Nada define tanto la idiosincrasia de Quino como aquella tira en la que Mafalda le muestra a su oso de peluche un globo terráqueo y le pregunta, “¿Te gusta? Porque es una maqueta, el original es un desastre”. El escepticismo y la amarga reflexión ante las desgracias del mundo afloran en los agudos, sarcásticos y transgresores comentarios de la niña rebelde, convertida en el otro yo de Joaquín Lavado, conocido mundialmente como Quino, a secas.

En otro celebrado cuadrito, un hombre que se encuentra con un amigo en la calle le dice: “¡El mundo es un pañuelo!”, y Mafalda, observadora de la escena, piensa: “Habrá que quejarse a la lavandería”. Las ideas del dibujante y humorista, como buen artista, se expresaron a través de sus historietas y sólo con cuentagotas en apariciones públicas.

Retraído como Felipito, otro de sus legendarios personajes compañeros de la pequeña contestataria, Quino desfiló por distinguidos escenarios donde se le rindió tributo por su obra, mientras él parecía no saber qué contestar, conmovido pero algo abrumado.

El día de un homenaje al lado de la estatua de su más popular creación de papel, un presentador dijo eufórico: “… ¡y esperamos que Mafalda viva 50 años más!”. “Por el estado en que está el planeta, no creo que lleguemos muy lejos”, respondió Quino, parco y descreído, un poco asombrado e incómodo como siempre ante tanta euforia y zalamerías a su alrededor.

Quino justificó el impacto de su historieta en el momento histórico en que aparece y se desarrolla, los años 1960 y 1970, de una explosión creativa y revolucionaria en todos los ámbitos. “Mafalda salió bien porque la época en que lo hice era buena, aunque había conflictos como siempre. El ser humano es quilombero (revoltoso) por naturaleza”, explicó.

Tercer hijo de padres republicanos españoles de clase media, se sumergió en el universo del dibujo por influencia de un tío que ejercía el oficio en un periódico de su natal Mendoza (oeste), al pie de la cordillera de Los Andes. Pero sus padres fallecieron antes de su adolescencia y un hermano mayor tuvo que ayudarlo a salir adelante.

“Sufrí mucho porque vivía en condiciones precarias mientras deambulaba por redacciones de diarios y revistas sin mayor éxito. Compartí una pieza de pensión con tres o cuatro tipos”, recordó. Su vida se iluminó cuando pudo por fin publicar en revistas, momento que definió como “uno de los más felices” de su existencia.

Quino estuvo casado por más de medio siglo con Alicia Colombo, quien falleció en 2017. Las historias de la niña con nombre de princesa italiana están traducidas a 26 idiomas y sólo en Argentina han vendido 20 millones de ejemplares.

Reacio a la adulación o al elogio desmedido, Quino ha dicho que sus trabajos tuvieron éxito en Latinoamérica o en naciones latinas de Europa, pero son una rareza en países anglosajones, China, Rusia o el mundo árabe. “¡Ahora voy a sentir más respeto por mí mismo!”, declaró con ironía después de tantos homenajes.

El retrato de Mafalda está colgado en la Galería de Ídolos Populares de la Casa Rosada (gobierno), junto a leyendas como el exfutbolista Diego Maradona, el rockero Charly García, el extenista Guillermo Vilas, el bailarín clásico Julio Bocca, el automovilista Juan Manuel Fangio y el cantante de tango Carlos Gardel.

La criatura que dejaba mudos y helados a los adultos con sus preguntas y ácidos comentarios, fue clasificada por el intelectual italiano Umberto Eco como “una heroína iracunda”. Ella “rechaza al mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres”, según Eco.

No se hace cargo del horror de las guerras, la injusticia y la hipocresía en las relaciones sociales. El globo terráqueo aparece de nuevo en otro cuadrito y Mafalda le acaba de colgar un cartel que dice “Irresponsables trabajando”.

Este miércoles 30 de septiembre falleció Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, el creador de Mafalda y otros personajes igual de entrañables como Felipe, Manolito, Susanita, Guille y Libertad.

«Lo que lo caracterizó fue su combinación entre el humor y la reflexión. El suyo era un humor que siempre dejaba algo», comentó Claudio Aguilera, jefe del Archivo de Láminas y Estampas de la Biblioteca Nacional, agregando que «tiene cientos de viñetas extraordinariamente bien dibujadas».

El dibujante argentino comenzó publicando sus trabajos en diferentes revistas de su país, los que recopiló en 1963 en el libro Mundo Quino. No fue hasta un año después, el 29 de septiembre de 1964, que su personaje más popular vio la luz.

«Hacer que un personaje sea tan universal y que en todos los lugares siempre resuene algo, haga sentido y siga traspasando generaciones, es notable. Hace mucho que Quino dejó de dibujar a Mafalda y sigue siendo un personaje vigente», dijo Aguilera.

En ese mismo punto, y pese a que la tira cómica tiene 56 años, coincide el historietista Pedro Peirano porque «ves a Mafalda con su globo terráqueo tratando de ponerle un parche curita y la entiendes un poco más. Creo que el mundo de Mafalda es el mundo de hoy».

«Tiene una insolencia sudamericana impresionante porque su misma concepción es una parodia de otra tira cómica. Por otro lado, tiene mucho de opinión política, es un adultismo que no es tan ingenuo como otros», destacó Peirano, agregando que «en Chile estuvo de moda durante la época de Pinochet, entonces, todos veían y leían entrelíneas a Mafalda. Creo que el mundo de Mafalda es el mundo de hoy».

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