En un mundo caracterizado por la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad (VUCA), se anticipan cambios profundos en el trabajo administrativo, incluyendo el empleo público. Este análisis explora la transformación del empleo público desde una perspectiva histórica y prospectiva, centrándose en los cambios tecnológicos y sociales.
Evolución Histórica del Empleo
El recorrido histórico nos lleva desde los trabajadores de cuello azul de la era industrial hasta los de cuello blanco, asociados con tareas administrativas y profesionales en oficinas. Cada revolución industrial significó avances en la automatización, el transporte y la tecnología, modificando la estructura laboral y social.
Las Revoluciones Industriales y su Impacto
Las revoluciones industriales pueden definirse como procesos de profundos cambios en los ámbitos industrial, social y tecnológico. A lo largo de la historia se han producido varios cambios revolucionarios que han modificado la estructura de la producción y la sociedad.
- I Revolución Industrial (siglo XVIII): Originada con la invención de la máquina de vapor.
- II Revolución Industrial (segunda mitad del siglo XIX hasta 1914): Caracterizada por el desarrollo de innovaciones como la electricidad y el motor de combustión, impulsando la producción en grandes fábricas y el transporte.
- III Revolución Industrial (segunda mitad del siglo XX): También conocida como la Revolución Científico-Tecnológica (RCT) o la Revolución de la Sociedad de la Información.
El impacto de estas revoluciones industriales en el mundo va más allá de su influencia en el ámbito industrial. La producción en masa y en serie de principios del siglo XX marcó el mundo del cuello azul.
El Surgimiento del Empleo de Cuello Blanco
La noción de empleado de cuello blanco se acuñó a mediados del siglo XX para describir a trabajadores que realizaban tareas administrativas y profesionales en un entorno burocrático para contraponerlo al de cuello azul de la primera y segunda industrialización. Antes de la aparición de este tipo de empleos, la mayoría de los asalariados se dedicaba principalmente a trabajos manuales o industriales. A medida que avanzaban las tecnologías digitales se introducían nuevas herramientas y sistemas en las oficinas.
La función de los empleados de cuello blanco también evolucionó y la informatización de los procedimientos transformó la forma en que se realizaban esas tareas. Se comenzó a utilizar software de procesamiento de textos, hojas de cálculo, bases de datos y sistemas de correo electrónico para llevar a cabo tareas de manera más eficiente.
La Transición al Empleo de Cuello Digital
En el presente, el enfoque está en los cambios en el empleo administrativo debido a la digitalización y las nuevas tecnologías. Hablamos del paso de trabajadores de cuello blanco a trabajadores de cuello digital. Es decir, nuevos perfiles asociados con esos cambios en diferentes planos, como ingreso, modalidades de trabajo, profesionalización y capacitación.
Esto ha llevado a un replanteamiento de las competencias requeridas, priorizando habilidades digitales y la capacidad de adaptarse a entornos dinámicos. A medida que van surgiendo desafíos más complejos, se puede notar cómo los procesos técnicos y administrativos en la administración pública están experimentando cambios significativos. Esto se vislumbrará tanto al interior del sector privado como del sector público, donde será necesario determinar la estrategia adecuada para construir y fortalecer los perfiles laborales que requieren las transformaciones en curso y que, como dijimos, se acelerarán en el futuro, poniendo en tensión algunas de las pautas básicas reinantes al interior de las organizaciones estatales (Blutman y Cao, 2023).
Es importante señalar que tanto la noción de cuello azul como la de cuello blanco tienen dos componentes. Por un lado, el color de la ropa que se usaba en el trabajo cotidiano y por el otro la identificación de una parte del cuerpo asociada al dogal de la esclavitud. No se hablaba simplemente de brazo blanco o azul.
Desafíos y Oportunidades en el Sector Público
La cultura organizacional de las administraciones públicas enfrenta tensiones. Estas estrategias también deberían aprovechar los aspectos positivos de los cambios que se avecinan, al tiempo que se abordan y se mitigan los posibles impactos negativos y las dificultades que puedan surgir. Esto nos sirve de puntapié para, anclados en el presente, pero con la mirada orientada a mediano y largo plazo, pensar escenarios y, a partir de ellos, establecer algunas de las variables principales del proceso de transformaciones vigentes.
