Desde fines del siglo XIX, el desarrollo del capitalismo en Chile transformó profundamente el mundo del trabajo. Surgió un proletariado vinculado a la actividad minera, la incipiente industrialización y las actividades urbanas propias del crecimiento de las ciudades y puertos. Estas transformaciones del mundo laboral estuvieron marcadas por permanentes conflictos que dieron lugar a sostenidos movimientos sociales.

Poco a poco, los trabajadores fueron logrando una legislación social que permitió mejorar sus paupérrimas condiciones de trabajo. Es así como, desde 1907 en adelante, lentamente se va promulgando una legislación social: el descanso dominical, los días feriados, la silla para empleados y obreros del comercio, salas cunas en los establecimientos industriales.

Al comenzar la década de 1920, la candidatura de Arturo Alessandri Palma alentó las esperanzas de los trabajadores al manifestarse, en su campaña, a favor de promulgar una legislación social que armonizara las relaciones entre el capital y el trabajo como estaba sucediendo en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, durante su gobierno los parlamentarios se mostraron más preocupados de legislar una ley que aumentaba su dieta parlamentaria que las leyes laborales.

Después de los convulsionados sucesos políticos que llevaron al poder al general Carlos Ibáñez del Campo en 1927, comenzó la aplicación de la nueva legislación laboral. La gran diversidad de leyes laborales, reglamentos y decretos relacionados con su aplicación, hizo necesaria la dictación de un solo cuerpo legal para facilitar su estudio, divulgación y aplicación.

En el año 1876 Federico Engels presentaba su ensayo «El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre»*. Explicaba ahí cómo el trabajo cumple la histórica misión de ir creando un ser cualitativamente nuevo a partir de una especie anterior. Es decir: el trabajo como actividad creadora comenzaba a transformar la naturaleza y abría un capítulo novedoso en la historia.

Engels destaca la importancia de las manos como el órgano y producto del trabajo en el hombre. La mano es expresión de su libertad y de la posibilidad de adquirir cada vez más destrezas y habilidades. Sin embargo, dice Engels que “la mano no era algo con existencia propia e independiente. Era únicamente un miembro de un organismo entero y sumamente complejo.”

Un elemento que fue diferenciando al hombre de las otras especies es la alimentación más variada y que aportaba a su organismo nuevas y nuevas substancias, con las que fueron creadas las condiciones químicas para la transformación que se fue dando de esos monos a hombres. En la medida en que el hombre se alejaba del reino vegetal, más se elevaba sobre el resto de los animales y el hábito de combinar la carne con la dieta vegetal contribuyó a dar fuerza física e independencia del hombre en formación.

Fue cuando nuestros ancestros descendieron de los árboles y comenzaron a tallar la primera piedra cuando puede decirse que hay «trabajo» en sentido humano, como actividad creadora, como práctica que transforma el mundo natural y va transformando al mismo tiempo a quien la lleva a cabo. Y desde que arrancó esa primera actividad con el primer homo habilis -en África, en lo que hoy es el norte de Tanzania- la evolución ha sido continua y a velocidades cada vez más aceleradas.

En esa perspectiva, entonces, el papel del trabajo -como lo afirmara Engels- ha sido fundamental: fue la instancia que «creó» al ser humano. Es en esa lógica que tiene sentido entonces lo dicho por Hegel: «el trabajo es la esencia del ser humano». La historia del ser humano, en definitiva, es la historia en torno a cómo fue organizándose ese acto tan especial, tan fundamental y definitorio que es el trabajo.

Desde que nuestra especie pudo producir más de lo que necesitaba para sobrevivir, desde que hubo excedente, empezaron los problemas. Alguien -el más fuerte, el más listo, el más sinvergüenza, no importa- se apropió del excedente y surgieron las diferencias de clase social. Y así venimos hace ya varios milenios, a los tropezones, entre luchas a muerte entre poseedores y desposeídos, entre guerras y violencia («la violencia es la partera de la historia» dijo Marx).

