El Día Internacional de la Mujer, reconocido por las Naciones Unidas en 1975, es una fecha que invita a reflexionar sobre el papel fundamental que la mujer está llamada a desarrollar en la sociedad.

Orígenes y Primeras Manifestaciones

A principios del siglo XX, en un contexto de profundas desigualdades laborales, políticas y sociales para las mujeres, los movimientos obreros y de derechos civiles se fortalecieron, con la participación destacada de mujeres que exigían mejores condiciones en su trabajo y la igualdad de oportunidades.

Una de las primeras manifestaciones reconocidas ocurrió el 8 de marzo de 1908 en Nueva York, donde 15.000 mujeres marcharon para exigir un horario más humano, salarios dignos y el derecho al voto.

Tres años después, en 1911, sucedió un hecho trágico que marcó profundamente la lucha por los derechos laborales femeninos: el incendio en una fábrica donde murieron 146 trabajadoras debido a las pésimas condiciones de seguridad.

Este evento conmocionó al mundo y generó un impulso renovado en las demandas por un trato de mayor dignidad para las trabajadoras.

El Rol de la Mujer en el Siglo XXI

El llamado a reconocer y apreciar el aporte de la mujer en pleno siglo XXI es más relevante que nunca ya que en cada rincón de la sociedad ella juega un papel esencial para el desarrollo y la innovación.

No se trata solo de aspirar a una igualdad formal o de derechos, sino de un cambio cultural profundo en el que se valore la presencia femenina en sus múltiples dimensiones.

Si bien las mujeres corresponden a la mitad de la población chilena, el registro de su participación en la historia colonial y republicana ha sido una materia de preocupación reciente.

La participación de las mujeres en ámbitos sociales, culturales, económicos y políticos ha estado ausente de buena parte de los grandes relatos de la historia del país.

No obstante, desde la década de 1980, una nueva generación intelectual, compuesta principalmente por mujeres comprometidas con la ampliación de la historia social, ha estado desarrollando una especialidad conocida como historia de la mujer.

La aparición de tesis de grado, artículos y libros, buena parte de ellos auspiciados por organizaciones feministas, interrogan el pasado de las mujeres y han dado a luz nuevos conocimientos, más allá de la historia de la familia, sobre una amplia y variada gama de temáticas como la historia de las organizaciones políticas, la historia de la educación y el trabajo, la sexualidad, la legislación y la demografía en los más diversos periodos de la historia del país.

La historia de las mujeres es una especialidad que forma parte de la renovación que ha experimentado el desarrollo de la investigación histórica en Chile y se ha fortalecido gracias a la creciente producción académica local.

Organizaciones y Movimientos Femeninos en Chile

En el Chile de 1936, las organizaciones femeninas acumulaban años de actividad, pero fue en esa década en que consolidaron su acción.

Tras un par de años de golpes de estado con apoyos militares que iban y venían según el favor del momento, la situación se estabilizó con el retorno del “León”, Arturo Alessandri Palma, a La Moneda en 1932.

Los chilenos de entonces, poco a poco se acostumbraban a nuevas organizaciones políticas, como el Partido Socialista, el Movimiento Nacional Socialista de Chile, la Falange Nacional (que años después derivará en la Democracia Cristiana), entre otras.

Las mujeres también se integraron como sujeto político de pleno derecho. Solo en 1934, al superar años de rechazo, se había logrado el derecho a voto en las elecciones municipales.

Por esos días, las dos agrupaciones más importantes eran el mentado Partido Cívico Femenino, fundado en 1922, y el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), instituido el 11 de mayo de 1935.

“Ambas fueron parte de los grupos más influyentes al plantear las demandas femeninas. Si bien la primera se declaraba de izquierda moderada y la segunda radical, la acción conjunta que realizaron ambas organizaciones expresa la necesidad de unidad en la lucha por las demandas de las mujeres”, explica la académica Claudia Montero en parte de su artículo La conformación de discurso feminista en diálogo con los discursos sociales: las mujeres frente a los problemas sociales del 30.

Precisamente, las líderes de ambas organizaciones se presentaron esa jornada en el Politeama. En el relato de Santiván cuenta que una de las oradoras fue Elcira Rojas, presidenta del Partido Cívico, “con su experiencia de 20 años de correcta feminista activa”. También tomó la palabra Elena Caffarena, una abogada que acumulaba años de lucha como sufragista, y por entonces ejercía de secretaria general del MEMCH donde destacaba por su contundente oratoria.

