, me preocupa si algún día olvido llevar un libro conmigo. Antes había escrito un documento sobre la génesis del Servicio de Oncología, pero nada como esto.

Yo guardaba recortes y libros sobre la historia de la medicina, pero nunca escribí en forma metódica, hasta que me decidí en 2009, me senté y me puse a escribir. Me ayudaron varios historiadores antiguos y contemporáneos. Debo agradecer, entre otros, al profesor Pacheco Silva y a Carlos Muñoz Labraña, quien tiene escritos sobre la universidad. También fueron muy valiosas las sugerencias de Alejandro Mihovilovich, director de la Biblioteca Municipal de Concepción.

El Impacto y la Difusión del Libro

No conozco ninguno. Produce satisfacción el poder hacer un aporte concreto al hospital. Rescatar la memoria histórica de este recinto es muy importante. Aquí hay datos muy valiosos y por lo mismo me he preocupado de que el libro esté disponible en distintos lugares, como las escuelas de medicina de las universidades de Concepción y Chile, la comunidad hospitalaria, bibliotecas, Servicio de Salud y Colegio Médico. También se han entregado muchos de manera personal.

El Hospital Clínico Regional ha sido básico en el desarrollo de la medicina en el sur de Chile. Hay muchos médicos repartidos por el país que se formaron aquí, de modo que su influencia es importante. Cuando uno viaja al norte o al sur, es grato encontrarse con médicos que aún recuerdan su paso por este recinto y por la Universidad de Concepción. Aquí existe un estrecho vínculo y comunicación con la Facultad de Medicina, porque pasillos interiores unen a ambos edificios. La escuela está sobre antiguos terrenos del hospital, lo que no se da en otras partes del país. Todo esto permite enriquecer el conocimiento de los estudiantes, porque tienen acceso a las partes teórica y práctica de la medicina.

Nombres que Marcaron la Historia

Aquí dejamos constancia de que existió la intención concreta de bautizar al hospital con otro nombre. Estuvo muy cerca de llamarse Dr. Virginio Gómez González, promotor del desarrollo de la Universidad de Concepción y por lo tanto de la escuela de medicina. En homenaje a él se nombraría al hospital de esta forma, durante una ceremonia que se iba a realizar el jueves 3 de diciembre de 1959. Así lo informaba el diario El Sur, anunciando la visita a la zona del Ministro del Interior y de Salud Pública, doctor Sótero del Río; y del Director General del Servicio Nacional de Salud, doctor Gustavo Fricke.

Sin embargo, por razones que se desconocen a través de los años, la ceremonia no se llevó a cabo. Hay cosas que nunca se aclararon oficialmente. El hospital finalmente toma el nombre de Guillermo Grant Benavente, quien también fue un destacado médico de Concepción y participó en las primeras reuniones que abordaron la creación de un hospital clínico. Es decir, cualquiera de los dos nombres estaba bien puesto, porque ambos fueron personas notables. Es un honor para el hospital haber contado con estos dos personajes.

Reacciones y Anécdotas

Me han hecho muy buenos comentarios, sobre todo los médicos más antiguos. Ellos han recordado con este texto a sus profesores y compañeros. También han encontrado datos sobre la creación de la biblioteca del hospital, lugar donde existían grandes y pesados libros que debíamos leer para conocer estudios clínicos y antecedentes bibliográficos de algún caso en particular. Era una realidad muy distinta a la de hoy. En general, he recibido muy buenas críticas.

Me habría gustado incluir algunos datos que no encontré en una primera revisión del doctor Víctor Manuel Fernández y otros médicos que también formaron parte de la historia de Concepción...eso lo tengo pendiente. Es fácil comenzar un libro, lo difícil es terminarlo, porque uno cada vez quiere ir agregando más antecedentes.

A ver, antes del terremoto de 2010, en el patio de acceso a la dirección del hospital, por calle Roosevelt, había un busto en mármol con el nombre del doctor Guillermo Otto. Como quería conocer más datos sobre él, me contacté con su hija, Emilia, quien, para mi sorpresa, me dijo que ese rostro no correspondía a su padre. Yo le llevé una foto y ella no lo reconoció, así que evidentemente había un error. Me propuse averiguar de quién se trataba, conversé con varios médicos y buscando en internet me encontré con una publicación del doctor Wilhelm sobre la medicina en la ciudad, donde aparecía una foto de la misma persona. Se trataba del filántropo penquista Juan José Manzano y Bustamante, ex diputado e intendente, quien donó el terreno donde se levantó el antiguo Hospital San Juan de Dios, vale decir, el sitio donde hoy está el Hospital Clínico Regional, sólo pidiendo a cambio que se le hiciera un busto en la entrada del recinto.

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