Por otro lado, las grandes mayorías perjudicadas, que son los verdaderos productores de la riqueza social, los auténticos trabajadores -esclavos, campesinos pobres, obreros industriales, asalariados de toda laya (inclúyanse ahí los trabajadores intelectuales), etc.- arrancan beneficios y mejoras en sus condiciones de vida sólo a través de una lucha denodada contra sus opresores. Esa es la dinámica de la vida social.

Si el trabajo es la esencia de nuestra existencia, tal como están las cosas lo menos que puede decirse es que sea placentero para las enormes mayorías trabajadoras. Esa es la historia de los trabajadores a través de estos 10.000 años desde que podemos reconstruir medianamente la historia: quien realmente produce, quien trabaja y crea la riqueza de las sociedades, está excluido de su aprovechamiento.

El mundo moderno basado en la industria que inaugura el capitalismo hace ya más de dos siglos ha traído cuantiosas mejoras en el desarrollo de la humanidad. La revolución científico-técnica instaurada y sus avances prácticos no dejan ninguna duda al respecto. Si bien es cierto que en los albores de la industria moderna las condiciones de trabajo fueron calamitosas, no es menos cierto también que el capitalismo rápidamente encontró una masa de trabajadores que se organiza para defender sus derechos y garantizar un ambiente digno, tanto en lo laboral como en la vida cotidiana. El esclavismo, la servidumbre, la voluntad omnímoda del amo van quedando así de lado.

Ya a mediados del siglo XIX surgen y se afianzan los sindicatos, logrando una cantidad de conquistas que hoy, desde hace décadas, son patrimonio del avance civilizatorio de todos los pueblos: jornadas de trabajo de ocho horas diarias, salario mínimo, vacaciones pagas, cajas jubilatorias, seguros de salud, regímenes de pensiones, seguros de desempleo, derecho de huelga.

«Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana.

Pero las cosas cambiaron últimamente. Cambiaron en forma demasiado drástica, a gran velocidad. Con la caída del bloque soviético hacia fines del siglo XX el gran capital se vio triunfador. En realidad no fue que terminó la historia ni las ideologías: ganaron las fuerzas del capital sobre las de los trabajadores, lo cual no es lo mismo. Ganaron, y a partir de ese triunfo comenzaron a establecer las nuevas reglas de juego.

En otros términos, a fines del siglo XX y comienzos del XXI se llegó a condiciones de vida como en el XIX. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es «conservar el puesto de trabajo». A tal grado de retroceso hemos llegado, que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia.

En la sociedad de la información y la comunicación, la mitad de la población mundial está a no menos de una hora de marcha del teléfono más cercano. Hay alrededor de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI: la Organización Internacional del Trabajo reporta cerca de 30 millones), la explotación infantil o el turismo sexual continúan siendo algo frecuente.

La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más aún por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas («¿Tu mamá trabaja? No, es ama de casa»… ?).

Según esos datos, también se revela que el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares -que pueden caber en un Boeing 747- supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial. Trabajar, pareciera, no libera de mucho.

En definitiva: en las condiciones en que el gran capital ha comenzado este nuevo milenio con un triunfo a escala planetaria que lo hace sentir imbatible, el trabajo, en todo caso, más bien nos transforma en monos, nos torna más animales. Pero la historia no está terminada. Estas últimas décadas fueron de retroceso para los trabajadores, ello es evidente. Pero la lucha sigue. Nadie dijo que la lucha fuera fácil. Si miramos la historia queda claro que sólo con enormes sacrificios se van cambiando las cosas.