“Su preparación y convencimiento de la causa que defendía le prestaban mayor fuerza a su fácil palabra, llena de colorido, salpicada de caústicas verdades a la clase dirigente y legislativa”, relata Santiván.

Como Caffarena, el MEMCH reunía principalmente a mujeres de tendencia progresista -entre profesionales y obreras- organizadas en núcleos locales de al menos diez socias.

También realizaban asambleas ordinarias los días viernes a las 19.00 horas, en la sede social ubicada en Alameda 860.

“Fue una organización multiclasista, sin embargo predominaban las mujeres de clase media educada y profesionales; muchas de ellas empleadas públicas, que en el ejercicio de sus labores atestiguaban la precariedad de las condiciones de vida de la población y especialmente de las mujeres”, explica Claudia Montero en su texto.

Por eso, aquella noche en el Politeama también congregó a mujeres representantes de organizaciones obreras. En su crónica, Eliana de Santiván describe el momento en que habló la dirigenta santiaguina Norma Calderón. “Me sentí conmovida y orgullosa de mi pueblo -escribe-. Esa obrera inculta, pero inteligente, tenía elocuencia que presta la defensa de una causa justa. La protesta le salía del corazón”.

De Santiván no exagera. Como muchas actividades vetadas para las mujeres de la época, el dedicarse a la actividad política resultaba todo un desafío.

De hecho, relata que aquella era la primera vez que asistía “a una manifestación feminista”. Una decisión que al parecer no fue nada fácil.

“La falta de costumbre hizo inquietarse a nuestros familiares”, cuenta.

La cronista remata con un dato que retrata en toda su crudeza, la suspicacia permanente, el murmullo irritante y molesto que debían sortear las mujeres que en esos días intentaban participar de la cosa pública. “Ese prejuicio que existe que toda congregación feminista finalizará en reyertas y gritos destemplados”.

El Surgimiento del 8M

El censo de 1930 detalló que en el Chile de entonces había 2.164.736 mujeres. Es decir, eran nada menos que el 50,5% de la población total del país, que por entonces pasaba los cuatro millones de personas.

Que las mujeres decidieran organizar encuentros masivos era parte del pulso de la época.

Las nuevas agrupaciones sacaron la deliberación de los encopetados salones oligárquicos, entre rondas de brandy y cigarrillos, y la llevaron hasta las calles, entre banderas y consignas al aire.

Se hicieron comunes las marchas de las milicias de los partidos vistiendo sus uniformes, así como las concentraciones masivas, los militantes voceando los periódicos partidarios y las reyertas callejeras entre grupos, que a menudo se resolvían a cuchillo.

En octubre de 1931 -tres años antes de ganar el derecho a voto municipal-, un grupo de mujeres, de diversas tendencias políticas, llenó el Teatro Libertad de Valparaíso en homenaje al candidato radical y futuro presidente, Juan Esteban Montero -quien gobernó siete meses antes de ser derrocado con los aviones de la Fach sobrevolando La Moneda-.

La prensa de la época destacó que esa fue la primera vez en que ellas participaban en una campaña presidencial. Y quedó en claro que no sería la última.

Tras la entrada de Montero al escenario -momento en que fue aplaudido “por diez mil mujeres”, según la crónica del semanario feminista Nosotras-, habló la doctora Ernestina Pérez, la segunda mujer en obtener el título de médico en Chile y América Latina. En su discurso no se anduvo con rodeos.

“Somos cerca de 400.000 mujeres que nos ganamos la vida en Chile con el producto de nuestro trabajo, y es de todo punto justo y necesario que su voz se oiga en los asuntos que atañen al porvenir de sus hijos que formarán el Chile de mañana -señaló-. Creo fervorosamente que las mujeres vamos a dar en un futuro muy próximo una elevación nueva y una espiritualidad mayor a la vida cívica”.

Por tal razón, es que las organizaciones notaron en el Día Internacional de la Mujer, una ocasión para organizar actividades en línea con visibilizar sus demandas. Era una efeméride que ya se celebraba en países como China y la Unión Soviética.