En el ámbito de las administraciones públicas, la cultura organizacional juega un papel fundamental en la forma en que se desarrollan las actividades y se brindan los servicios a la ciudadanía (Felcman y Blutman, 2020). De esta manera nos encontramos frente a un escenario de creciente utilización de herramientas digitales, análisis de datos y conocimientos técnicos específicos que mutan diariamente y que el empleado y la organización deberán tener en cuenta. En un entorno en constante cambio, los empleados públicos deberán incorporar nociones y nuevas habilidades técnicas para abordar los desafíos que se avizoran.
Podríamos señalar que la composición de los empleados del sector público irá mutando a un escenario de profesionales especializados en áreas sustantivas, capaces de abordar la gestión de datos y articularse con desarrolladores informáticos.
Estrategias para la Adaptación y el Desarrollo
Frente a los cambios que se están suscitando se prevén diferentes posibilidades, como la movilidad de agentes a diferentes posiciones, acompañada por procesos de formación y capacitación para adquisición de nuevas habilidades y competencias requeridas para el nuevo rol. En paralelo con el proceso de reorientación de la capacitación surge también la necesidad de generar políticas de atracción y retención de talento con las capacidades necesarias para responder a los diseños de los nuevos puestos de trabajo. En este sentido, surge como necesario implementar acciones presupuestarias que permitan al Estado ser competitivo en el mercado laboral y a la vez, lograr establecer canales de colaboración permanentes con diferentes instancias del sector educativo.
La idea de cambio profesional debería estar acompañada por cambios en el diseño de la carrera del empleado público, de forma tal de facilitar la movilidad y de no castigar al trabajador que, por la obsolescencia de una tecnología o por transformaciones de una política pública, debe dejar su lugar de experto y reconstruir su conocimiento profesional en otro espacio de trabajo.
Figura 1. El primero está compuesto por aquellos individuos con conocimientos relacionados con los aspectos fundamentales de la IV Revolución Industrial. Concretamente nos referimos a un grupo específico de individuos que posee herramientas y habilidades digitales.
La escasez en las redes laborales de personas con estas competencias específicas se ha convertido en un desafío para los reclutamientos en los sectores público y privado (Blutman y Cao, 2023), solo hacer una búsqueda en internet con las palabras escasez de informáticos va a dar la pauta de este problema. Debido a la mencionada falta de profesionales capacitados en estas áreas, aquellos que poseen estas habilidades y conocimientos estarían gozando de una ventaja en el mercado. Su experiencia y conocimientos especializados les permiten liderar proyectos de transformación digital, desarrollar soluciones innovadoras y enfrentar los desafíos que surgen con el avance tecnológico.
El segundo grupo engloba a la mayoría de los trabajadores, que carece de las capacidades anteriormente descritas, y se encuentra en una posición de franca vulnerabilidad.
Visiones de Algunos Autores Clave
Algunos autores actuales y clásicos, como Krugman; Stiglitz y Mazzucato, nos marcan esos cambios desde sus miradas prioritariamente económicas.
- Krugman (2009): El empleo público puede ser crucial para estimular la economía durante recesiones y para proporcionar una red de seguridad que apoye a la población en general.
- Stiglitz (2012): El sector público tiene un papel crucial en la redistribución de la riqueza y en la provisión de servicios esenciales que el mercado privado no ofrece adecuadamente.
- Mazzucato (2014): El sector público es un motor importante para la innovación, no solo como regulador, sino también como inversor directo en proyectos de alto riesgo y alta recompensa.
Sin embargo, en una línea menos convencional y más didáctica, Graeber y Barbeitos (2018) argumentan que una gran parte de los trabajos modernos, incluidos muchos en el sector público, son innecesarios y no contribuyen significativamente al bienestar social.
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