  • Zig-Zag. Santiago :Zig-Zag ,1905-1964. 60 v. :il., retrs. (algunas col.) ;27 cm.
  • Reglamento general para la aplicación de la ley de empleados particulares: ( publicado en el diario oficial de 31 de mayo de 1926). Santiago:Imprenta nacional,1926. 88 p.+ anexos;19 cm.
  • Alvarez Marín, RaúlLos empleados particulares ante el Código del Trabajo. Santiago :[s.n.],1933. 143 p.;27 cm.
  • Caja de Previsión de Empleados ParticularesLegislación de los empleados particulares : edición completa y ordenada de la ley, reglamento, decretos supremos y acuerdos del consejo de previsión. Santiago :Imp. Universitaria,1930. 126 p. ;18 cm.
  • ChileLei no. 4.053 sobre contrato del trabajo. Santiago de Chile :Empresa Periodística La Nación ,1924. 24 p. ;19 cm.
  • Ley no. 4.055 : accidentes del trabajo. Santiago de Chile :Empresa Periodística "La Nación",1924. p. [13] -19 ;26 cm.
  • Código del trabajo : decreto con fuerza de ley no. 178 publicado en el "Diario oficial" de 28 de mayo de 1931 conforme a la edición oficial. Santiago :Nascimento,1931. 119 p. ;20 cm.
  • Ley de Seguro Obligatorio de Enfermedad e Invalidez num. 4054 : reglamento correspondiente a esta ley. Santiago :Impr. y Libr. Artes y Letras,1930. 58 p. ;22 cm.
  • El libro de los Empleados Particulares : recopilación completa de la leyes, reglamentos y decretos vigentes sobre la materia. Santiago, Chile :Impr. Nacional,1930. 223 p. ;19 cm.
  • El Contrato de trabajo : (Ley No. 4053, reglamento de la Ley y reglamento del contrato de enganche). Santiago :Imp. La Tracción,1926. 43 p. ;18 cm.
  • Ley no. 4054 : seguros de enfermedad, invalidez y accidentes del trabajo. Santiago de Chile :Empresa Periodística "La Nación",1924. p. [27]-30 ;26 cm.
  • Ley no. 4.059 de los empleados particulares. Santiago de Chile :Empresa Periodística "La Nación",1924. p. [9] -11 ;26 cm.
  • Ley no. 4057 : la organización del sindicato industrial. Santiago de Chile :Empresa Periodística "La Nación",1924. p. [21]-30 ;26 cm.
  • Consultor práctico de la legislación chilena del trabajo. Santiago :Nascimento,1933. 382 p. ;26 cm.
  • Ley no. 4.055: que reforma la ley de accidentes del trabajo conforme a la publicación oficial. Antofagasta:Libr. e Impr. Barcelona,[1925?]. 29 p. ;19 cm.
  • Chile. Ministerio de Higiene, Asistencia y Previsión Social y TrabajoContrato del trabajo : (ley y reglamento). Santiago :Impr. y Enc. El Globo,1925. 31 p. :il. ;18 cm.
  • Concha S., Luis MalaquíasSobre la dictación de un Código del Trabajo i de la previsión social : Memoria de prueba. Santiago :Impr. Cervantes,1907. 71 p. ;25 cm
  • Escobar Zenteno, AristodemoCompendio de la legislación social y desarrollo del movimiento obrero en Chile. Santiago, Chile :[s.n.],1940. 266 p. ;19 cm.
  • Hinojosa R., FranciscoTrabajo, Paciencia y Tiempo : ley de empleados particulares. Valparaiso ;Impr. Mercantil:1925. 114 p. ;il. :18 cm.
  • Poblete Troncoso, MoisésLegislación social obrera chilena : (recopilación de leyes y disposiciones vigentes sobre el trabajo y la previsión social). Santiago :Imp. Santiago,1924. 478 p.
  • Rojas Flores, JorgeLa dictadura de Ibáñez y los sindicatos : (1927-1931). Santiago :DBAM,impresión de 1993. 190 p. :il., retr. ;23 cm.
  • Seibert Alphad, Stella JeanneLegislación del Trabajo y Previsión Social en "El Teniente" : tesis. Santiago :Impr. El Esfuerzo,1936. 84 p.
  • Valle Osorio, RenéContribución al estudio de los accidentes del trabajo y enfermedades profesionales : ley 4055 : memoria de prueba. Santiago :Tall. Fiscales de Prisiones,1929. 106 p. ;26 cm.
  • Yañez Andrade, Juan CarlosLa intervención social en Chile : y el nacimiento de la sociedad salarial 1907-1932. Santiago de Chile :Red Internacional del Libro,2008. 334 p. Agregar a la lista de deseos$2.950
  • El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Descripción Detalles de la publicación Federico Engels sostiene que el trabajo “es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al hombre.”

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