En el caso chileno, destacó el MEMCH, que a tono con los tiempos, usó la movilización masiva como una de sus estrategias políticas.

La compleja situación económica del país tras la Gran depresión, hizo el resto.

Se atribuye al MEMCH la instalación definitiva de la celebración en el país, pese a que existen algunos antecedentes previos por parte de mujeres socialistas, tal como se explica en el libro citado.

Pero, quizás por el perfil intelectual de sus militantes, en las concentraciones convocadas por la organización rondaba la urgencia. De alguna forma se colaba la lucha impuesta por la necesidad del momento.

“La del año 1936, debido a la crítica situación económica, la celebración del 8 de marzo fue un verdadero llamado a formar filas en la lucha por la carestía de la vida, cuya solución más inmediata se manifestó en la vinculación, de hecho con el Frente Popular”, detalla el texto mencionado.

Esta era una tendencia muy propia de esos años, en que abundaron los conflictos.

Por ello, en Mujer Nueva, el periódico del MEMCH -que se vendía a 30 centavos-, se trataban sin tapujos temas del momento, como el aborto, la violencia de género, la protección de la infancia y hasta la actualidad internacional. En esos días, además se dedicaban algunas páginas a la situación de las mujeres durante la Guerra Civil Española.

La celebración se mantuvo con los años, en especial por organizaciones no gubernamentales durante el período del régimen militar.

A nivel internacional, la ONU estableció la celebración del Día Internacional de la Mujer en 1975, ocasión en que invitó “a todos los Estados a que proclamasen, de acuerdo con sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día del año como Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”.

Finalmente, fue fijada en el país mediante el decreto 207 de 1998 del Ministerio de Planificación y Cooperación.

"El Día Internacional de la Mujer no solo conmemora las luchas históricas, sino que también se constituye como una jornada de reflexión donde se renueva el compromiso de respetar la dignidad de la mujer".

La Lucha por la Educación

El primero de ellos y el fundamental por el que luchaban muchas de las primeras feministas, fue la educación.

Desde mediados del siglo XIX el desarrollo económico en el mundo occidental trajo consigo el nacimiento de nuevos grupos sociales y, también el surgimiento de nuevas demandas políticas.

Muchas de estas feministas incipientes se inspiraban en los ideales socialistas que invocaban los derechos de los trabajadores en general y, dentro de esta común explotación y abusos hacia sus personas.

Los promotores de estos movimientos reconocían que la primera y principal discriminación social era la discriminación hacia la mujer, una suerte de "esclava del esclavo" como se consideraba a los obreros en esas ideologías.

También en nuestro país las mujeres se incorporaron a los movimientos emancipatorios a través de la organización de sindicatos, por ejemplo, los "Centros femeninos anticlericales Belén de Sárraga", Clubes de Lectura o los sindicatos, entre ellos el de costureras que dio origen a uno de los primeros periódicos feministas (La Palanca, 1908).

De esta manera, tanto entre las obreras (como Esther Díaz de Valdés, del sindicato de costureras) como entre las mujeres de elite (como Amalia Errázuriz de Subercaseaux, fundadora de la Liga de Damas Chilenas), el derecho al sufragio y otras reivindicaciones de carácter feminista comenzaron a cobrar fuerza y a desarrollarse hasta alcanzar uno de sus principales demandas, el derecho a voto (1935-1949).

Este logro y otros que se han alcanzado desde entonces, convirtió a este movimiento en lo que muchas teóricas e historiadoras han calificado como el movimiento social más exitoso de los tiempos modernos.

Las mujeres se convirtieron en maestras, figura clave en la formación de niños y niñas (Orellana, 2007: 155).

Las mujeres ingresaron progresivamente en el espacio público.

La elite femenina se incorporó a la enseñanza primaria, luego a la secundaria y hacia fines del siglo XIX a la universidad.

El Partido Femenino de Chile

Todas estas experiencias sirvieron de base para que en 1946 naciera el Partido Femenino de Chile.

El Partido Femenino de Chile se fundó en 1946 y desde sus inicios logró adherir una amplia base de apoyo de mujeres de sectores medios y populares, que lideradas por María de la Cruz Toledo, -su fundadora y presidenta-, comenzaron a tener notoriedad pública.

