El desempleo, un flagelo persistente desde la Revolución Industrial, es una de las situaciones que debe atacar un sistema integral de Seguridad Social. No se puede marginar a aquella persona que, teniendo el deseo de trabajar, no lo puede ejercitar por no encontrar un empleo (desempleado o cesante). Es, sin duda alguna, la situación más apremiante para un trabajador y jefe de familia.
Las tasas de desempleo se hallan íntimamente vinculadas a los cambios económicos tan propios de nuestros tiempos y tan relacionados con fenómenos de todo tipo; es usual ya escuchar de promedios mundiales de 10% de desempleo. Sus efectos siempre se sienten en el mundo del trabajo: o golpea las remuneraciones o priva de ellas a un grupo significativo de trabajadores.
Ello ha motivado la adopción de medidas legales tendientes a aminorar su efecto, que van desde seguros de desempleo, con gran desarrollo en países avanzados, hasta indemnizaciones (vinculadas al término de la relación laboral por causa no imputable al trabajador) y subsidios.
El Subsidio de Cesantía
El D.F.L. Nº150, de 1982, se refiere en su Título II al sistema de subsidio de cesantía, cuyo contenido se esquematiza a continuación:
- Beneficiarios:
- Todos los trabajadores dependientes de los sectores público y privado, sin exclusión alguna, cualquiera haya sido su régimen previsional.
- Los trabajadores independientes que al 1º de agosto de 1974 tenían derecho a subsidio en el régimen anterior.
- Requisitos Habilitantes:
- Ser despedido del empleo por causas ajenas a la voluntad del trabajador.
- Tener, a lo menos, 52 semanas o 12 meses, continuos o discontinuos, de cotizaciones dentro de los dos años anteriores a la cesantía, en cualquier régimen previsional afecto al Sistema.
- Estar inscrito en el Registro de Cesantes, tanto el que lleva el respectivo ente gestor de la Seguridad Social como el del municipio.
- Cumplir una jornada no inferior a 30 horas semanales para desempeñar aquellas labores que el alcalde de la respectiva municipalidad le asigne.
- Exigibilidad: No existe plazo para hacerlo efectivo; se paga por día desde la presentación de la solicitud y por mes vencido, en la entidad previsional respectiva. Se otorga por 90 días, prorrogable hasta 360 días. Se puede interrumpir al encontrar trabajo y se recupera al perder la ocupación, sin acreditación de requisitos, hasta completar el período que le fue aprobado.
El subsidio no está afecto a cotización alguna, confiere derecho a asignación familiar y maternal y a las prestaciones médicas básicas y es incompatible con toda otra actividad remunerada. La supervisión del sistema la tiene la Superintendencia de Seguridad Social, sin perjuicio de las atribuciones de los municipios y de la Contraloría General de la República.
Esta prestación debería tender a tener cada vez una menor incidencia, habida consideración de la implantación del Seguro de Cesantía en nuestro país; no obstante, nos parece que pese al bajo monto que representa, él seguirá teniendo una gran importancia aun para los más desposeídos. Para ello sólo basta tener presente que en lo que va de este siglo se han estado pagando más de 40.000 nuevos subsidios anuales, lo que demuestra su vigencia.
El Trabajo Mínimo Asegurado
Los municipios organizan un régimen llamado de “trabajo mínimo asegurado”. El trabajador cesante debe optar al impetrar el subsidio entre esta modalidad y la anterior, decisión que no puede variar después. Esta otra modalidad consiste en que el trabajador deberá desempeñar aquellas labores que le asigne el municipio, de acuerdo con sus condiciones y capacidad. Dicho trabajo no puede exceder de 15 horas semanales y debe realizarse en la comuna en que el trabajador tenga su domicilio o en la que haya desempeñado su último trabajo.
La remuneración es equivalente a un tercio del ingreso mínimo y no será imponible ni tributable. El desempeño de este trabajo no otorga al trabajador la calidad de funcionario del Estado ni le hace aplicable norma laboral alguna.
La Revolución Industrial: Un Vistazo Histórico
En la segunda mitad del siglo XVIII, entre 1760 y 1780, en Gran Bretaña se produjo una serie de acontecimientos que desembocaron en lo que se conoce como Revolución Industrial. A fines del siglo XVII, la producción agrícola se incrementó considerablemente, gracias a las mejoras técnicas. Surgió la propiedad privada y un incipiente capitalismo que favoreció solo a un grupo minoritario de la población.
El progreso económico, que trajo consigo mejoras sanitarias, avances médicos, un aumento en la oferta de trabajo, un descenso en la edad matrimonial y una mejor nutrición, provocó una explosión demográfica. Surgieron nuevos medios de transporte, como el barco a vapor y el ferrocarril, derivados de la máquina a vapor desarrollada por James Watt entre 1765 y 1790. En 1800, Gran Bretaña había construido más de mil kilómetros de canales que unían los principales puertos.
