El charango es un instrumento musical de cuerda que guarda una estrecha relación con la guitarra y el mandolín. Un estudio serio sobre la organología del charango fue realizado por el investigador argentino Carlos Vega en su obra "LOS INSTRUMENTOS MUSICALES ABORIGENES Y CRIOLLOS DE LA ARGENTINA".

Clasificación del Charango

El charango representa una antigua especie europea situada entre la guitarra y el mandolín modernos. Estos dos instrumentos europeos se diferencian especialmente en la forma de la caja de resonancia y en algún detalle secundario, dejando de lado las dimensiones. El charango se acerca al mandolín por las cuerdas dobles, el abovedamiento de la caja y el tamaño. Se asemeja a la guitarra por el clavijero, la tapa en forma de "8", la entalladura del cuerpo resonador y la sujeción de las cuerdas a un puente encolado sobre la tapa.

Dispersión e Historia

El charango es más antiguo en el Altiplano. Algunos viajeros lo vieron a mediados del siglo XIX. La mención más antigua que se conoce se encuentra en la respuesta que un canónigo residente en Tupiza, Bolivia, dio a un cuestionario real en 1814. Este instrumento proviene, con seguridad, del siglo XVIII.

Construcción

A primera vista, parecería que la adopción de la cáscara del tatú tiende a simplificar la complicada construcción de los aros laterales de la caja guitarresca. Si los constructores obedecen tradicionalmente a los mismos principios de lógica, se opone a tal idea este hecho curiosísimo: imitan con madera la forma del caparazón, y se toman con eso mucho más trabajo que con la directa construcción de la forma guitarra.

Afinación

El movimiento general de la afinación de esa antigua guitarra europea y el del charango son iguales: del quinto al cuarto orden, ascenso; el tercero toma una nota más grave, y hay después nuevo ascenso hasta el orden de las primas.

Cinco órdenes equivalen a cinco clases de cuerdas distintas, pues cada orden puede tener una cuerda (orden sencillo), dos cuerdas (orden doble) y hasta tres (orden triple). La guitarra europea antigua produce el modo pentatónico B; el charango produce el modo pentatónico D.

Ejecución y Ocasión Musical

El ejecutante coloca el instrumento sobre el pecho, prieto bajo el antebrazo derecho. El cordón pasa por el hombro, y la mano izquierda, en el mango, colabora en la suspensión. El charango alcanza su mayor eficacia mediante el rasgueo y como acompañante "acórdico".

Fijo el antebrazo que aprieta la caja, suelta la muñeca, muévese la mano, y un solo dedo, el índice, desciende hasta rozar blandamente las cuerdas en cruz, es decir, de arriba abajo y a la inversa, a la altura del borde superior de la boca o poco más arriba, cerca de la línea en que nace el mango. Pueden intervenir más.

El sonido que se extrae del charango varía en calidad, según el gusto y habilidad del ejecutante. Suave, es musicalmente muy original y simpático: mucho más voluminoso de lo que podría esperarse del tamaño y características del instrumento.

Acordes y Acompañamiento

El rasgueo presupone el acorde. El charango da varios acordes suficientemente caracterizados. De acuerdo con las exigencias del repertorio melódico que debe acompañar, produce el charango, con cierta facilidad, una sonora serie de cinco acordes: forzando posiciones y sacrificando la sonoridad, da una segunda serie en distinta tonalidad, apenas satisfactoria, y aún se podrían obtener otras mediante mayores sacrificios.

Una serie, la primera, la más clara, es sumamente popular. Está compuesta por la subdominante, la dominante y la tónica del mayor y por la dominante y la tónica del menor. Aunque le falta la subdominante del menor, puede dar completa satisfacción a casi todas las melodías criollas del Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Argentina. Le basta con los dos acordes de tónica para acompañar las melodías pentatónicas puras.

He aquí la serie de cinco acordes más común. Damos los acordes en forma de arpegio para individualizar la intervención de cada cuerda:

  • Fa mayor
  • Sol mayor
  • Do mayor
  • Mi menor
  • La menor

Con ellos da especial color a huainos y cachuas, a cuecas y bailecitos.

Influencia Europea y Elementos Autóctonos

Todas las partes, todas las minucias de construcción del charango, excepto el fondo de la caja, son europeas. Y en cambio, al caparazón mismo, si bien desconocemos inmediatos antecedentes españoles, todos saben que el empleo de cáscaras diversas, vegetales o animales, fue recurso bien conocido en la antigüedad y lo es todavía entre muchos pueblos naturales.

La Balada Romántica Latinoamericana y la Influencia de Charles Aznavour

El género de la balada dio para todo, desde melodías y armonías que eran como un “bolero con guitarra eléctrica”, como los sones de Los Ángeles Negros o Yaco Monti; desde sonoridades similares a la onda disco, como en el caso de Umberto Tozzi o Ricos y Pobres; desde construcciones del estilo del techno pop, como Iván o Miguel Bosé; y, por supuesto, esa sonoridad “lush”, orquestada de manera que la voz del intérprete se proyectaba sobre una cama de acordes exuberantes, como en el caso de José Luis Perales.

Sin embargo, quizás el primordial es el que facturó ese mismo muchacho que se llamó Shahnourh Varinag Aznavourián Baghdassarian al nacer como hijo de inmigrantes armenios en el país galo y que de pequeño cantaba con sus padres y hermanos en las cantinas de la Rive Gauche en París, que fue descubierto por Édith Piaf, y que de la mano de los nuevos medios sociales y de producción musical, conquistó los escenarios, pero, más en concreto, el corazón, de aquello que luego se denominaría la “balada romántica latinoamericana”.

Charles Aznavour lo hizo todo antes que nadie. Fue el que descubrió que se podía cantar como bolero sin hacer un bolero, incorporando y proyectando a la orquesta en ese temple de ánimo que envolvía al oyente con una sugerencia melódica y letrística. Desde “La Bohemia” hasta “Camarada”, pasando por el recitado de “Isabel”, la cadencia de “Buen Aniversario” o el dolor de “Debes Saber”.

Él, y todas y todos los que vinieron después de él, hasta la miamización de la música latina en 1985, nos regalaron una parte memorable de nuestra identidad latinoamericana. Porque no solo de música se trataba esto: se trataba de un sentir y un amar.

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