Comenzó como una organización política que luchaba por defender problemas femeninos tradicionales y poco a poco fue modificando sus posturas y a medida en que ingresaron militantes de diferentes ideologías políticas, sus postulados se volvieron cada vez más rupturistas.

Las militantes del Partido Femenino realizaron multitudinarias concentraciones públicas, foros y diversas actividades de propaganda pública, lo que acrecentó el número de militantes en sus filas, entre las que se destacaron Georgina Durán; Mimi Brieba; Elena Doll de Díaz y María Besa de Díaz Garcés.

En una primera instancia la influencia más importante que tuvo el Partido Femenino provenía del justicialismo argentino y de las figuras de Juan Domingo Perón y su esposa Evita.

Pero con los años el partido derivo en otras ideas, y apoyó la candidatura presidencial de Carlos Ibáñez del Campo.

El partido Femenino de Chile, criticó a los partidos políticos chilenos tradicionales, a los que se denominaban ‘mixtos’, donde participaban hombres y mujeres, pero donde éstas últimas no tenían voz, opinión, ni solución real a sus problemáticas particulares.

En 1950, se celebró una convención del partido en Temuco, donde se fijó su posicionamiento ideológico y político, estableciendo sus principios programáticos, entre los cuales se destacaban el defender el derecho a las mujeres de participar en las elecciones, derecho de participación política y elección para ocupar cargos públicos y claro, el derecho a sufragio libre.

El partido, buscaba la igualdad de derechos civiles y políticos.

Al acercarse las elecciones presidenciales de 1952, el PF apoyó la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo, y comenzó un activo trabajo en apoyo de la misma, donde se distinguió la figura de su líder María de la Cruz, como generalísima de campaña.

A raíz del apoyo irrestricto a Ibáñez un sector del PF no estuvo de acuerdo con la directriz tomada por la directiva del partido, y un grupo liderado por la doctora María Hamuy decidió alejarse del partido y formar una nueva colectividad política, naciendo así el Partido Progresista Femenino, organización de muy corta existencia, y que pese a discusiones y disputas entre este nuevo partido y el PF, apoyaron la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo.

Al ser electo como presidente de la República, Carlos Ibáñez del Campo, el PF amplió su popularidad, se integró a la Alianza Popular Libertadora.

Ya instalado en la presidencia, Ibáñez le ofreció a María de la Cruz, el cargo de Ministra de Educación, pero esta última no aceptó.

El cargo quedó en manos de la también militante del PF, María Teresa del Canto.

Por haber resultado electo Presidente Carlos Ibáñez, quedó disponible el cupo senatorial que ostentaba hasta ese momento.

Él mismo insistió en que María de la Cruz se presentara a las elecciones para ocupar ese escaño.

De la Cruz fue electa por la Cuarta Agrupación Provincial de Santiago, con un altísimo número de votos, 107.585, lo cual la posicionó como la primera mujer en Chile en llegar al Senado.

El 13 de febrero de 1953, De la Cruz inició sus actividades parlamentarias, las cuales no estuvieron exentas de polémicas, pues prontamente la forma de actuar y de ser de De la Cruz generó recelos entre sus compañeros en el parlamento, en gran parte por la audacia de sus intervenciones y su vehemente oratoria.

Debido a una fuerte acusación en su contra, fue desaforada e inhabilitada el 4 de agosto de 1953.

Este hecho impactó de sobremanera al partido que había fundado, lo que progresivamente llevó su desintegración total.

Las mujeres militantes del PF emigraron prontamente a otras colectividades políticas.

Tabla resumen de eventos clave

Año Evento Descripción
1908 Marcha en Nueva York 15.000 mujeres exigen mejores condiciones laborales y derecho al voto.
1911 Incendio en fábrica Mueren 146 trabajadoras, impulsando la lucha por los derechos laborales femeninos.
1922 Fundación del Partido Cívico Femenino Primer partido político femenino en Chile.
1934 Derecho a voto municipal Se otorga el derecho a voto a las mujeres en elecciones municipales en Chile.
1935 Fundación del MEMCH Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile.
1946 Fundación del Partido Femenino de Chile Partido político que lucha por los derechos de la mujer.
1953 María de la Cruz al Senado Primera mujer en llegar al Senado en Chile.
1975 ONU reconoce el Día Internacional de la Mujer Se invita a los estados a proclamar un día para los derechos de la mujer y la paz internacional.

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