Se ocuparon nuevas materias primas, como el hierro, y nuevas fuentes de energía, lo que repercutió en el auge de la minería del carbón. También se empezó a utilizar el gas. En 1879, Thomas Alva Edison desarrolló la primera ampolleta o bombilla eléctrica. La tierra dejó de ser la fuente fundamental de la riqueza, al ser sustituida por el comercio, especialmente el internacional.
Inicialmente, Gran Bretaña mantuvo el monopolio de la industrialización, impidiendo la exportación de máquinas, trabajadores especializados y técnicas de manufacturas; pero las expectativas del comercio exterior incentivaron a los inversionistas locales a incursionar en el extranjero. El resto de Europa demoró en sumarse a la industrialización. Alemania logró despegar a partir de 1870.
El Proletariado y la Nueva Organización del Trabajo
Paralelamente, surgió el mundo obrero industrial. A lo largo del siglo XVIII se produjo una enorme migración campo-ciudad, en busca de mejores oportunidades en las fábricas e industrias. El exceso de obreros en las ciudades dio origen a una nueva clase social, conocida como proletariado.
El funcionamiento de las industrias y las fábricas implicó una nueva organización del trabajo, basada en la división de las funciones laborales y la especialización en tareas específicas, a diferencia del trabajo artesanal en que una persona hacía el trabajo completo. El proletariado se constituyó en una de las clases que conforman la sociedad capitalista. Sus integrantes carecen de propiedad sobre los medios de producción y se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para obtener los medios de subsistencia.
La Cuarta Revolución Industrial y el Desempleo Tecnológico
En el último tiempo, ha aparecido una serie de informes y publicaciones que plantean que estamos viviendo una nueva revolución industrial. Estas transformaciones, que están sucediendo a una gran velocidad, ya están presentes en la forma en que producimos, trabajamos, nos organizamos, nos relacionamos y vivimos (Schwab, 2016). Una preocupación que ha acompañado a este fenómeno es su potencial para afectar de manera significativa el mercado del trabajo, al hacer factible, desde una perspectiva técnica, la sustitución de la labor humana por máquinas.
La pregunta más concreta es si el avance en la inteligencia artificial generará desempleo tecnológico estructural. Esta preocupación no es nueva. Entre las investigaciones recientes que han estudiado cómo la inteligencia artificial afectará el mercado laboral hay dos líneas gruesas de trabajo. Una de ellas intenta contestar la pregunta sobre los efectos probables, en una o dos décadas, de la automatización sobre las ocupaciones y trabajos actuales.
El estudio de Frey y Osborne estima la capacidad técnica (no económica) de la sustitución por parte de máquinas de ciertas tareas que desarrollan personas. Los autores usaron en su estudio 702 ocupaciones de la versión 2010 de O*NET, un servicio online desarrollado por el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos. El 47% del empleo total en Estados Unidos está en la categoría de alto riesgo, “lo que significa que las ocupaciones asociadas son potencialmente automatizables a lo largo de un número no especificado de años, tal vez en una década o dos”.
El trabajo de Frey y Osborne fue replicado en países en desarrollo a través del World Development Report (WDR), de 2016 (un informe del Banco Mundial). Según esta metodología, el promedio de la OCDE sería de 57%, mientras que en países como China tendrían en riesgo el 77% del empleo y en India un 69%.
Otro estudio que ha recibido mucha atención es el Informe McKinsey Global Institute (2017). Este difiere de los anteriores al considerar las diversas actividades que contiene una ocupación, cada una de las cuales puede tener un diferente potencial técnico de automatización. Sin embargo, casi todas se verán afectadas por la automatización. Se calcula que un 60% de ellas tendrán un 30% de actividades automatizables técnicamente.
La OECD, en su Informe Employment Outlook 2017 también presenta su propia estimación de los riesgos de automatización que enfrentarán sus naciones, en una o dos décadas. Usando una metodología distinta a la de Frey y Osborne, basada en las tareas que tiene cada ocupación, obtiene riesgos de automatización significativamente menores que los mostrados por los autores anteriores. Para los países de la OECD, el riesgo estimado por el Employment Outlook también es de 9%, contrastando con el 57% que señala el WDR de 2016.
Un problema fundamental con esta línea de literatura es que se centra en la factibilidad técnica, no económica, de la sustitución del trabajo humano por parte de la tecnología, considerando su estado actual de desarrollo y su probable evolución futura. Para predecir las consecuencias de la automatización sobre el empleo, hay que revisar el costo de sustituir el trabajo por máquinas y cómo este proceso incidirá sobre el costo del trabajo.
Impacto de la Automatización en las Remuneraciones y el Trabajo
Los autores encuentran un efecto negativo sobre las remuneraciones y el trabajo al elevar el número de robots en la economía. Sin embargo, al mismo tiempo, hay un efecto positivo por una ganancia en productividad. El análisis concluye que las consecuencias negativas se encuentran en todas las labores, menos en las administrativas. Además, los mayores efectos ocurren en los trabajos de obrero que tienen operaciones manuales rutinarias de montaje, transporte y maquinaria. Los anterior es preocupante puesto que muestra una limitada capacidad de crecimiento de trabajos en otras industrias.

